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01/02/2026

Fernando Peña: del día que lo escuchó Lalo Mir en los parlantes de un avión a las geniales peleas entre sus personajes en la radio

Fuente: telam

El creador de personajes emblemáticos como Martín Revoira Lynch, La Mega, Milagros López o Palito había nacido el 31 de enero de 1963 en Montevideo, Uruguay, pero de chico se radicó en la Argentina, donde desarrolló toda su carrera y se convirtió en el máximo provocador de la radio

>“La gente que vive apasionada, muere joven”, había dicho en una oportunidad. Y Fernando Peña, sin lugar a dudas, era un apasionado en todas las facetas de su vida. El hombre de las mil voces había nacido el 31 de enero de 1963 en Montevideo, Uruguay. Murió apenas 46 años más tarde, el 17 de junio de 2009, en la Argentina, donde desarrolló su carrera artística convirtiéndose en un número uno de la radiofonía. Y nunca, jamás, conoció los límites.

Su mamá alquiló una casa por la zona de Carrasco. Y su papá, que solía viajar a la Argentina por trabajo, solo lo visitaba los días viernes. Así pasó su primera infancia hasta que, en 1970 se radicó en Buenos Aires junto a parte de su familia y comenzó a estudiar en el Saint Andrew’s School. Tenía, sin lugar a dudas, un talento innato para interpretar distintas voces. Y era, por sobre todas las cosas, un provocador. Pero tardó en descubrir que podía hacer de ese potencial su fuente de ingresos.

La caribeña fue la primera creación de Peña. Y durante mucho tiempo, los oyentes pensaron que en realidad se trataba de una mujer nacida en la isla del son y el ron. De hecho, al tiempo llegó a tener su propio programa, La vereda tropical, en Radio del Plata, sin que saliera a la luz su verdadera identidad. Pero, para entonces, algo había empezado a brotar de la inexpugnable mente de Fernando: sus criaturas.

Martín Revoira Lynch, Roberto Flores, La Mega, Palito, Mario Modesto Savino, Delia Dora de Fernández, Dick Alfredo y Rafael Oreste Porelorti, fueron solo algunos de los personajes que nacieron de la imaginación de Peña. Escucharlos hablar entre ellos, discutir y hasta pelear, podía generar una verdadera confusión entre los oyentes desprevenidos. “¿Cómo que es una sola persona? ¡Es imposible!”, pensaban los que lo iban descubriendo. Pero la capacidad de Fernando permitía esto y mucho más.

Cuentan que fue otro emblema de la radio, Hugo Guerrero Marthineitz, el que lo convenció de dar la cara. Es que Peña estaba feliz camuflado detrás de sus personajes. Pero, para poder empezar a crecer profesionalmente, debía blanquear la situación. Y esto, entre otras cosas, le permitió desembarcar en el teatro con sus propios espectáculos, como Esquizopeña o Mugre. Pero también hizo que tuviera que aprender a convivir con la fama y todos sus bemoles.

El mismo Peña habló siempre con total libertad de su homosexualidad, aunque el prefería decir que era “puto”. Y en 2001, se animó a contar en su programa de radio, El parquímetro, que tenía HIV. “¿Cuál es el colmo de un sidoso?”, le preguntó entonces a sus oyentes. “Ser alérgico al AZT”, le respondieron desde la mesa sus columnistas. Y todos rieron. Fernando, en realidad, sabía que había contraído la enfermedad desde el año 1987, cuando se contagió de su novio. Pero sus problemas de salud empezaron recién en el 2000 y, en más de una oportunidad, pasó por situaciones complicadas.

Como dice la letra de Muriendo de Pena, que lanzó Rubén Rada en el 2000, y La Fiesta, el tema que Pedro Capó popularizó más de una década después, Peña no quería que nadie lo llorara en su velorio. Y lo dejó en claro. Por eso, cuando partió de este mundo después de pasar sus últimos días internado en el Instituto Fleming de Belgrano y sus restos fueron despedidos en la Legislatura porteña, sus allegados se encargaron de pasar música electrónica, decorar el lugar con millones de lentejuelas y colocar una botella de whisky justo al lado de su ataúd.

Fuente: telam

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