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27/02/2026

Del bajón de la cocaína a la redención de la escritura: Alejandro Seselovsky se muestra en carne viva

Fuente: telam

El periodista que acaba de lanzar la versión audiolibro de ‘Negro argentino’, habla de su historia personal y el sentido de la crónica, su herramienta de trabajo: “Un texto que se hace preguntas y no tiene por qué contestarlas”, define

>“Mucha cocaína”, recuerda. “Mucha autodestrucción”. Alejandro Seslovsky tuvo que meter su vida entera en un vaso, taparlo con una mano y batirlo mucho, muchísimo, hasta que el cielo se aclare. Negro Argentino es un libro de crónicas, de las que tienen su impronta. Como las de Cristo llame ya!: crónicas de la avanzada evangélica en la Argentina, como las de Trash: retratos de la Argentina mediática, como los textos que publica con mayor frecuencia. Acá eso existe, eso está, incluso más afinado, más trabajado, pero uno sobresale. Se llama “Es un trabajo que me rescató de una crisis profunda. Yo estaba hecho percha en el 2015. Venía arrastrando un malestar y estaba consumiendo mucha cocaína”, dice. Del otro lado de la línea, su voz se pone seria. Está en su casa, en el barrio de Saavedra, borde porteño, límite con Vicente López. En enero de 2015 murió su mamá, la mujer que lo adoptó, y a los dos meses se separó de su mujer. “Me fui a pasar una temporada en el infierno al departamento que mi vieja había dejado, donde yo había crecido. Tenía cuarenta y dos años. Me entré a hacer daño, un daño profundo”.

Era una tarde soleada. Es una tarde soleada. Alejandro Seselovsky acaba de dejar a su hija en un cumpleaños. Al teléfono, su ex mujer lo llena de reproches. Él tiene los suyos. Se gritan, se putean, se maldicen. La Avenida Cabildo está colapsada; los bocinazos aumentan, intermitentes, como si quisieran censurar las malas palabras, como si pudieran. Y ella, Natalia, su ex mujer, en un arrebato de lucidez, le dice:

Rebalsado de bronca, Seselovsky se mete en la boca del subte, en la estación Juramento, la Línea D. “¿Qué es lo que tengo que hacer? ¡Nada!“, se dice. ”¡Yo no tengo nada que hacer!“, se repite. Saca el teléfono y se pone a escribir. ¿Qué escribe? “Era un texto en tercera persona. Un cuento”, recuerda ahora. “Un hombre de cuarenta años que se encontraba con una mujer de sesenta años, que era la mujer que lo había parido y que lo había dado en adopción. Imaginé cómo sería el momento del encuentro”. Fueron nueve estaciones de escritura. Bajó en Agüero y el texto estaba terminado.

No era un cuento, no eran personajes ajenos, extraños, lejanos, sino una crónica, relatar un recorrido, el suyo, la vida misma, yendo a buscar a su madre biológica, la mujer que lo parió. Ir hacia ese encuentro. Y así fue. “La muerte de mi madre había habilitado eso en mí. Primero tuve que hacer un proceso de cuentos y cocaína hasta llegar a esa convicción. Para enero del 2016 estaba en Rosario con Natalia, ya había vuelto a mi casa, haciendo el trabajo de campo para ver si podía dar con esta piba que me había parido. Porque la investigación me llevó a Rosario a conocer a la gente que fue su empleadora. Así se hizo Mamá. Eso es Mamá”.

Seselovsky nació en Rosario en 1971. Pasó por muchas redacciones, escribió para muchos medios. En un momento se sacó de la cabeza la idea de “los lectores”. Prefiere pensar el estadio previo: el editor. “Yo escribo para un tipo que le va a vender a sus lectores lo que a mí me compra. Entonces me resulta importante construir vínculos de trabajos bien hechos, que carguen tiempo encima, que me conozcan”, dice y nombra a los editores de los tres medios para los que trabaja: Sebastián Cabrera de El País de Uruguay, Carolina Martínez de la revista Orsai y Gonzalo Abascal de Clarín. “El texto, la crónica, es un producto de los dos. Al autor le toca firmarlo”. Además, y desde hace veinte años, da clases en la Universidad de Buenos Aires, en la carrera de Ciencias de la Comunicación.

Volvamos al libro. Negro argentino tiene más crónicas. Se mete en los bailes de la Mona Jiménez, en una gira con Damas Gratis por el conurbano, en un show demencial del Indio Solari en las afueras de Mendoza. Desde ahora no solo se lo puede leer, también escuchar. Forma parte del catálogo de Bajalibros en forma de audio. Un audiolibro. Lo narra el propio autor. Lo trabajó junto a Federico Aiub. Los textos de Negro argentino exploran la argentinidad, intentan dar con ese entramado complejísimo, por momentos palpable, por otros abstracto. “La Argentina es mi tema, mi hashtag”, dice.

—Ya nadie lo recuerda: Milei nace en la república panelista, en el griterío de la tele de la grieta.

—En tus textos sobre esas figuras aparece algo que podría ser muy argentino, y quizás estoy exagerando, que es el fervor, la exaltación, la excitación. De pronto, esos mediáticos se vuelven ídolos, héroes...

—Te solés mover en una zona que no es la crítica furibunda a la farándula ni la celebración ingenua y desvergonzada. Ese fervor, esa exaltación, ¿es lo que nos condena o lo que nos termina salvando?

—No parece ser un contexto muy propicio. Pienso en la época: pantallas, confusión, poco diálogo, nuevas individualidades. ¿Qué puede hacer la literatura, la lectura, la crónica? ¿Hay algo ahí que pueda tender un puente hacia algo que esté más allá de esta encrucijada?

—Quiero volver a Milei, el gran mediático, o el mediático que llegó a la Presidencia. ¿Qué dice de nosotros? ¿Qué dice de la Argentina?

—No es que la Argentina se volvió de derecha, como dicen, o que adoptó las ideas de Milei como propias...

Fuente: telam

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