01/02/2026
De los vampiros al vecino inquietante, el terror nunca muere en el cine
Fuente: telam
La historia del género muestra que las películas adaptan sus temáticas para abordar ansiedad colectiva y cambios tecnológicos como representación de los conflictos de cada época
>El miedo siempre estuvo ahí, pero el cine lo convirtió en espectáculo. Desde las primeras proyecciones, el público acudió a las salas para sentir esa descarga controlada de adrenalina.
El terror funciona como un espejo. Los castillos en ruinas y las nieblas góticas de los años treinta no eran simples decorados: representaban un mundo que parecía haberse detenido, que miraba con nostalgia y temor al pasado.
Con el tiempo, las nieblas se despejaron y el terror empezó a mirar hacia el futuro. Las décadas de posguerra trajeron un pánico nuevo, más tecnológico, más científico. De pronto, las amenazas venían del espacio exterior o de laboratorios secretos: alienígenas, mutantes, experimentos que se salían de control.
El susto más inquietante todavía estaba por llegar: el que no depende de criaturas sobrenaturales.
A partir de ese momento, el horror se volvió más íntimo: el motel de carretera, la casa suburbana y la niñez misma podían convertirse en escenarios de pesadilla. Películas como La masacre de Texas (1974) o Halloween (1978) consolidaron esa sensación. Su violencia evidenciaba la desconfianza y el malestar de Estados Unidos tras la guerra de Vietnam y la crisis económica de los setenta: lo que parecía seguro –el hogar, la comunidad– podía volverse mortal.
Pero en medio del exceso, hubo cineastas que exploraron terrores más psicológicos: El resplandor (1980) convirtió a un padre en monstruo, mientras que La cosa (1982) reflejó la paranoia y el aislamiento propios de la Guerra Fría, donde el enemigo podía estar más cerca de lo que pensábamos. Lo verdaderamente espeluznante no era la criatura, sino la posibilidad de que estuviera dentro de nosotros.
En el nuevo milenio el género empezó a experimentar con nuevas formas de asustar. Surgió el found footage (metraje encontrado) con El proyecto de la bruja de Blair (1999) y después Actividad paranormal (2007), que hicieron que el espanto fuese casi documental, revelando la ansiedad de una sociedad cada vez más vigilada, hiperconectada y acostumbrada a consumir imágenes de lo real a través de cámaras y móviles.
Así, tras la experimentación formal de los primeros años del milenio, el género se abrió a propuestas en las que no solo se sobresaltaba al espectador, sino que también se comentaba la sociedad y se exploraba la psicología humana.
Hereditary (2018) y Midsommar (2019), por el contrario, llevaron el género a un horror casi operístico, en el que la fractura familiar y las dinámicas comunitarias provocan espanto, un espejo de sociedades contemporáneas cada vez más fragmentadas e impacientes. The Babadook(2014) e It Follows (2014) se encargaron de explorar el trauma, la ansiedad y la transmisión del pavor como si fueran enfermedades. Incluso el slasher regresó en versiones más sofisticadas como X (2022) y Pearl (2022), que mezclan nostalgia y reflexión metacinematográfica.
En los tres últimos años el género ha seguido explorando nuevas formas de provocar escalofríos: It Lives Inside (2023) combina terror sobrenatural y exploración cultural, mientras que La sustancia (2024) ofrece una sátira que critica la industria del bienestar. Incluso Robert Eggers presentó su reinterpretación gótica del clásico Nosferatu (2024) y, en 2025, Weapons [La hora de la desaparición] introdujo una narrativa fragmentada sobre la desaparición de niños, mezclando horror psicológico y social mientras hablaba de la infancia, la vigilancia y la seguridad en la vida cotidiana.
En un presente lleno de amenazas difusas, desde pandemias hasta crisis climáticas, el género sigue evolucionando para darles forma. Así, cada Halloween volvemos a las salas buscando ese escalofrío. Puede que ya no haya vampiros con capa ni lobos aullando a la luna, pero el vecino inquietante, el monstruo invisible o el silencio en una casa demasiado tranquila siguen funcionando. Y quizás por eso el terror nunca muere: porque siempre encuentra un nuevo rostro para nuestros miedos.
Este artículo fue publicado originalmente en [Fotos: Warner Bros. Pictures, Universal Pictures y archivo]
Fuente: telam
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