31/08/2025
Entre rebeldías, fricciones y pérdida de poder, se reformula el mapa sindical y complica el armado de la futura CGT

Fuente: telam
Se precipitan cambios internos en el gremialismo y tornan más imprevisibles las negociaciones para la próxima central obrera. Quién es quién en este escenario complejo
>La CGT sigue encerrada en el laberinto de siempre, con dialoguistas y duros sacándose chispas para ocupar lugares en una sigla que alguna vez fue poderosa, pero que hoy mantiene sólo el peso de su historia pasada, mientras sobrevuela una pregunta clave: ¿cuál es el proyecto que sustenta esta central obrera y la que se elegirá en el congreso del 5 de noviembre próximo?
Esa integración de todos los sectores alcanzada con el triunvirato que conformaron Héctor Daer (Sanidad), Carlos Acuña (estaciones de servicio) y Pablo Moyano (Camioneros), sin embargo, tampoco determinó que hubiera un proyecto ni mucho menos la fórmula para mantener la unidad. El hijo de Hugo Moyano fue el ariete de los sectores más duros, alineados con el kirchnerismo, contra la postura dialoguista de la alianza dominante en la CGT (“Gordos”, independientes y barrionuevistas). Y la central obrera quedó atrapada otra vez en la dicotomía que es el sello distintivo del sindicalismo peronista.
Esta CGT fue la que atravesó el gobierno de Alberto Fernández sin haberle hecho ni un solo paro general pese a los malos resultados de la economía, con una inflación que creció 779% en cuatro años, una pobreza que subió al 40,1% y una caída real de los salarios del 20%. Ni siquiera una sola marcha callejera contra el presidente de origen peronista que antes de asumir les prometió a los dirigentes de la CGT que iban a ser “parte del Gobierno” y que luego, ya en la Casa Rosada, no nombró ni un funcionario importante sugerido por los sindicalistas (a diferencia de los cargos repartidos a los movimientos sociales), no les dio participación alguna en las medidas oficiales y les retaceó fondos de las obras sociales.Y esta CGT es también la que salió a la calle el 7 de agosto para protestar contra el Gobierno mientras simultáneamente, participaba del Consejo de Mayo, junto con funcionarios libertarios, gobernadores, legisladores y empresarios, para consensuar una modernización laboral.
¿Cuál es el proyecto de la CGT, entonces? Uno de sus críticos proveniente del kirchnerismo, Abel Furlán (UOM), reclama ahora que se discuta “un programa antes que los nombres” de la próxima estructura cegetista. Y lo puso de manifiesto el miércoles pasado, en una reunión citada en la sede del PJ, en la que se aprobó un programa que, en realidad, consiste en una serie de ítems muy generales y cargados de obviedad como “rechazo a la reforma laboral regresiva del DNU y la Ley Bases”, “propuestas para una política industrial nacional con eje en el trabajo argentino” y “lucha contra el congelamiento salarial de facto en sectores estatales y privados”.Quizás los dos sindicalistas tengan razón. El dilema de la CGT es cómo recuperar el poder perdido. Esta central obrera ya no es la influyente estructura de los años 60, 70, 80 o 90, cuando sus sindicatos no pasaban por la fuerte crisis de representatividad de hoy, con más de un 40% de trabajo informal y muchos menos afiliados.
Por eso en estos días la discusión sobre la nueva CGT pasa exclusivamente por su esquema de conducción y los nombres que podrían integrarlo. Pero el debate se abre en medio de aceleradas divisiones internas, una atomización extrema, la implosión de los sectores del sindicalismo y la ausencia de liderazgos fuertes.Así, el clásico sector de “los Gordos” incluye, en rigor, sólo a Héctor Daer (Sanidad) y Armando Cavalieri (Comercio), que siempre funcionaron en tándem y hoy, pese a su buena relación, toman decisiones distintas.
La semana pasada, por ejemplo, Daer promovió el asado de camaradería en Ezeiza con la presencia de 140 dirigentes, pero en esa postal de unidad faltó Cavalieri, quien no se opone a que siga un triunvirato en la CGT, pero cree que allí debe haber dirigentes de “gremios representativos”, en una crítica a los nombres propuestos por el ala mayoritaria: Cristian Jerónimo (empleados del vidrio), Jorge Sola (seguro) y Maia Volcovinsky (judiciales).El jefe de la UOCRA, de todas formas, funciona como una suerte de canciller de la CGT: cultiva buenos vínculos con todos los sectores internos. En este momento ejerce un papel crucial para amalgamar las disímiles posturas para el diseño de la próxima central obrera, manteniendo su propuesta para que Jerónimo integre el triunvirato.
Además de Martínez, al ascendente líder de los empleados del vidrio lo apoyan Rodríguez y Hugo Moyano (Camioneros), quien, de todas formas, está más preocupado en que su hijo Jerónimo, el menor de la familia, sea secretario de la Juventud en la nueva CGT. El moyanismo virtualmente no existe como sector porque el propio titular de Camioneros dejó de tener la influencia y el predicamento entre sus pares que tenía antes.Cristian Jerónimo, en cambio, es resistido por el sindicalismo kirchnerista: como es promovido por un dialoguista como el líder de la UOCRA, en el entorno de Furlán lo consideran un “candidato del círculo rojo” que tendrá buena llegada a la Casa Rosada.Pero los ex fieles a Pablo Moyano tampoco funcionan como un frente homogéneo. Por ejemplo, Omar Plaini (canillitas) ya no está alineado con el ultrakirchnerismo y Juan Pablo Brey (aeronavegantes) se independizó y tiene una impronta propia, sostenida por su protagonismo en la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT).
Quienes proponen un solo secretario general de la CGT son Héctor Daer, Lingeri, Palazzo y Luis Barrionuevo (gastronómicos), que integran tribus sindicales enfrentadas, pero coinciden en que los triunviratos nunca funcionaron bien. Discrepan en los nombres: el titular de Sanidad es el promotor de la candidatura de Jorge Sola (Seguro) como único líder de la CGT. Este dirigente, a su vez, advirtió que no aceptará integrar un triunvirato.Barrionuevo ya no pilotea la treintena de gremios de su CGT Azul y Blanca, pero en 2021 hizo valer ante “Gordos” e “independientes” a aliados como La Fraternidad y la UTA, que pueden paralizar el transporte, y así logró ubicar a Carlos Acuña (estaciones de servicio) en el triunvirato. Sus principales figuras actuales son, además, Daniel Vila (Carga y Descarga), Oscar Rojas (maestranza) y Roberto Solari (guardavidas). Allí también milita Hugo Benítez (textiles), aunque la semana pasada desobedeció el pedido de Barrionuevo de no ir al asado de la CGT.
En este cuadro, hay aliados del sector mayoritario, como Sergio Romero (UDA), Rodolfo Daer (Alimentación), Julio Piumato (judiciales) y el propio Sola, aunque también mantienen un juego propio. De la misma manera sucede con dirigentes como Sergio Sasia (Unión Ferroviaria) y Guillermo Moser (Luz y Fuerza) que provienen de Sindicatos en Marcha para la Unidad Nacional (SEMUN), que llegó a tener unos 30 gremios, y hoy proponen una variante: un solo líder de la CGT acompañado por varios secretarios adjuntos.Mientras Brey y Omar Pérez (Camioneros) apoyan la continuidad de Schmid en la CATT, podría incorporarse a sus filas Omar Maturano (La Fraternidad), más cercano a Barrionuevo, y así dejar la jefatura de la Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte (UGATT), donde está asociado con Roberto Fernández (UTA).
En este complejo y dinámico cuadro, las negociaciones para definir la futura CGT se tornan imprevisibles. A las autoridades de la CGT no las eligen los trabajadores sino congresales que envía cada sindicato y cuya cantidad es proporcional al número de afiliados que tiene.Este sindicalismo de hoy no tiene un Lorenzo Miguel del siglo XXI, el cacique metalúrgico respetado por sus pares y temido por los políticos, que durante décadas puso y sacó ministros, legisladores y, sobre todo, jefes de la CGT. Con un mapa sindical reformulado y más atomizado que nunca, sin proyecto ni programa y con menos poder que antes, la CGT es un rompecabezas de mil piezas y casi imposible de armar. Al menos armónicamente.
Fuente: telam
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