12/01/2026
Boom de demanda en el Hospital Odontológico de la UBA: los tres motivos por los que hay más de mil pacientes por día
Fuente: telam
Por segundo año consecutivo, el centro de salud decidió no cerrar en enero y febrero. Llegan personas de todo el AMBA y la consulta básica cuesta sólo 15.000 pesos
>Aitana se escabulle entre la gente, sube y baja corriendo las escaleras de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires, se esconde de Florencia, la amiguita que acaba de hacerse esta mañana de verano mientras las mamás de las dos esperan en la vereda para recibir la atención de un dentista. Las dos, que tienen una 5 y la otra 8 años, saben que la espera será larga.
Los primeros días de este 2026 no son la primera vez que el hospital escuela que depende de la UBA muestra una postal de la enorme demanda. De hecho, ya el año pasado la Facultad de Odontología dispuso que por primera vez el hospital escuela abriera sus puertas también en enero y febrero, una decisión inédita hasta 2025. “Se decidió para evitar el cuello de botella que nuestro hospital venía teniendo en marzo, que es cuando abre sus puertas habitualmente porque se inicia el ciclo lectivo”, explica Luis Rannelucci a Infobae.
“Uno de los factores clave para que tengamos esta demanda son los valores que tienen que pagar los pacientes. Estamos manteniendo los mismos costos que durante el verano pasado, y son muchísimo más bajos que en otros centros asistenciales”, afirma Rannelucci.
En concreto, la consulta inicial en la que a cada paciente se le hace una radiografía panorámica y se le completa su ficha sobre el estado de cada una de sus piezas dentales cuesta 15.000 pesos. Curar una caries, según la complejidad del caso y los materiales que requiera, cuesta entre 30.000 y 40.000 pesos, y un tratamiento de conducto, 90.000 pesos. “Las urgencias, las caries y los conductos son los casos que atendemos con más frecuencia”, confirma el director asistencial del hospital.Un implante dental cuesta en el hospital universitario, en promedio, 250.000 pesos. “Tengo que hacerme dos implantes, y en el consultorio privado en el que consulté me pidieron 800.000 pesos por los dos si encaro todo el proceso junto. Si no, me cobran 500.000 cada uno; acá me cuesta la mitad”, cuenta Luis Alberto, que tiene 71 años, es jubilado y vive en Villa Santa Rita.Tiene razón. “En las épocas de mayor demanda, llegamos a atender hasta a 1.500 pacientes por día”, le dice Pablo Rodríguez, decano de la Facultad de Odontología, a Infobae. En los primeros días de enero, de acuerdo a las cifras que maneja Rannelucci, el hospital atendió a entre 400 y 600 personas por jornada. Pero a medida que se sabe que el centro asistencial no pausa su atención en enero y febrero, el boom de demanda crece.
“Tomamos la decisión de abrir en verano porque en los últimos meses de 2025, que es cuando el ciclo lectivo empieza a terminar, veíamos que la demanda en nuestro hospital seguía aumentando”, describe Rannelucci, y sigue: “En enero y febrero la gente tiene más flexibilidad horaria porque tal vez está de vacaciones pero en la Ciudad, o no tiene tantas actividades como durante el resto del año. Por eso hemos abierto en estos meses, ya que los pacientes tienen más posibilidades de venir y evitamos el cuello de botella del primer lunes de marzo”.
Elisa, la mamá de Aitana, es trabajadora de limpieza de una fábrica que cierra sus puertas todos los años durante la primera quincena de enero y les da vacaciones a sus trabajadores, que sí o sí deben tomarlas en ese momento. “Trabajo nueve horas en la fábrica y además trabajo limpiando casas antes de volver a casa, así que es casi imposible venirme hasta acá y hacer la fila mientras estoy en la fábrica. Por eso me viene genial que esté abierto en el verano”, describe. Ya se atendió en este hospital: “Me arreglaron varias caries y me hicieron un conducto, creo que van a tener que hacerme otro”, dice, sin perder de vista a Aitana, con quien tomó el colectivo en Florencio Varela antes de las 6 de la mañana para estar entre las primeras de una fila que crece con el correr del día.“Entre el 20% y 30% de nuestros pacientes tienen obra social o prepaga y se vienen a atender a nuestro hospital. Esto es porque aunque hay que hacer fila, hay mucha atención simultánea; por los valores muy accesibles comparados con la práctica privada; y también por la disponibilidad de recursos tecnológicos, técnicos y profesionales que tiene este hospital”, describe Rannelucci.
Según estima el director asistencial del hospital, un jefe de trabajos prácticos cobra, de bolsillo, entre 250.000 y 270.000 pesos por mes por diez horas semanales de trabajo, que reparte entre la atención en el hospital y el dictado de clases en el aula. Son, apenas y por un cargo universitario que no está entre los más bajos, 6.500 pesos por hora de trabajo. “La gran ventaja que tenemos en ese sentido es que el 95% de los docentes del hospital son de dedicación simple, lo que les permite desarrollar mucho su actividad privada”, explica Pablo Rodríguez.
En el hospital, según estima su director asistencial, un ayudante de segunda cobra 130.000 pesos mensuales por diez horas de trabajo por semana. Son 3.250 pesos por cada hora trabajada. Esos salarios, aunque son por dedicación simple, tienen impacto en la renovación del plantel: “Con los sueldos que se manejan, cada vez menos profesionales se vuelcan a la docencia y ahí se pierden instancias de formación profesional en un hospital que hoy cuenta con excelentes recursos humanos”, sostiene el director del centro asistencial.
No tiene dudas: “En 2010, veíamos el crecimiento en la demanda y pensábamos que esos pacientes venían porque aquí la atención es más económica. Pero a esa brecha en los valores, que sigue existiendo, le sumamos equipamiento y todavía más excelencia en nuestros profesionales, y este es un lugar en el que se atiende con calidez porque todo se inscribe en un proceso de enseñanza y aprendizaje”.
Mientras tanto, la fila crece sobre la calle Marcelo T. de Alvear, en Recoleta, a donde llegan pacientes de todo el AMBA que extienden la espera a lo largo de la manzana que ocupa la facultad. Aitana y Florencia matan esa espera jugando a las escondidas, yendo y viniendo por las escaleras del edificio de la UBA.
Fuente: telam
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