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06/02/2026

La urgencia de la fragilidad, la memoria y el cuerpo, en una expo nada predecible

Fuente: telam

En Fundación Proa, bajo la curaduría de Francisco Lemus, “El orden imposible del mundo” reúne piezas de 26 artistas, muchas de ellas casi nunca vistas, en una experiencia sin categorías fijas

>La exhibición El orden imposible del mundo. Arte contemporáneo propone, hasta marzo en Fundación Proa, una experiencia singular: el acceso a obras de 26 artistas, muchas de ellas resguardadas en colecciones privadas y rara vez expuestas al público, a partir de un recorrido que desafía toda clasificación rígida y revela cómo la producción actual de los artistas argentinos y latinoamericanos combina monumentalidad y experimentalismo.

En la primera sala, dos piezas establecen un diálogo sobre la memoria y el archivo. En Any Moment Now.... (Spring), de la brasileña Valeska Soares, una instalación de 93 tapas de libros vintage montadas sobre lienzo y escalera de biblioteca, se habilita una reconstrucción visual y personal a partir de cada fragmento, cada relación puede despertar un recuerdo, pero a la vez continúa siendo ambiguo, como la subjetividad propia.

En La Silla, de Martín Legón, una placa describe ciento noventa y dos objetos presentes o ausentes, en cajas idénticas, dispuestas como un archivo que remite al nicho, lo que se exhibe es tanto memoria como real, lo que vemos es una ilusión y, aún con un inventario, todo los que se nos dice podría ser falso. En ese sentido, la lista —que puede interpretarse como poema— invita a interrogar incluso sobre los invisible en un gesto reforzado por la formación literaria y el interés semiótico del artista.

En la sala siguiente, la más grande del espacio de La Boca, un instalación de la patagónica Amalia Pica problematiza sobre la comunicación y las dificultades propias de la geografía austral, como también remite a los obstáculos tecnológicos contemporáneos. Los vasos apoyados sobre la pared es una referencia a los juegos de la infancia, y nos planten las dificultades y la búsqueda de superarlos en el intercambio.

En At a Certain Distance (Public Barriers), la brasileña Rivane Neuenschwander recrea una experiencia personal del cercado de un campo, que con el tiempo se va reconfigruando intervenciones ajenas, mientras que sobre una pared se extiende una pieza de yeso de Elena Dahn, en la que lo fijo y lo planificado se rompe por el propio devenir de la materia.

La acumulación de polvo y desgaste —producto de su exposición en exteriores— forma parte esencial de la intervención, a tal punto que incluso fue necesario recrear el hollín tras un incendio para preservar el sentido de la pieza.

El contraste es un recurso central. Algunas obras optan por el despliegue monumental como forma de resistir la volatilidad del tiempo. Otras, en cambio, eligen materiales humildes y una economía de recursos para explorar lo esencial de la creación, sin que ambos enfoques resulten enfrentados: coexisten así la monumentalidad como resistencia al olvido en un mundo volátil y la experimentación con recursos mínimos como exploración de lo esencial.

Y es que en la sala superior, la exhibición vira hacia piezas pequeñas a partir de la curaduría de Diego Bianchi, donde se privilegia una estética de la urgencia, con obras realizadas a partir de materiales hallados o cotidianos.

La dimensión política y colectiva, los usos culturales, emerge en los trabajos de Pablo Accinelli, Marcelo Pombo o Dan Perjovschi sobre la vida urbana; las Remeras de Mariana López junto con las instalaciones de luz y espacio de Fernanda Gomes y Estefanía Landesmann, que abren nuevas preguntas sobre memoria, valor y percepción sensorial junto a, entre otros.

La fragilidad, la deformación, la necesidad de autoconstruirse capas de protección, explotan la vulnerabilidad en una puesta en que las obras se van retroalimentando. Allí, la muestra se vuelve íntima, palpable, y algo horrorosa, donde la violencia física (y también mental) se presentan a partir del uso de residuos.

*El orden imposible del mundo, en Fundación Proa hasta el 8 de marzo, en Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Miércoles a domingos, 12 a 19h (visitas guiadas a las 15 y 17h). Entradas: Miércoles sin cargo y de jueves a domingos, $6000. Estudiantes, docentes y jubilados: $4000. Menores de 12: sin cargo

Fuente: telam

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