20/02/2026
La Batalla de Salta: la polémica liberación de prisioneros, el debut de la bandera y el destino de un premio millonario
Fuente: telam
Hace 213 años se lograba una importante victoria patriota. Esta acción tuvo todos los condimentos posibles, como el estreno de la enseña patria, la decisión de Belgrano de liberar a más de dos millares de prisioneros y qué pasó con la abultada recompensa que el gobierno otorgó al triunfador
>Manuel Belgrano había encarado la campaña con nuevos bríos luego del triunfo en Tucumán. Con la ayuda de Buenos Aires, inició lo que se llamó la segunda campaña al Alto Perú, en un momento impensable para el enemigo: las fuertes lluvias de verano que desbordaban los ríos, transformaban los caminos en intransitables. El avance de un ejército en esas condiciones era casi imposible.
El general Pío Tristán se sorprendió al enterarse del avance de Belgrano. Ordenó concentrar sus fuerzas en el sudeste, el Portezuelo, la única entrada lógica a la ciudad.
Desde el mirador de la finca de Castañares es difícil imaginarse hoy cómo fue el combate. Por entonces, esa hacienda estaba a una legua al norte de la ciudad y ahora quedó encerrada en el barrio 20 de Febrero. A sus espaldas la Quebrada de Chachapoya y al frente, edificios, casas, autopista y árboles que colonizaron para siempre el escenario donde ambos ejércitos chocaron.
Cuando conoció la disposición del ejército enemigo, Belgrano supo que estaba en una encrucijada. Si forzaba su entrada por el Portezuelo iba a una derrota segura. Cuando aún no había definido una estrategia, la solución se la llevó Apolinario Chocolate Saravia, hijo del coronel Pedro Saravia, dueño de la hacienda de Castañares.Apolinario, veterano de Suipacha, Huaqui y Tucumán, sabía de un paso conocido por pocos por la quebrada de Chachapoya por donde podría pasar el ejército y así cortar la retirada de las fuerzas enemigas e invertir el frente de batalla.Cuando el 19 de febrero por la mañana Belgrano llegó a la hacienda de Castañares, tenía fiebre y se quejaba de fuertes dolores estomacales. Habían preparado un carruaje por si el día de la batalla no pudiese montar.
Mientras tanto, Pío Tristán planificó la batalla en la ciudad de Salta, en la casa que actualmente es el Museo Casa de Hernández. Cuando se enteró de los movimientos de los patriotas, exclamó sorprendido “sólo que fueran pájaros”. Debió redistribuir sus fuerzas y colocarlas en el campo de La Tablada, al norte de la ciudad, con su derecha recostada sobre el Cerro San Bernardo.
Con un marco de una lluvia torrencial, Belgrano hizo la presentación de la bandera de su creación, que llevaba su ayudante Mariano Benítez. Por primera vez iba a flamear en un campo de batalla.El sábado 20 amaneció con sol y al mediodía empezó el intercambio de fuego de artillería.Pero el avance de la caballería enemiga fue frenado por el fuego del cuerpo de Pardos y Morenos.
Belgrano le ordenó a Dorrego llevarse por delante al enemigo, pero sin cruzarse con el fuego de la artillería patriota, quien lo apoyó en un arrollador avance que hizo desbandar el ala izquierda española. Totalmente en caos, huyeron hacia la ciudad, perseguidos por los cuerpos de Dragones y Decididos de Salta.En el mismo tiempo, fracasó un avance del regimiento 1 sobre tiradores españoles que estaban sobre la falda del cerro San Bernardo mientras Pío Tristán intentaba, sin suerte, ocupar el vacío que habían dejado sus soldados que habían huido.El último foco enemigo resistía en la falda del San Bernardo. Si bien estaba en una fuerte posición, decidieron retirarse cuando comprobaron que el resto de las fuerzas ya lo habían hecho.
Los españoles irrumpieron en la ciudad, escondiéndose en casas particulares y en iglesias. Los soldados no hacían caso a las órdenes dadas por sus superiores. Era un sálvese quien pueda.Mientras las campanas de La Merced anunciaban la victoria, el coronel enemigo Felipe de La Hera fue el encargado de pactar las condiciones de rendición. Belgrano sorprendió con su decisión: decidió dejar en libertad a 2776 prisioneros, les ofreció pasarse de bando y a los que se negasen, deberían jurar no volver a tomar las armas contra la Revolución. Belgrano quiso diferenciarse de los realistas en el trato al enemigo, a fin de ser bien recibido en el Alto Perú.
Belgrano rechazó la espada que le entregó Tristán y lo abrazó. Ordenó abrir una fosa común en el campo de batalla, donde fueron enterrados los muertos de ambos bandos. El lugar quedó señalizado por una cruz de madera, que con los años se conservó como reliquia. Hizo colocar la leyenda “Vencedores y vencidos en Salta en 20 de febrero de 1813″.
El 21 los españoles, luego de entregar el armamento, los cañones y el parque, abandonaron la ciudad. Muchos de ellos volverían a tomar las armas, ya que un obispo español no tardó en liberarlos de ese juramento.
No llegaría a verlas. La de Tarija se construiría en 1974, la de Tucumán, en 1998 y la de Jujuy, en 2004, mientras que la de Santiago del Estero se habría levantado con fondos provinciales.
Fuente: telam
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