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01/02/2026

Venezuela: ¿y para cuándo la democracia? Tarek William Saab como símbolo de la porfiada impunidad

Fuente: telam

Lo que falta todavía es la hoja de ruta hacia la democracia y los plazos, por tentativos que sean, ya que no se llegará a la meta si no se avanza desde el primer día en democratización

>Esta columna es testigo de preguntas para las cuales todavía no hay respuesta, como por ejemplo cuán pronto será el retorno a la democracia. Después de la captura de Maduro un ambiente de esperanza surgió acompañado por una gran duda, la falta de un cronograma claro para llegar al final del camino, que no es otra cosa que la devolución de la soberanía plena al pueblo venezolano. EEUU todavía tiene la palabra y mucho que decir, ya que la realidad del día de hoy muestra que se fue el dictador pero se mantiene la dictadura, y no se han iniciado acciones que han figurado en todos los procesos exitosos de transición a la democracia.

La presidenta encargada anunció una amnistía general y el cierre de la cárcel del Helicoide, pero ¿es eso suficiente? ¿Incluye a todos, sin discriminación?, de partida, los muchos militares que han sido excluidos de cualquier beneficio en el pasado. Según Foro Penal 310 personas han sido excarceladas desde la caída de Maduro, aunque “persisten más de 700 personas con restricciones arbitrarias de su libertad”. ¿Cuál es la letra chica de este anuncio?, que se presenta como acto de clemencia y no como corresponde, de restitución de derechos fundamentales, ya que la mayoría de los condenados lo fueron por ejercer derechos garantizados, no solo en tratados internacionales sino también en la ley venezolana, por lo que esta historia tuvo complicidad de jueces.

Más allá de las promesas de las autoridades estadounidenses y de una mención a la democracia en una tercera etapa, sin un cronograma ni especificaciones, sigue vigente la pregunta de ¿qué viene después de Maduro?, ya que se supone que Delcy Rodríguez es solo una etapa. Al mismo tiempo, siguen las dudas en torno a ¿qué hacer? y ¿qué esperar? de una situación donde todavía no se ve fractura ni arriba (generales) ni abajo (tropa) en las FF. AA. como tampoco se aprecia una movilización popular del nivel que siquiera preocupe a las estructuras dictatoriales, toda vez que en transición se debiera ver novedades en ambos niveles, para que todos entiendan que efectivamente avanzamos hacia una democracia y no algo que dice serlo, pero no lo es.

De ahí la mención al fiscal general como símbolo de que su remoción mostraría que el fin de la impunidad es un objetivo alcanzable, y cuando el presidente Trump enfatiza la obediencia que ha mostrado Delcy Rodríguez en el tema del petróleo, se entiende que si para Cabello y Padrino López todavía hay que esperar, Tarek William Saab es un objetivo posible para una modificación en el ambiente de temor y miedo que todavía se mantiene, y sin esa remoción, simplemente no se siente todavía el cambio a nivel de la vida cotidiana, ya que una simple opinión aún podría llevar a la cárcel a quien la emite.

Por cierto, la oposición democrática tiene mucho que decir, y todavía le faltan propuestas y acciones concretas, estando pendiente el ¿qué hacer? para darle un empujón o al menos un empujoncito a quienes siguen gobernando, sobre todo, si el compromiso de EE. UU. podría perder fuerza, no por falta de voluntad de la Casa Blanca, sino por un proceso que la obligue a concentrarse en lo que sin duda es hoy su foco principal, cual lo es la elección de medio término este noviembre 2026. De ahí la necesidad que la oposición democrática tenga en Venezuela y en Washington una presencia tal, que quede claro que son desde el 29-7 el legítimo gobierno y que también lo serán apenas haya elecciones. Por ello, creo que sigue vigente el título de lo que escribí en estas páginas en agosto del 2024, que en Venezuela el único lujo que no puede permitirse la oposición es la irrelevancia, más que una opinión personal es lo que han tenido en común todas las experiencias exitosas de transición, es decir, la oposición democrática como actor relevante y reconocido como tal por todos, dentro y fuera del país, incluso aquellas donde se convivió con el antiguo régimen durante años, como ocurrió en España con quienes provenían del franquismo, en Chile con el general Pinochet como comandante en jefe del ejército, o en Sudáfrica con ex autoridades del apartheid.

Al ser chileno, en lo personal siento mucho orgullo por la exitosa transición que vivió Chile, donde lo más relevante fue llegar a acuerdos en los hechos, ya que no se firmó nada en ninguna parte en torno a lo que dividía al país, es decir democracia en lo político y el mercado en lo económico, proceso donde los enemigos de ayer se transformaron no necesariamente en amigos, sino que en democracia pasaron a ser solo adversarios.

La experiencia de las transiciones exitosas, distintas una de la otra, tal como lo es la de Venezuela, con el rol inédito de una lideresa no electa, pero con un sitial especial como es el caso de María Corina Machado (MCM). Nada ha cambiado el hecho que sigue existiendo un triunfo en las urnas al cual simplemente se le robó la elección, pero que no tiene poder alguno, ya que las condiciones no han permitido movilizaciones en la calle que preocupen a los detentadores del gobierno.

Al igual que en las experiencias exitosas se necesita también golpes de efecto que convenzan a militares, jueces y otros sectores que han sido cómplices de una dictadura que es cívico-militar. Se necesita en forma urgente el retorno de los exiliados, en forma masiva en el caso de los políticos como también que se permitan manifestaciones pacíficas y un acceso a los medios de comunicación que posibiliten que su palabra sea conocida por todos los venezolanos, como también que se legitime el espacio público como lugar de intercambio de ideas y de alternativas, para que así en su futuro regreso MCM pueda ser recibida quizás por un millón de personas en Caracas, dando el punto de partida a una gira nacional. Además, se necesita que se reúna con los hermanos Rodríguez en Miraflores u otro lugar simbólico, para iniciar un proceso de diálogo y conversación en igualdad de condiciones.

Todo ello puede lograrlo EE. UU. ya que Venezuela está en transición, pero el problema es que se nota poco y en algunos casos, demasiado poco, por lo que se requieren actos que sean testimonio que la dictadura ya no puede seguir reprimiendo y que si lo hace va a tener un costo, tal como ocurrió con Maduro que no quiso prestar atención a todas las oportunidades que se le ofrecieron para una salida que simplemente rechazó con desdén y pasos de baile. Por ello, se necesita que los Tarek William Saab salgan de la escena, idealmente detenidos y procesados, lo que por cierto no va a ocurrir, pero es perfectamente factible que sea removido de su posición, y sea reemplazado por algún jurista connotado, de impecable trayectoria, hombre o mujer, que le dé garantías a todos que se actuará con justicia y que nadie será perseguido por sus ideas. Por cierto, esta persona no puede ser alguien que en el pasado ejerció función parecida, que, aunque se convirtiera posteriormente en disidente, en el ejercicio de ese poder cometió injusticias similares.

Deseo que se actúe rápido por un doble motivo, primero, más de alguna decisión se tomó para no repetir las malas experiencias de Irak y Afganistán, pero esa comparación parte de un error, a la vez grosero y fatal, ya que esos países no tenían tradición democrática alguna a diferencia de la muy decente de Venezuela, antes que los propios venezolanos eligieran a Chávez. La segunda es la más importante, que la Casa Blanca pierda interés para concentrarse exclusivamente en la próxima elección, toda vez que una de las leyes cuasi “científicas” más rigurosamente cumplidas en EE. UU., es que acercándose las elecciones no existe otro tema o preocupación en Washington que ganarlas, y hasta las intervenciones en el extranjero tienen que adaptarse.

Además, en periodo electoral Washington es un animal especialmente infiel, ya que todo se condiciona al día de elecciones, por lo que los cambios de opinión son frecuentes, y más de algún aliado que parecía especial lo ha sufrido, existiendo al respecto casos muy estudiados como Vietnam o Afganistán. En días recientes ha afectado, una vez más a los kurdos en Siria, después del acercamiento que ha existido entre EE. UU. y el nuevo gobierno de (ex) yihadistas que derrocaron al dictador Bashar al-Asad.

Por ello, se corre contra el tiempo y se debe hacer lo posible para que EE. UU. tome decisiones que idealmente sean irreversibles para marcar el camino hacia la democracia. Por algo en EE. UU. se inventó la conocida expresión que se puede caminar y comer goma de mascar al mismo tiempo, es decir, petróleo y democracia juntos, uno al lado del otro, y no uno en vez del otro como tampoco uno después del otro.

A Biden lo engañaron en Barbados y quizás la facción de los hermanos Rodríguez puede estar buscando repetir la experiencia, pensando que Washington se va a conformar, que solo le interesaría el petróleo y si estira la conversación lo suficiente, Trump y los republicanos van a estar tan preocupados por la política interna, que se olvidarían de imponer la democracia. Recordemos que, Biden y González, su encargado para Latinoamérica, quien ayudara al chavismo desde su puesto en la Casa Blanca, creyeron que se podía armonizar el petróleo con la democracia, y a cambio del regreso de empresas como Chevrón, la liberación de los narco-sobrinos y del testaferro de Maduro pidieron que la elección fuera limpia, y le respondieron con la prohibición de MCM por lo que en definitiva se burlaron de él, sin consecuencias para los hechores.

Sin duda Trump y Rubio entienden que negocian con una mafia, y que los Rodríguez quieren ganar tiempo, y si han sido obedientes en el tema del petróleo no lo han sido en las señales que han estado presente en todos los procesos exitosos de democratización, incluyendo aquellos igualmente o aún más difíciles que Venezuela. El anuncio de la amnistía ha sido bien recibido, a pesar de que hasta el momento más que liberación de presos, ha habido solo excarcelación, ya que abundan prohibiciones y restricciones, tal como pasó con el yerno de Edmundo González. Todo indica que los Rodríguez podrían estar convencidos que solo hay que satisfacer el tema del petróleo y ganar tiempo, ya que esa narrativa que se habría construido una especie de “sociedad” entre ellos y Washington no solo es falsa, sino que alimenta todo tipo de acusaciones y teorías conspirativas de muchos odiadores de EE. UU., incluyendo aquellos que allí viven.

No ha pasado un mes todavía desde la captura de Maduro, pero preocupa que algo similar le esté pasando a EE. UU., cuando no está tan claro lo que se debe y lo que no se debe hacer, a pesar de lo que se sabe de casos como Chile, Brasil, Argentina, España, Europa del Este y un largo etcétera. El propio EE. UU. tuvo éxito después de ocupar militarmente a Alemania y Japón, donde el general McArthur permitió que sobreviviera la figura del emperador bajo cuyo nombre se atacó Pearl Harbour, pero nunca existió dudas que nada debía interponerse en el camino a la democracia. Lo mismo debe quedar claro para que en Venezuela no se intente ningún engendro.

La democracia no es una flor que brote espontáneamente como parece haberlo creído equivocadamente EE. UU. en Irak y Afganistán, con las consecuencias negativas que obligaron a retiros humillantes. No basta con la voluntad, sino que se necesita de ciertas condiciones, siendo, por lo tanto, un proceso y en Venezuela hay demasiados años de dictadura, que necesitan que se siga pateando el tablero, dando señales concretas que no hay retroceso en el objetivo democrático. A riesgo de cansar, insisto en que debe hacerse, antes que todo se concentre en la elección estadounidense de noviembre. Una de esas señales es sacar de su puesto actual a aquel cuyo solo nombre rememora los peores abusos del chavismo, como lo es el fiscal general Tarek William Saab.

También me suscita alarma que se desnaturalice la reciente designación de una experimentada diplomática, aparentemente para informar lo que se hace en Venezuela que por lo ocurrido en Irak puede ser también una señal de progresivo distanciamiento de la primera línea de la política estadounidense, al aparecer un intermediario, tal como algo así tuvo lugar con el nombramiento de un embajador en Irak el 2003. Importante es que la oposición democrática haga lo que no hizo bien en el pasado, intentar entender mejor el funcionamiento de la política estadounidense, interpretando las señales que se dan, para así no quedar afuera. Además, hace falta más política en quienes ganaron la elección del 29-7 y no permitir que se olvide que son el gobierno legítimo. Es necesario hacer lo que no se hizo a partir de ese día, y marcar esa presencia para neutralizar a quienes todavía apoyan al régimen, por ejemplo, jueces, militares, policías, responsables del sistema electoral.

Que el fiscal general sea reemplazado por un/a verdadero/a jurista es un paso necesario y urgente, ya que con Maduro se dio un golpe de efecto contra la mafia, y ahora, se necesita uno a favor de la democracia, sobre todo, cuando los colectivos se pasean con sus armas generando miedo, como si nada hubiese cambiado, además que se mantienen restricciones que impiden la libertad de prensa.

La oposición democrática debe ser más activa como también EE. UU. debe dar un golpe de efecto, Hay que cuidar el proceso y también cuidar a quien merece la confianza de la mayoría de los venezolanos como MCM, y no hay duda, que la situación actual desperfila su liderazgo, en la medida que afecta el contrato ético que ella adquirió con el pueblo, algo tan escaso como lo fue Mandela en Sudáfrica, sin cuyo concurso providencial no hubiese sido lo mismo. A través de Trump, hoy EE. UU. tiene todas las cartas, pero al parecer Delcy Rodríguez proyecta la imagen de no darse por aludida que puede ser encarcelada tanto como recibir amnistía y protección. Al parecer a Trump las declaraciones le importan menos que las acciones, pero creo que ha habido demasiada permisividad con el doble discurso de los Rodríguez, demasiada comprensión que deben dejar satisfecha a su base, por lo demás, cada vez más menguante según las encuestas.

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

Fuente: telam

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