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01/02/2026

Un poeta a la venta y un siniestro chanchito alcancía: dos libros de Afonso Cruz retratan la obsesión por el dinero

Fuente: telam

En la novela “Vamos a comprar un poeta” y el libro ilustrado “Capital”, el artista portugués despliega diferentes recursos para reflexionar sobre el consumismo, la insatisfacción y la desigualdad

>Su perfil recuerda el modelo de artista del Renacimiento, millonario en oficios y habilidades. El portugués Afonso Cruz (Figueira da Foz, 1971) es escritor, ilustrador, cineasta, músico y autor o ilustrador de más de 40 libros (muchos de ellos traducidos, muchos de ellos premiados como la novela La muñeca de Kokoschka, que recibió en 2012 el Premio Europeo de Literatura). Su obra se resiste a la clasificación, como si todo lo que produce, más allá de formatos y plataformas, fuera un género en sí mismo. Suele decir que no cree en el talento sino en la pasión y así, apasionadas, son sus propuestas. Dice habitualmente algo más y es que en su vida no hay fronteras entre el trabajo y el ocio. Afonso Cruz es artista 24 x 7.

El modelo de artista que encarna Cruz es poco convencional y es tal vez por eso que su obra ofrece cruces y puentes poco habituales. Hay algo en el tono de algunos de sus libros que recuerda al fado, la música popular portuguesa, posiblemente por la melancolía que impregna sus trabajos. Hay en ellos una ironía ligera, una forma también melancólica del humor y una elegancia sutil. Con esos elementos, a sus libros no le hacen falta gritar nada y, afortunadamente, Cruz no subestima al lector; por el contrario, confía en su inteligencia.

Dentro de la obra del portugués —poco conocida en la Argentina aunque más frecuentada en Colombia— hay dos títulos que dialogan entre sí y esto no tiene que ver ni con cuestiones de género ni de formato sino con una preocupación que tienen en común y es cómo afecta el consumismo el lenguaje, la vida cotidiana, la imaginación y las emociones cuando todo ya empieza a medirse en términos de utilidad, rendimiento o ganancia. Te sugiero que anotes los nombres de los libros, vale la pena: son Vamos a comprar un poeta (Libros del Asteroide) y Capital (Calibroscopio).

Publicada originalmente en 2016, Vamos a comprar un poeta es una novela breve, con muchos capítulos cortitos, que genera el entusiasmo de una fábula contemporánea. Ya desde el comienzo el lector advierte un clima de extrañamiento:

Poco después, llegará la explicación para ese mundo extraño imaginado por Cruz, en el que sucede algo inquietante aunque verosímil en un futuro cercano: las personas ya no tienen nombres y pasaron a tener números. En ese universo, en el que la fórmula de cortesía para el saludo es “crecimiento y prosperidad” y donde el aire “huele a dólares”, las personas, los objetos, los animales y hasta los vínculos se evalúan según su productividad. Todo es material, todo es mensurable, todo se rige por las reglas del mercado.

Los chicos hacen números desde la cuna y aprenden temprano a calcular el costo-beneficio de todo aquello que emprenden, desde un paseo a una conversación con amigos. Cada elemento viene patrocinado por alguna marca y es en ese contexto de vida “sponsoreada” que, a pedido de una de las hijas (la narradora de la historia), una familia decide comprar algo excéntrico e inútil: un poeta. Los termina de convencer el vendedor, cuando consultan por los diferentes modelos disponibles. Es allí cuando les cuenta la ventaja de llevarse uno: son austeros, no le dan importancia a la ropa y casi no comen, incluso a veces se olvidan de hacerlo. Solo necesitan tener a mano dos elementos, una libreta y un lápiz y algo fundamental: son muchos más limpios que los artistas, que ensucian todo con sus pinturas.

“Dimos trecientos cuarenta y dos pasos desde la tienda hasta nuestra casa. Mi padre, el poeta y yo. Una sensación extraña. Mientras caminábamos, el poeta me dio la mano. Cuando veía mariposas, se detenía a contemplarlas. Sucedió dos veces durante el trayecto”, cuenta la narradora, sorprendida por esa dosis de sensibilidad.

La poesía no sirve para nada, repiten los personajes de la novela, como quien enuncia una verdad evidente, y es justamente esa falta de objetivos y finalidad económica la que volverá al poeta demasiado perturbador, hasta llegar a ser visto como peligroso. Cruz no necesita grandes discursos para mostrar la deriva peligrosa por la que nos estamos deslizando, se sirve para eso de su imaginación y de grandes versos de grandes poetas (Walt Whitman, Robert Frost, Paul Celan, Yeats, Wislawa Szymborska, Dylan Thomas, Teresa de Ávila y muchos más) y muestra así hasta qué punto estamos abrumados de codicia y necesidad de resultados.

Capital fue publicado originalmente en 2014 y en la edición de Calibroscopio es un libro álbum de tapa dura, una suerte de ensayo visual en el que Cruz se propone pensar, a partir del dinero, cuestiones como el valor, el trabajo, y la desigualdad.

Si hubiera que apelar a una metáfora podríamos decir que por este camino de acopio infinito solo compramos insatisfacción. Y también habría que decir que, más allá de las promesas y los sueños, nadie encontró aún la solución para terminar o al menos reducir la abismal desigualdad entre las personas. Muy por el contrario, el abismo se profundiza y desde el peor de los cinismos se lo termina naturalizando. Como si en lugar de una injusticia se tratara de un destino, una fatalidad contra la cual es imposible hacer nada.

A más de una década de publicados, y con un mundo de las ideas reducido a la perplejidad y convertido en objeto de bullying, estos libros de Cruz son, a su manera, profecía y crónica de una era dominada por la especulación. Leídos en conjunto, se potencian y complementan porque la novela pone en palabras, y con humor melancólico, la misma inquietante pregunta que el libro álbum subraya desde las imágenes: ¿qué clase de humanidad estamos construyendo?

Fuente: telam

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