30/08/2025
Fue la primera santa nacida en América y se convirtió en patrona de la Independencia Argentina: el legado de Santa Rosa de Lima

Fuente: telam
No vivió en un convento. No fundó una orden. No predicó en plazas. No escribió tratados teológicos. Y, sin embargo, desde el corazón más íntimo de la ciudad de Lima colonial, Rosa de Santa María incendió los cielos con sus oraciones y conmovió a toda la región con su vida mística. Hoy, 30 de agosto, la recordamos
>Santa Rosa es una de esas figuras que, como la propia ciudad donde nació, se despliega entre lo visible y lo oculto, lo cotidiano y lo extraordinario. Su historia no puede entenderse sin la Lima virreinal —ciudad-monasterio por excelencia— ni sin el mundo espiritual del barroco hispanoamericano, donde las penitencias eran caminos de gloria y los milagros una forma cotidiana de hablar con Dios.
Para entender a Rosa hay que entender Lima. Fundada por Francisco Pizarro en 1535, en las primeras décadas del siglo XVII la capital del Virreinato del Perú ya era el centro neurálgico de todo el mundo andino. Era rica, cosmopolita, profundamente religiosa, y obsesionada con la vida monástica. Lima fue, según palabras del jesuita Bernabé Cobo, una ciudad donde “el incienso no dejaba de arder y las campanas no dejaban de sonar”. A mediados del siglo XVII, contaba con una población cercana a los 30.000 habitantes, de los cuales más del 14% eran clérigos o monjas. Solo los monasterios femeninos representaban el 8% de la población.
Isabel Flores de Oliva nació el 20 de abril de 1586 en Lima, hija de Gaspar Flores, un arcabucero español natural de San Juan de Puerto Rico, y de la limeña María de Oliva. Fue bautizada el 25 de mayo en la parroquia de San Sebastián. El nombre “Rosa” no figuró en los registros oficiales. Fue un apodo doméstico, nacido de la observación de una criada que, al ver el rostro encendido de la niña, dijo que parecía una rosa. Fue la primera mujer que tuvo ese apodo, el cual terminó siendo su nombre; antes que ella nadie se había llamado así, y con el tiempo, ese nombre familiar fue adoptado por todos. Y en 1597, cuando Santo Toribio de Mogrovejo —el arzobispo de Lima, luego también canonizado— la confirmó en Quives, lo hizo bajo el nombre de “Rosa”, validando esa elección providencial.
Rosa sintió desde temprano una vocación mística profunda. No deseaba casarse ni formar familia. Quería entregarse por completo a Dios. Sus padres, sin embargo, esperaban lo contrario: que su belleza atrajera un buen matrimonio. Pero Rosa optó por el camino más difícil. Se cortó el cabello, ayunó por semanas. Bordaba finos tejidos para ayudar en la economía doméstica y ahorrar para una dote, pero su intención no era entrar en matrimonio, sino en una orden religiosa.
Poseía gran devoción a santo Domingo y anhelaba ser monja dominica, el problema era que no existía en Lima un convento dominico femenino. La alternativa era seguir el modelo de Santa Catalina de Siena —su referente espiritual— y vivir como terciaria dominica en su propia casa. Así lo hizo. En 1606 tomó el hábito en la iglesia de Santo Domingo. Nunca fue monja en el sentido formal: no tomó votos solemnes ni ingresó en un convento. Pero vivió con mayor radicalidad que muchas religiosas de clausura.Uno de los episodios más citados —y más mitificados— de su vida ocurrió en agosto de 1615. El corsario holandés Joris van Spilbergen amenazaba las costas limeñas. Los ciudadanos comenzaron a huir despavoridos, temiendo saqueos y matanzas. Pero Rosa no. Se encerró en la iglesia del Rosario a rezar con un grupo de mujeres. Según cuenta la tradición, una tempestad inusitada destruyó parte de la flota enemiga, obligando a los piratas a retirarse. La ciudad atribuyó la salvación a sus oraciones. El historiador peruano Fernando Iwasaki relativiza este episodio: “No hay pruebas directas de que la tormenta haya sido tan devastadora, pero lo cierto es que los piratas no desembarcaron. El imaginario colonial, profundamente teológico, necesitaba una explicación sobrenatural”. De ahí viene también el símbolo del ancla que suele acompañar a las imágenes de Santa Rosa.
Su vida estuvo rodeada de fenómenos místicos difíciles de encasillar. Tenía visiones, hablaba con plantas, con animales, entraba en éxtasis prolongados. Muchos testigos declararon haberla visto levitar en oración. Como Catalina de Siena, mantenía correspondencia espiritual con Cristo y vivía obsesionada por la redención de las almas. Sin embargo, no fue ajena a las sospechas. En 1614 la Inquisición abrió una investigación formal, preocupada por su fama creciente. Se instaló un tribunal ad hoc en su casa. Los inquisidores, sin embargo, no encontraron desviaciones doctrinales. Quedaron impactados por su humildad, lucidez y fervor. Rosa fue absuelta y su figura creció aún más.El proceso de canonización comenzó en 1617. En 1668 fue beatificada por el papa Clemente IX. Un año después, fue declarada patrona del Perú, Lima, América, Filipinas y las Indias Orientales. Finalmente, en 1671, el papa Clemente X la canonizó junto a otros santos, entre ellos San Cayetano, con quien compartirá devoción en la Argentina.
Fue la primera santa nacida en América, y su canonización fue un evento político, religioso y cultural. Confirmaba que el Nuevo Mundo podía dar frutos santos, sin necesidad de importar modelos europeos. Rosa era, en ese sentido, una santa fundacional, una figura continental que también tuvo su impacto en esta región. Durante las décadas revolucionarias del siglo XIX, el fraile y diputado Fray Justo Santa María de Oro promovió su declaración como patrona de la Independencia Argentina y así fue: Rosa de Lima es la patrona de la independencia, ya que con su entrega y espiritualidad servía como inspiración moral para un país en gestación.A ambos lados del altar se ubican los atributos que le dan la categoría de basílica: la umbela con los antiguos colores vaticanos (rojo y amarillo) y el tintinábulo con la imagen de Santa Rosa de Lima. La Basílica de Santa Rosa de Lima se construyó en estilo neorrománico, con torres imponentes y vitrales franceses, es uno de los templos más emblemáticos de la ciudad. El interior de la Basílica de Santa Rosa de Lima en Buenos Aires deslumbra por su sobriedad majestuosa y su rica iconografía religiosa. El templo tiene influencias bizantinas y arcadas de medio punto sumando una imponente cúpula central que se eleva a más de 40 metros de altura. Las paredes están revestidas con mármoles claros, y el juego de luces naturales que filtra por los vitrales franceses crea una atmósfera de recogimiento y solemnidad.
Santa Rosa no fue solo una mística del siglo XVII. Es una figura viva. En Perú, en Argentina, en toda América. Su rostro adorna billetes, calles, pueblos, ciudades, hospitales, parroquias. Su figura, aunque muchas veces edulcorada, sigue despertando devoción. Más allá de las tormentas, las leyendas y los ritos populares, Rosa fue una joven radical, luminosa, una mujer que vivió fuera del molde, que desafió a su tiempo y eligió amar a Dios con un fuego que consumía su cuerpo, pero elevaba su alma. De suyo, lleva su nombre la ciudad capital de la provincia de La Pampa, Santa Rosa.A más de cuatro siglos de su muerte, Santa Rosa de Lima sigue siendo eso: una presencia silenciosa, intensa y, como dijo el papa Juan Pablo II en su visita a Lima: “una flor de santidad que brotó en tierra americana para recordarnos que el alma, cuando ama de verdad, no necesita claustros ni títulos: solo entrega”.
Fuente: telam
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