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03/03/2026

Silvana Vogt, premiada en Barcelona: “Soportamos la vida a través de las historias que nos contamos y que le dan belleza a la herida, al mundo, a la catástrofe”

Fuente: telam

La escritora argentina que reside en las afueras de Barcelona acaba de ganar el prestigioso Premio Finestres con su novela “El fino arte de crear monstruos”. Dialogó con Infobae Cultura sobre el desarraigo, el valor de la fantasía y lo que nos hace “más humanos” que Europa

>“Yo fui una niña errante”, dice Silvana Vogt. En Argentina son las diez de la mañana, en España ya están de sobremesa. Nació de este lado del Atlántico, en Morteros, Córdoba, y a los once años se fue a Santa Fe. Su padre, ingeniero, movía a la familia de acuerdo a las posibilidades laborales. Luego vivió en Corrientes, donde estudió Filosofía; continuó sus estudios en Buenos Aires. Pero en el año 2001 cruzó a Europa y no volvió más. En realidad, vuelve cada tres meses, de visita, para no caer en la orfandad. Ahora, desde Sant Just Desvern, “una especie de San Isidro de Barcelona”, donde tiene su librería, conversa con Infobae Cultura. Acaba de ganar el Premio Finestres.

Hace unos días recibió el llamado. Fue Camila Enrich, la presidenta del jurado que incluyó a Andrés Barba, Giuseppe Caputo, Laura Fernández y María Negroni, la que le dio la noticia. “Pensé que me iba a agradecer por participar. Yo creía que iba a ganar Celso Castro o Pedro Mairal, alguien con un nombre o con una carrera literaria más larga”, cuenta. Tenía sentido dudar: El fino arte de crear monstruos, novela con la que ganó en la categoría “narrativa en castellano”, es su segundo libro; el primero, La mecánica del agua, se publicó en catalán en 2016 y tres años después en español.

>“Morteros se inundaba con facilidad y sin causas. Algunos días de algunos años, los campos se llenaban de agua y, sin que nadie supiera muy bien por qué, Morteros se transformaba en un pueblo flotante”, comienza esta novela editado por el sello español H&O. “Cuarenta niños nos subimos a cuarenta ataúdes y jugamos durante más de una hora a la batalla naval, al Titanic, a matarnos y a morir”, se lee después. ¿Ciencia ficción? ¿Terror? ¿Fantástico? ¿New Weird? “Acá le dicen realismo mágico. Esa es la etiqueta. Es curioso, porque yo vivo acá hace más de veinte años, pero escribo como si fuera una escritora argentina... que es lo que soy”, responde.

“Morteros existe”, dice Vogt. En un rincón de Córdoba, está entre Santa Fe, Santiago del Estero y la laguna Mar Chiquita. Según el último censo, lo habitan unas veinte mil personas. “El pueblo existe, las catástrofes existen. Yo lo único que hago es contarlo con el sentido del humor y con la magia que tenemos los argentinos para explicarnos las cosas. Quizás lo fuimos perdiendo un poco con el correr de los años. Me refiero a esta fantasía desbocada para ponernos a escribir libros que no sean exactos, que no sean una copia de la realidad o libros de denuncias que visibilizan enfermedades, problemas o el estado de la sociedad”, dice del otro lado del teléfono.

A España llegó tras los pasos de un libro de Rodrigo Fresán. Tenía treinta y tres años, “grande para la época en la que solemos exiliarnos”, y ríe. “Al llegar acá, enseguida me pasé al catalán para soportar la pena de perder el país, la familia, los amigos, mi casa de Buenos Aires. Enseguida me hice de la literatura y la cultura catalana. Aprendí a hablar en catalán y escribí una novela en catalán. Y recién ahora volví a la gua materna”, cuenta. “Por esta errancia, llegué a Europa y recuperé todos los recuerdos de Morteros. Acá me empezaron a preguntar quién era y ahí me empecé a acordar de mi pueblo y a recuperar mi identidad más pura que es la de la infancia”.

La dotación económica del premio Finestres es de veinticinco mil euros. Además, pasar un mes en la residencia de la Fundación Finestres, en la Costa Brava, donde Truman Capote escribió A sangre. Leila Guerriero y Mariana Enríquez también fueron becadas. Vogt ya había estado el año pasado: presentó un proyecto —está terminando ese libro— y quedó seleccionada. Pero aunque viaje por el mundo, “mi literatura nace de mis raíces, y mis raíces están allá“, dice. ”Así que el paisaje siempre será aquel“. En agosto estuvo en Morteros. El pueblo le hizo un homenaje. Hacía cuarenta años que no iba. “Fue muy lindo”, recuerda. “Fue extraordinario el reencuentro”.

Fuente: telam

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