Viernes 20 de Febrero de 2026

Hoy es Viernes 20 de Febrero de 2026 y son las 12:43 ULTIMOS TITULOS:

20/02/2026

La vida de aventuras del explorador que aseguró ser el primer hombre en llegar al Polo Norte pero se equivocó en las mediciones

Fuente: telam

Robert Peary murió el 20 de febrero de 1920 convencido de que había sido el primer ser humano en llegar al punto más septentrional del planeta en su expedición de 1909. Recién en 1996 se pudo comprobar que le faltaron 37 kilómetros para concretar la hazaña. Sus otras expediciones, su estadía con los esquimales y el error que lo hizo fallar en los cálculos

>Poner un pie en el Polo Norte era a principios del siglo XX una hazaña equiparable a la que fue siete décadas después llegar a la Luna y no eran pocos los exploradores que pretendían ganar esa carrera. Para el estadounidense Robert Peary no era solo un deseo sino también una obsesión que persiguió durante más de veinte años hasta llegar a la meta, o creer que lo había hecho, o proclamarlo a los cuatro vientos aun sabiendo que no. Lo intentó varias veces y es seguro que en su momento fue el hombre que llegó más al norte en los hielos del Ártico, pero no al punto exacto de la meta. En el diario de ese viaje hay una anotación del 7 de abril de 1909 que es un grito de celebración: “¡¡¡Al fin el Polo!!! El premio de tres siglos, mi sueño y ambición durante 22 años. Mío al fin”. Sin embargo, se sabe que ese texto lo agregó mucho después para su publicación.

Algunos historiadores creen que pensó realmente que había llegado al Polo. Otros sugieran que es culpable de exagerar deliberadamente sus logros. Lo cierto es que a su vuelta hubo quienes lo distinguieron y lo trataron como un héroe mientras otros lo acusaban de mentiroso. Más allá de la polémica, es indiscutible que Robert Peary fue un pionero en la aventura de la conquista del Polo, lo haya logrado o no. Fue, eso sí, un hombre controvertido, que jamás escapó a los debates. En su libro Ninety Degrees North, el historiador polar y escritor Fergus Fleming lo describe como “indudablemente el más impetuoso, posiblemente el más exitoso y probablemente el más antipático de los hombres en los anales de la exploración polar”.

Robert Edwin Peary nació el 6 de mayo de 1856 en Cresson, Pensilvania. Poco después su familia se trasladó a Maine, donde estudió en la Portland High School y luego se graduó en el Bowdoin College. Se especializó en Geografía, Ingeniería y Cartografía, lo que lo llevó a incorporarse a la Marina para trabajar en el trazado de nuevas rutas, terrestres y marítimas, orientadas sobre todo a la apertura de vías comerciales. Su pasión, sin embargo, era explorar y no cualquier lugar sino el Ártico para traspasar una frontera que parecía inaccesible a los hombres y ser el primero en llegar al Polo Norte.

Durante más de 20 años alternó sus trabajos como ingeniero con la exploración de posibles rutas y medios para llegar al Polo Norte. En uno de sus viajes, la Marina encomendó la tarea de trazar posibles rutas para un canal que atravesara Nicaragua y allí conoció a Matthew Henson, un joven grumete negro que se había embarcado huyendo de la violencia racial y que se convertiría en su mano derecha en sus viajes por el Ártico.

Peary también fue pionero en el uso de un sistema que bautizó con su propio nombre y consistía en la distribución de varios equipos de apoyo que partían antes para avanzar en la ruta y facilitar el rápido progreso de los que venían detrás. Su esposa, Josephine, lo acompañó en varias de sus expediciones. En las ocasiones en que ella se quedaba en casa cuidando a Mary y Edwin, los dos hijos del matrimonio, Peary no sufría la soledad. Durante la estancia con los inuit, tanto él como Henson formaron parejas y tuvieron hijos con ellas.

Llegar al Polo Norte se convirtió en su obsesión, pero no se apresuró para hacer el intento: sabía que para tener éxito debía prepararse bien. Dedicó diez años a hacer expediciones de reconocimiento hasta que en febrero de 1909 se lanzó a la conquista final desde la isla canadiense de Ellesmere. Cuando partió ya había enviado varios equipos de apoyo para que establecieran campamentos en la ruta que tenía fijada. El grupo con que intentaría llegar al Polo estaba formado por solo seis hombres: él, su inseparable ayudante Henson y cuatro nativos inuit, Ootah, Egigingwah, Seegloo y Ooqueah. No consideró necesario llevar a un experto en navegación, una ausencia que luego le costaría que se pusiera en duda la hazaña.

Después de una travesía de casi cuarenta días utilizando las postas que había hecho preparar, Peary y sus compañeros llegaron el 6 de abril al punto que supusieron que era el Polo Norte geográfico. Allí, el explorador tuvo un primer disgusto: como Henson iba adelante para reconocer el terreno fue el primero en poner los pies en el lugar y lo recibió con una frase: “Creo que soy el primer hombre que se sienta en la cima del mundo”. Más tarde, en su libro publicado en 1955, Un explorador negro en el Polo Norte, Henson contó que al escucharlo Peary se molestó y que desde entonces la relación entre ellos ya no fue la misma. “Se enojó muchísimo… no dijo nada, pero se le notaba”, escribió.

La disputa no se prolongó por mucho tiempo, porque Cook no pudo presentar una sola prueba de la hazaña que se adjudicaba y Peary tenía algunas. Sin embargo, no pudo evitar que se pusiera en duda que hubiera llegado al punto exacto del Polo Norte geográfico porque, debido a la falta de un navegante experto en su grupo, sus mediciones no demostraban de manera segura que hubiera llegado a los noventa grados norte. Además, algunos datos eran poco creíbles, como las distancias recorridas en un día, que parecían imposibles para un trineo tirado por perros.

Finalmente, el Congreso de los Estados Unidos reconoció a Peary como attainer (alcanzador) del Polo Norte, pero no como su “descubridor” y le otorgó una pensión equiparable a la de un contralmirante. En cuanto a las instituciones especializadas, hubo opiniones divididas: mientras la National Geographic Society le reconoció el logro, otras solo lo reconocieron como el explorador que había llegado “más al norte”, pero no que hubiera alcanzado el lugar.

La muerte le evitó un último disgusto: saber que la historia considera hoy al explorador noruego Roald Amundsen como el primer hombre que llegó al Polo Norte en su expedición de 1926 ya que pudo demostrarlo con mediciones exactas y comprobables, algo que él no pudo hacer. En cuanto hasta dónde llegó el 6 de abril de 1909, recién en 1996 un análisis exhaustivo de los registros de Peary permitió ver que desde el punto en el que se detuvo aún faltaban 37 kilómetros para llegar realmente al ansiado Polo Norte.

Fuente: telam

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!