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03/03/2026

El día que las Fuerzas Armadas lanzaron una feroz crítica contra el gobierno de Isabel Perón y la trama del plan “desgaste”

Fuente: telam

Fue un discurso del vicealmirante Armando Lambruschini. Por esos días, la agenda política se debatía entre una oposición que pedía una asamblea legislativa, un gremialismo complaciente con la Casa Rosada y con los militares expectantes del desgaste que sufría el gobierno peronista

>Había mucha expectativa sobre lo que el Lambruschini era jefe del estado mayor general de la Armada desde diciembre de 1974. Para justificar sus palabras en el acto, apeló a una frase extraída de una editorial de La Gaceta de Buenos Aires del 27 de septiembre de 1810: “Un soldado es un hombre dedicado por profesión a sostener la Patria”, y agregó que “y hoy y acá, en la Nación argentina en su último cuarto de siglo, sigue siéndolo”.

“Los de 1810 eran horas muy difíciles, como las presentes; los conceptos de 1810 deben ser recobrados para los argentinos de 1976”, en una clara alusión comparativa entre ambas épocas.

Lambruschini había nacido el 15 de junio de 1924 y en diciembre de 1946 había egresado como guardiamarina. Perteneció a la promoción 73 de la Armada y era compañero de Emilio Massera. El marino fue comandante del Crucero General Belgrano y le pasó el mando al capitán de navío Alfredo Astiz.

Ese 3 de marzo a las once de la mañana, la presidenta Isabel Perón recibía a las 62 Organizaciones. Su titular, el metalúrgico Lorenzo Miguel, explicó que la reunión era para apoyar la gestión y dar sus puntos de vista sobre la acción de gobierno.

En el acto por Brown, el gobierno estaba representado por el salteño José A. Deheza, ministro de Justicia. Era uno de los que sostenía dentro del justicialismo que Isabel debía terminar el mandato, en oposición a otra corriente que afirmaba que debía ser reemplazada para evitar que su lugar fuese ocupado por un militar. La realidad era que a la presidenta nadie la quería. Los militares sólo esperaban que se siguiese desgastando para justificar el golpe.

También estaban los comandantes generales de Ejército, Marina y Fuerza Aérea, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, quienes fueron aplaudidos por el público presente.

Lambruschini señaló que “cuando en el hombre con mando existe un déficit de ánimo templado, el accionar denota la carencia de ese timbre que solo puede conferir una vida de servicio. Entonces el poder, considerado como objetivo por sí mismo, no deja de ser una ebriedad patética nacida de la ausencia de la justificación ética. Y semejante déficit, dramático y vergonzoso, es causa de algo tan grave como puede serlo el factor desintegrante de la cohesión necesaria del cuerpo social”.

Remarcó que parecían “características distintivas de idealistas ingenuos“ los que defendían “los bienes del espíritu, el valor de la verdad, la templanza y la clarividencia en el mando, la persistencia en el cumplimiento de la misión autoimpuesta, la honestidad en los procederes y la inteligencia al servicio de la Nación”.

Al finalizar, los tres comandantes permanecieron un rato en el lugar, tal vez poniéndose de acuerdo en los detalles de la reunión que mantendrían esa misma tarde.

El ministro del interior Ares aseguró que convocar a una asamblea era inconstitucional y que lo que se buscaba era “la destrucción del peronismo”. Llamó la atención la actitud de Ítalo Luder, presidente del Senado y un experto en derecho constitucional, que demoró más de la cuenta en responder si la convocatoria era válida o no. Al día siguiente, a las diez y media de la mañana, los legisladores del Frejuli quedaron en reunirse para cerrar filas.

Es que el país era un caos económico, político e institucional, y la violencia tampoco paraba. Ese 3, en Córdoba, era asesinado por terroristas el cabo primero de la policía provincial José Oscar Cebrero, de 30 años, chofer de la brigada de informaciones. Lo mataron muy cerca de su casa, cuando volvía de trabajar. Estaba casado y tenía dos hijos.

En 1978, cuando el almirante Massera pasó a retiro, tenía dos candidatos en carpeta para sucederlo. Uno era el vicealmirante Luis María Mendía, jefe de Operaciones Navales y el otro el contraalmirante Lambruschini. Massera se inclinaría por este último, ya que sabía que Mendía era más ambicioso mientras que Lambruschini podía ser más manejable.

Entre el 15 de septiembre de 1978 y el 11 del mismo mes de 1981, Lambruschini integró la Junta Militar junto al general Roberto Viola, con quien lo unía la simpatía por el radicalismo, y el brigadier Orlando Agosti.

Un mes antes de asumir, sufriría un golpe terrible. El 1 de agosto un comando montonero colocó 25 kilos de nitroglicerina en el departamento contiguo al que ocupaba en Pacheco de Melo 1957. Como consecuencia de la explosión, murió su hija Paula, de 15 años, los vecinos Margot Obarrio de Vila (docente jubilada de 82 años), Ricardo Alvarez y un custodio del marino. Otros diez vecinos terminaron con heridas.

Durante el conflicto con Chile por el Canal de Beagle, adhirió a la línea dura de Massera y, cuando el Proceso se desintegraba, se pronunció a favor de una salida política. Lo sucedió en su cargo en la junta el almirante Jorge Isaac Anaya.

Destituido de la Armada, en marzo de 1990 quedó en libertad por haber cumplido las dos terceras partes de su pena, y en diciembre fue beneficiado por el indulto de Carlos Menem. En el 2003 hubo un intento de extraditarlo a España por una causa abierta por el juez Garzón.

Fuente: telam

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