03/04/2025
Cómo funciona el dispositivo cerebral con IA que redujo temblores y rigidez en pacientes con Parkinson

Fuente: telam
Una tecnología que se utiliza en determinadas personas desde hace décadas fue perfeccionada por científicos de Stanford. Redujo los efectos adversos de terapias tradicionales. Fue aprobado recientemente por la FDA
>A finales del siglo XX, una técnica quirúrgica comenzó a ganar terreno en el tratamiento de enfermedades neurológicas como el Décadas más tarde, la ECP ha ingresado en una nueva etapa de precisión y personalización. La estimulación cerebral profunda adaptativa (ECPA) representa un giro conceptual en la forma de abordar los trastornos motores en pacientes con Parkinson. Esta innovación, recientemente aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, permite una modulación eléctrica basada en la actividad cerebral individual de cada paciente. Es una transformación tecnológica y clínica que podría reconfigurar el tratamiento de esta enfermedad neurodegenerativa.
La ECP convencional actúa de forma continua. Una vez implantado el dispositivo en el cerebro, este emite impulsos eléctricos constantes, independientemente del estado clínico del paciente o de su nivel de actividad. “Hasta hace poco, estos dispositivos de estimulación administraban un tren de pulsos eléctricos universal al cerebro las 24 horas del día”, afirmó, al Centro de Noticias de Stanford Medicine, Bronte-Stewart, neuróloga y profesora asistente de Neurología y Ciencias Neurológicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, además de directora del Centro de Trastornos del Movimiento de Stanford.La razón se encuentra en las oscilaciones propias de la enfermedad. El Parkinson no se manifiesta de forma lineal, los síntomas y la actividad neuronal varían según el estado del paciente, su ciclo de medicación, e incluso sus rutinas cotidianas. Así, el esquema rígido de la ECP tradicional pronto se mostró insuficiente ante la complejidad biológica del cerebro humano.
Inspirada en la evolución de los marcapasos cardíacos —que comenzaron como dispositivos que emitían impulsos constantes hasta convertirse en sistemas que se amoldan a la necesidad del paciente—, esta evolución del método opera con un principio similar. “Ahora, contamos con esta tecnología adaptativa que escucha la actividad cerebral y ajusta la estimulación en consecuencia”, dijo Bronte-Stewart.La clave está en su capacidad para registrar y analizar en tiempo real las señales neuronales, especialmente las ondas beta, cuya anormalidad está directamente relacionada con los síntomas motores del Parkinson. En lugar de suprimir estas señales de forma constante, como hace la ECP tradicional, la ECPA actúa solo cuando detecta una desregulación significativa, manteniendo los ritmos cerebrales dentro de un rango funcional.Este enfoque permite disminuir la carga eléctrica total administrada, mejorar el control sintomático y reducir los efectos secundarios derivados de la sobreestimulación. Según explicó Philip Starr, profesor de neurocirugía en la Universidad de California en San Francisco, a The Washington Post, “las necesidades del cerebro varían según su nivel de actividad, como cuándo están despiertos o dormidos, y en particular según su ciclo de medicación”.La inteligencia artificial cumple un rol clave en esta transición. A través del desarrollo de algoritmos personalizados, el sistema aprende a interpretar patrones de actividad eléctrica específicos de cada paciente. En palabras de Starr, “una forma de desarrollar este tipo de algoritmo es primero realizar estudios de señales cerebrales en condiciones conocidas. Luego, se puede entrenar un algoritmo de inteligencia artificial con estos datos conocidos, para que el programa de IA aprenda qué combinación de señales cerebrales se asocia con diferentes estados”.El impacto clínico también puede observarse en los testimonios de los pacientes. Keith Krehbiel, politólogo y profesor universitario, y James McElroy, exmecánico de mantenimiento industrial, participaron en el ensayo. Ambos enfrentaban síntomas severos y efectos adversos por la medicación convencional. “No es una cura ni un milagro, pero sin duda es un cambio radical en el sentido de que me siento mejor día a día”, declaró Krehbiel al Washington Post. El temblor y la discinesia habían desaparecido, y su consumo de pastillas disminuyó drásticamente. McElroy, por su parte, relató que “si no me conocieras, no sospecharías que tengo Parkinson”.
Los beneficios registrados —reducción de síntomas motores, menor dependencia farmacológica y mejora en la calidad de vida— confirman que la ECPA tiene un potencial transformador. A la vez, los estudios han evidenciado que se reduce la energía eléctrica suministrada, lo que podría extender la vida útil de los dispositivos y disminuir la necesidad de intervenciones quirúrgicas para su reemplazo.Además, como en toda intervención quirúrgica, existen riesgos asociados: infecciones, sangrados o complicaciones con la anestesia. Por eso, la selección adecuada de candidatos sigue siendo un punto clave.
Con la reciente aprobación de la FDA, la ECPA está disponible para todos los pacientes con Parkinson que ya cuenten con un sistema de ECP compatible en Estados Unidos. Investigadores y médicos esperan que más personas accedan a esta terapia personalizada que, como lo muestran los casos de Krehbiel y McElroy, puede marcar una diferencia sustancial en la experiencia diaria de quienes conviven con la enfermedad.
A medida que las tecnologías de estimulación cerebral se vuelven más inteligentes, el tratamiento del Parkinson comienza a alinearse con las complejidades de la actividad cerebral humana, abriendo una nueva etapa en la historia de la neurología clínica.Fuente: telam
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