14/02/2026
“En efecto, se me ha borrado la sonrisa”: Philippe Besson confiesa cómo la enfermedad y la memoria personal se convierten en literatura y testimonio
Fuente: telam
En su novela ‘Un tal Paul Darrigrand’, el premiado escritor francés abre su corazón al contar una historia de amor clandestino y lucha contra una cruel enfermedad
>“La historia acaba de empezar.” Así describe Philippe Besson el instante en que conoce a Paul Darrigrand en Burdeos, en el otoño de 1988. El encuentro, aparentemente trivial, marca el inicio de una relación marcada por la atracción inmediata y el descubrimiento mutuo. Paul se presenta con naturalidad, reclamando un lugar a su lado en la mesa del comedor universitario y dejando claro su interés: “Paul Darrigrand”. Aquella presentación, sencilla y frontal, establece el tono de una historia que mezcla deseo, incertidumbre y una necesidad inexorable de proximidad: “En muchos de mis libros, más adelante, describiré encuentros como este: el tipo que se planta ahí mismo, delante del otro, y le arroja a la cara, como si nada, su deseo; el tipo que emplea palabras casi anodinas sabiendo que aquel al que se las destina entenderá todos los sobreentendidos”.
La experiencia hospitalaria se narra con precisión y crudeza. La noche tras la cirugía, el narrador describe un silencio extraño, una suspensión del tiempo. El cuerpo queda marcado para siempre: “El 5 de julio, un cirujano me practica una esplenectomía. Desliza el bisturí por mi abdomen, abre y extrae el órgano. Esa parte de mi cuerpo queda dañada para siempre. Más adelante sabré que casi me pierden durante la operación”. El hospital se convierte en el escenario donde amor y enfermedad se entrelazan, y la fragilidad física se vuelve visible también en la relación.
El contexto social de la Francia de los 80 aparece en los detalles: la universidad, los bares, la dificultad de vivir una relación homosexual en secreto, las referencias a la epidemia de sida y el miedo latente que impregna las relaciones entre jóvenes. El narrador observa cómo los demás perciben la enfermedad, y cómo el silencio y la incomodidad se instalan en el entorno: “Me parece que los demás ven mi enfermedad, que ahora la perciben, la detectan (algunos le dan otro nombre, un acrónimo) y se afligen de inmediato. Se nota en un ligero velo en su mirada, una incomodidad, una pregunta que queda en el aire”.
La dimensión autobiográfica del libro se hace explícita y reflexiva. Besson revela que muchos de los episodios narrados proceden de su vida. El diagnóstico médico, la relación clandestina y los años de juventud forman parte de una memoria personal que el autor expone y, al mismo tiempo, transforma en literatura: “En efecto, se me ha borrado la sonrisa. Llegados a este punto de mi relato, creo que conviene advertir a quienes no me conocen o no han leído todo lo que he publicado (que son, con diferencia, la mayoría) que esta enfermedad ya la mencioné hace mucho tiempo. Fue en 2001, en un libro titulado Son frère del que se hizo una película, Su hermano. Novelé por completo una experiencia real de mi juventud.”
El cierre de la historia, lejos de la reconciliación o el reencuentro, deja al narrador solo, sentado en una cafetería, repasando un año de amor clandestino, enfermedad y pérdida. El propio Besson concluye: “Recuerdo que me quedé sentado en la cafetería, aturdido, rodeado del bullicio del bar, el baile de los camareros, el ir y venir de los clientes, los golpeteos de una máquina del millón, incapaz de levantarme de la mesa, dándole vueltas y más vueltas a todo en mi cabeza, y finalmente tomar conciencia de que había pasado casi un año entre el momento en que me había tropezado con Paul Darrigrand al salir de una clase en el último piso de un edificio universitario de Burdeos y el momento en que él había cerrado la puerta de un piso parisino tras besar mi minusvalía. Y que llegué a la conclusión, por paradójico que pueda parecer, de que quizá ese año había sido, sí, el más bonito de mi vida.”
Fuente: telam
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