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20/02/2026

El populismo latinoamericano y la deshonestidad sistémica

Fuente: telam

El avance de una moralidad difusa en el sistema político actual está transformando la ética en un recurso secundario, mientras la deshonestidad y la confrontación estructuran nuevas identidades y debilitan la defensa de la democracia y los Derechos Humanos

>Los planes sociales, económicos y políticos cuya base fundamental teórica fue recurrentemente la ética, han pasado a tener a la deshonestidad como valor en la defensa de las causas y en la construcción de nuestra sociedad del futuro, con estos valores como predominantes en los patrones de identidad de los ganadores. Los cambios, a menudo elaborados a partir de la ayuda de la ética que nos permite identificar las injusticias, se dan en la determinación de lo permisible en el contexto de una moralidad difusa. Es un plan que reconoce situaciones internas sin intereses elevados, sin logros notables ni acciones que desarrollan un trabajo innovador, todo lo cual lleva a redefinir la forma de pensar sobre la ética en la política.

En la política cuando se insulta a alguien no hace falta nombrarlo, sin lugar a duda se sentirá aludido, sin duda se ofenderá. Este énfasis en la personalidad individual y los intereses que despierta, así como las diferencias que dejan de ser modestas en la lógica de confrontación, es el elemento irracional fundamental en que se basa la opinión pública que ha establecido una actitud de escala que lleva a las diferencias internas situacionales. En el populismo la deshonestidad intelectual y de la otra está disponible para la construcción de la dignidad colectiva, y en esta estrategia las tensiones internas que la misma crea se pueden apreciar en la determinación de la acción permisible dado por un marco de moralidad difusa. Una lógica excepcional que se instala solo donde la situación interna está construida a partir de las indeterminaciones que el vacío ético genera.

La incomodidad que el vacío ético genera en situaciones políticas internas se resuelve en el plano internacional generando situaciones de fuerza o interés político o comercial. Por su parte las condiciones de enriquecimiento personal de la realidad actual pueden llevar a colocar a personas privadas repentinamente en el centro del mundo de la gobernanza.

Ello ha llevado a que las interacciones sociales y políticas se canalicen a través de sentimientos vinculados a la vanidad, orgullo, fama, soberbia, arrogancia y notoriedad. Las redes han potenciado las humillaciones y la capacidad de insultos, elementos sustanciales para desarrollar políticas basadas en la simpleza conceptual y en la falta de honestidad. Un desarrollo ideal de la tecnología moderna y la e-democracia es no se trate solo de riqueza, se trate de valores y de la riqueza institucional que dan los valores de la democracia, desarrollados, trabajados y asumidos.

Los sistemas políticos alimentan la disfuncionalidad de este entorno que genera condiciones de adversidad, además el intercambio de mensaje es de por sí demasiado espontáneo y reactivo, un entorno natural que no es ideal para relaciones de naturaleza institucional con base en la lógica del Derecho y la estructura del Gobierno, lo cual crearía mejores posibilidades para desarrollar estas relaciones con un enfoque especial en la ética.

Un problema clave del populismo es la engañosa simplicidad de las emociones negativas. El poder de las instituciones e brindar soluciones integrales cuando su funcionamiento es eficiente. El comportamiento si se determina por las reglas del sistema puede pasar las pruebas y trampas de las crisis financieras, políticas, económicas. Por el contrario, es muy difícil y altamente improbable cuando las soluciones se construyen a través de un laberinto de incoherencia y falta de ética, que conecta cambios dispares de maneras que la linealidad política de los procesos se pierde completamente. Entonces la responsabilidad pública se desarrolla cómo si no entendiera nada y la honestidad necesaria que ella conlleva convive permanentemente con la duda.

Sin embargo, parece realmente inmoral que estos momentos se consideraran como formativos para trabajadores y grupos vulnerables. No hay nada de eso porque los actores políticos en lugar de comenzar con la cooperación, inician procesos de conflicto a la inversa, el enfrentamiento comienza con la conclusión y sin que se dé ninguna discusión al respecto; se trabaja marcha atrás, identificando y luego confrontando cada elemento ético necesario para comprender el conjunto; no hay un aprendizaje, no hay una argumentación, no hay una discusión de ideas, hay una descalificación de la conclusión y por lo tanto nunca se da formalmente una cooperación lineal en el sistema.

Cautivado por las piezas mismas y no por la estrategia del juego, se da una extraña cooperación elíptica basada en las formas de comunicación que se utilizan, por ello las estructuras están más interesadas por su posicionamiento que por su propia construcción, lo cual lleva a su obvia incapacidad para atender los problemas estructurales que se deben resolver y de hacer una elaboración programática del proyecto que debería asumir la solución. Solamente tenemos una superposición de experiencias incapaces de implementar un cambio estructurado sino uno reactivo que no resulta sostenible porque carece de la construcción teórico práctica necesaria, simplemente se dan un proceso continuo de “comportamientos inmorales sustanciales” dirigidos a afectar la dignidad de otros actores políticos lo cual implica en esencia afectar la dignidad propia.

El proceso no es más que un simple resumen o una versión condensada de la discusión de la opinión pública determinada por las redes. Los actores políticos y la militancia en redes no están buscando una nueva perspectiva, ni una ruta más clara que comprenda los aspectos más desafiantes de las relaciones de poder, sino más bien decodificando los sentimientos de la participación en redes como insumo para el posicionamiento político. La identidad política se constituye no a partir de la elaboración programática sino en la informalidad de los intercambios caóticos de la opinión pública y por lo tanto no se están produciendo conceptos demasiados avanzados. Este nuevo tipo de relacionamiento de la humanidad no se centra en seguir argumentos complejos, ni de reconstruirlos desde una base mejor, esa identidad de lo posible reconoce una escala muy básica del sistema.

Este sistema político es incompleto, lo que significa que la identidad política está construida por “la verdad completa” elaborada en el conjunto de comportamiento ofensivos de la opinión pública que, aunque tienen variables de identidad no tienen una lealtad especialmente desarrollada respecto a sus dirigentes, pero a los que pueden volver en función de nuevos hartazgos. Las razones por las que un sistema ideológico es conocido por su progresión estructurada formal tienen que ver con sus ideas respecto a la evolución tradicional del poder, por ello otorgar su rango más alto de veracidad a alguien, quienquiera que sea, en una dinámica de opinión tan pública y tan informal es un paso o una regresión extraordinaria.

La forma de medir estas percepciones es simple y tiene que ver fundamentalmente con la energía que el sistema invierte en un tema y la generación de acciones políticas adictivas, siendo estas aquellas acciones específicas que el sistema tiende a repetir como proceso de “respuesta estructural”. Si elegimos una dimensión principal en este mundo político de acciones adictivas, el tamaño de esta dimensión no está determinado por la cantidad de juegos de interacción y de confianza que representa. Estas acciones se expresan como forma de ejercicio de los poderes institucionales superiores.

Pero la base de las masas virtuales es menor que la base de las masas; y ello reduce los factores de la dimensión política integral. Esta es una razón poderosa para el análisis dimensional de las causalidades para la moralidad difusa del sistema. Si en ese análisis estos sistemas dimensionales parecen como de un nivel inferior ya que solo los podríamos agrupar en las acciones llamadas tendencias de comunicación. En este sistema, las acciones se consideran cercanas si comparten lo mismo y son el resultado de completar las acciones utilizando una idea en general de extrema simpleza. Los universos alternativos del populismo promueven esta simpleza y consideran que las acciones reales que siguen a procesos racionales solo aportan confusión en su complejidad. La racionalidad y la complejidad son procesos contrarios a la emotiva simpleza que induce y es inducida por el liderazgo populista.

Sin embargo, si los cambios residuales siguen las mismas creencias, así como las reglas construidas para la ocasión, entonces las cosas a menudo se vuelven simples de entender y la moral vaga del populismo es capaz de generar un puente entre las creencias y las reglas en el sistema político.

El mundo más simple de creencias confrontativas con el establishment que crea el populismo se resuelve en un ejercicio de traducción de la opinión pública simplificada sin que pierda nada de su significado las creencias en cuestión.

El hecho más simple de sentir la política por encima de las disciplinas adecuadas para reflexionar la misma, así como la acumulación de indeterminación y de incertidumbres, cimentó dentro del sistema político la moralidad vaga y el mérito del comportamiento ofensivo. El enfoque populista del sistema político se centra en proyectos no programáticos sino comunicacionales que apuntan a niveles específicos de la realidad psicológica humana y sus necesidades.

Pero hoy ya no sirve en la política actuar bien, solo sirve estar disponible. En un giro de los acontecimientos, la justicia como bien imprescindible y que tanto había inspirado el comportamiento político se ha transformado en una pequeña parte personalizada y psicológica del programa que ahora está armado con las poderosas herramientas del manejo de las emociones.

Para Riker es el paradigma de la opción racional, para Rilke la verdadera existencia no reside en elegir lo que es lógico o seguro, sino en abrirse a lo inexplicable y lo inaudito. Pero el problema no se refiere a ninguna de estas dos variables (las dos muy válidas) sino a la forma amoral/inmoral de crear el conflicto (a veces la cooperación) o de resolverlo.

Esta distracción se da en medio de una crisis de agotamiento de la institucionalidad internacional que es incapaz de asumir la agenda política y se aleja entonces de la gente porque deja de ser relevante al desfigurar el propósito ético que la debe animar. Deja de ser consistente con los principios para el que fue creada y las amenazas a la paz y seguridad internacional se reproducen, permitiendo a las mismas desarrollarse bajo una mirada desatenta, deshonesta y pasiva. El caso venezolano es paradigmático de actores internacionales que siguieron el problema con su mirada deshonesta, desatenta y pasiva. Pero lo peor es cuando es la institucionalidad internacional la que comete este despropósito. Los sistemas políticos latinoamericanos desinteresados muchas veces de los Derechos Humanos y de la Democracia como bienes principales han desarrollado el talento político excepcional de hacer nada y participar siempre en los momentos cruciales de la región bajo esta premisa.

Fuente: telam

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