06/01/2026
La revolución poética de Goma, una editorial de libros inusuales
Fuente: telam
La originalidad y el diseño experimental son la marca de la editorial de María Antonia Maito Rodríguez, que propone experiencias de lectura inusuales y conquista a lectores curiosos y exigentes
>Alguna vez alguien señaló el número de editoriales independientes en la Argentina. Ese número, anecdótico, que tal vez funcione para las estadísticas, es irrelevante en los hechos, porque lo significativo es la identidad que poseen, lo rico de la bibliodiversidad que trae aparejado este suceso y el aporte al mapa del sector.
Así sucede con Goma, de la argentino-venezolana María Antonia Maito Rodríguez, una editorial independiente que, como se lee en su web, “cree en la belleza de la imagen poética y en el poder del libro para transmitirla a través del lenguaje escrito y visual“. Con apenas un año de vida, dos premios en su haber, esta editorial nació con dos líneas editoriales iniciales: poesía y libros-obra de fotógrafos y artistas visuales.
Maito Rodríguez lleva tiempo vinculada con el mundo editorial, a través de revistas y suplementos culturales de arquitectura y arte. Cofundó el colectivo fotográfico La ONG Buenos Aires; editó en 2020 Error de madre, un libro con fotografías descartadas de sus hijos y breves textos poéticos, que fue finalista del Premio Internacional FELIFA.
Maito conversó acerca de esta editorial, que se “propone ser un laboratorio donde confluyen voces emergentes y consagradas, siempre con la intención de expandir los límites de lo que un libro puede ser”.
—Antes que nada, ¿cuál es el origen del nombre?—El nombre llegó después de semanas de rumiar opciones, como una meditación en segundo plano: aparecían palabras o frases, imágenes y evocaciones, pero ninguna me resultaba del todo adecuada. En paralelo, la identidad de la editorial se iba delineando con mayor claridad, hasta que un día escuché la palabra ‘goma’ y fue un momento ¡AH!Es también un sonido sencillo y directo: pocas letras, una sola palabra. Goma está lejos de la solemnidad, y eso es importante para mí: poder sostener una seriedad divertida, no banal, parecida a la que tienen los niños cuando juegan.
Podría seguir eternamente —cuando hablo de esto me pongo un poco goma [risas].
—¿Cómo nace el proyecto, que apenas cumplió un año, pero ya ha hecho olas?—El proyecto nace de un deseo largamente postergado, que empezó a materializarse durante el año de la pandemia. En ese momento, los proyectos de los que formaba parte —ligados a la fotografía y a la enseñanza— se disolvieron en ese licuado de paranoia y parálisis que fue ese tiempo. Aproveché entonces la crisis existencial para asomarme al abismo, es decir, a los archivos desordenados de mi disco duro. Allí encontré, entre otras cosas, innumerables fotos descartadas de mis hijos. Con ese material decidí hacer un libro que se llamó Error de madre. Trabajé durante varios meses con un diseñador e imprimí apenas diez copias. El proceso de materializar ese libro me produjo tanta satisfacción y placer que, en medio del vértigo pandémico, decidí que este era el trabajo que quería hacer de ahora en adelante. Error de madre fue seleccionado para el Premio Internacional FELIFA 2023 y, hace apenas unos días, también quedó finalista del premio del CdF (Centro de Fotografía de Montevideo). Sigue dándome alegrías.—El catálogo apuesta por dos géneros ambiciosos: poesía y arte. ¿Cómo se sostiene en una coyuntura complicada, teniendo en cuenta que son libros de factura compleja y costosa?
En el caso de Goma, el proyecto comenzó con una inversión inicial importante y una curva de aprendizaje intensa. Los primeros libros tuvieron tiradas demasiado grandes, marcadas por el entusiasmo y la falta de realismo. Con el tiempo aprendimos a ajustar esas decisiones, a diversificar los puntos de venta para ganar visibilidad y a construir alianzas con otros editores, libreros, ferias, que comparten una mirada similar sobre el libro como objeto cultural.
Paralelamente, tenemos otros trabajos y ofrecemos asesoría editorial para proyectos por encargo, que no integran el catálogo de Goma, pero que permiten financiar los libros que sí lo conforman. Dormimos poco. Todo esto es una forma de malabarismo permanente: a veces agotador, a veces gratificante, pero siempre creativo.
—Publicaron un libro como La ciudad oculta y apostaron por hacer un ejemplar único y original (casi invisible) que, además, juega con el título. ¿Hay una búsqueda en Goma de apostar por libros en los que la materialidad no sea un ítem más en la edición?
El poema fue censurado durante la dictadura de Pinochet y luego permaneció reiteradamente fuera de circulación, atrapado en burocracias. Nos interesaba trabajar sobre ese doble silenciamiento y convertirlo en una experiencia de lectura: un texto que existe, pero que hay que revelar. Al mismo tiempo, el poema —en su versión original, publicada por Millán durante su exilio en Canadá— se encuentra disponible libremente en PDF, como ocurre hoy con gran parte de la literatura. Ese contraste nos parece clave. En nuestra era, creemos que el objeto libro tiene que sumar una capa de experiencia para ser un verdadero hijo de su tiempo. Para disputar espacio a la digitalidad, la materialidad no puede limitarse a reproducir.
—El catálogo es muy ecléctico, ¿cómo fueron seleccionando autores y obras?Con el tiempo, los criterios editoriales de Goma se fueron definiendo con mayor claridad. Nos interesa publicar obras que asuman riesgos formales, que trabajen con el humor o la irreverencia sin perder densidad; que propicien algún tipo de juego con la materialidad del libro, como ocurrió con el proyecto de Millán. Mi formación en diseño y fotografía también atraviesa esa curaduría. Por eso, el catálogo incluye artistas visuales como Suwon Lee y Beto Gutiérrez, cuya obra dialoga con el lenguaje editorial y con una idea de libro expandido, donde texto, imagen y objeto se piensan de manera integrada.
—La identidad está marcada por la estética, los géneros, la factura, ¿están abiertos a más líneas editoriales?
Dicho esto, por supuesto que estamos abiertos a escuchar propuestas y a conocer nuevos artistas y contextos. A expandirnos. Somos de Goma, contenemos multitudes.
Fuente: telam
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