14/02/2026
La amnistía y otros verbos en Venezuela
Fuente: telam
No ayuda tratar a determinadas personas como enemigos a neutralizar, esquema en el cual, el adversario no es juzgado por lo que hace, sino por lo que representa o piensa
>En el largo transcurrir venezolano después de la democracia estatuida con la Constitución de 1961, no ha habido tema que no se haya planteado a favor y en contra del régimen atípico que se iniciara, a raíz del defenestramiento de Carlos Andrés Pérez de su segunda presidencia de la República, consecuencia de un golpe de estado acaecido el 11 de abril del 2002. A la fecha ya han transcurrido más de 2 décadas.
El pedimento del “gigante del norte”, calificable, en principio, como “tutor” en lo concerniente a Venezuela, país tutelado, a raíz del ya divulgado acontecimiento del 3 de enero de 2026 de la detención de Nicolás Maduro, diera la impresión de que el gobierno criollo se hubiese percatado de que “amnistiar” es un verbo, cuya conjugación corresponde a la Presidencia criolla en cohabitación con el poder legislativo, o sea, “la asamblea nacional”, en principio, una novedosa denominación que a aquel atribuyera el texto constitucional bolivariano del 99, razón en principio, para el proyecto de Ley cuyo contenido ha alertado a los beneficiarios de la “medida de gracia” para perdonar delitos, a menudo de carácter político, extinguiendo la responsabilidad penal de manera colectiva. Será acaso, valdría preguntarse que los gobiernos no desconocen las complejidades en la conjugación del verbo transitivo “amnistiar”, razón para acudir a otras tipologías verbales, a fin de administrar con exagerada rigidez y en aras de su conveniencia, “la condonación de la pena a aquellos indiciados como delincuentes políticos, tipología, en la casi totalidad de los casos carente de franqueza.
El académico Ramón Escovar León ha publicado en el diario El Nacional un excelente ensayo con respecto al proyecto de Ley presentado ante la Asamblea Nacional, asumimos, que por la Presidencia interina, en el cual plantea la serie de requerimientos que han de observarse en lo relativo al otorgamiento de la libertad que en lo concerniente al preso político la amnistía supone. El condicionamiento es tan complicado que los amnistiados han de contarse con un cuentagotas. El profesor de leyes denuncia de que para que “la convivencia y la paz entre los venezolanos”, literalmente, el propósito del texto legal, no se reduzca a “un recurso retórico”, un largo y tedioso camino ha de recorrerse acompañado de decisiones inmediatas, integrales y coherentes para, entre otras acciones, desmontar el andamiaje legal que durante años ha servido para perseguir a la disidencia política. Normas como la Ley contra el Odio, la Ley Orgánica Simón Bolívar, la Ley de Fiscalización de las ONG y la Ley Antibloqueo, entre otras, han operado, en la práctica, como herramientas de judicialización del adversario. Mientras ese entramado permanezca intacto, en criterio de Escovar, cualquier amnistía será necesariamente insuficiente. Un argumento, en criterio de quien escribe, del todo acertado. Es también pertinente la aseveración conforme a la cual la reconciliación que se proclama debe traducirse en hechos verificables: una sociedad sin presos políticos y sin inhabilitados constituye su punto de partida. Compartimos, finalmente, la apreciación de Escovar conforme a la cual el Estado deja de tratar a ciertas personas como ciudadanos titulares de derechos y pasa a considerarlas enemigos a neutralizar. En ese esquema, el adversario no es juzgado por lo que hace, sino por lo que representa o piensa. La amnistía que ha sugerido, por no decir, ordenado la presidencia de Estado Unidos, da la impresión de que ha de ser manejada con acertado dinamismo. El proyecto de ley, de aprobarse, pudiera ser un serio inconveniente.
Asimismo, en lo tocante a los calificados como presos políticos, diríamos desde el inicio de la presidencia de Hugo Chávez hasta el fin de la de Nicolás Maduro, pueden contarse con los dedos de una mano aquellos cuyas conductas pudieran tipificarse como delitos políticos. La gran mayoría de los detenidos, de juzgárseles con objetividad deberían estar desde hace ya algún tiempo en sus propias casas. Delinquir, amigos del gobierno, es cosa seria y jugar con la tipificación de determinadas conductas como delitos, más que propiciar seriedad a los gobernantes, les conduce a gobernar por la fuerza. Y peor aún alejados de la soberanía popular.
Finalmente, permítanos Presidenta la sugerencia de que Dios y la Patria le premiarían la necesaria providencia de conceder la amnistía a los calificados incongruentemente como presos políticos. Sería un definitivo aporte a la concordia que los venezolanos demandamos. No ayuda tratar a determinadas personas como enemigos a neutralizar, esquema en el cual, como se escribe, el adversario no es juzgado por lo que hace, sino por lo que representa o piensa.
Fuente: telam
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