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07/01/2026

Venezuela: realpolitik vs. realismo mágico

Fuente: telam

Las primeras horas después de la operación de captura de Nicolás Maduro y su esposa, y su traslado a disposición de la justicia de los Estados Unidos, han provocado una avalancha de reacciones que, en esencia, pueden resumirse en la confrontación entre una perspectiva idealista y una realista

>Como lo expresó con claridad el Secretario de Estado, Marco Rubio, >Es cierto que pocas figuras resultan tan detestables como la de Delcy Rodríguez, pieza clave de la dictadura que en su momento tendrá también que enfrentar la justicia. Pero también es cierto que su permanencia provisional permite una transición mucho más ordenada, previsible y segura que la que podría derivarse de un vacío abrupto de poder, o peor aún un escenario de confrontación interna que resulte aún más costoso para el pueblo venezolano. En política, y más aún en escenarios post-autoritarios, el problema no es solo quién se va, sino qué queda en pie cuando se va.

Un estado no desaparece con la caída de su líder. Un gobierno responsable debe garantizar, ante todo, el control efectivo del aparato estatal, en particular de la fuerza pública. La pregunta incómoda, pero inevitable, es ésta: ¿cómo se podría garantizar la subordinación de las fuerzas armadas de una dictadura de más de un cuarto de siglo? Es previsible que ninguna figura del actual mando castrense ha llegado allí sin la aprobación directa de Maduro. Pretender que ese entramado se disuelva de la noche a la mañana es desconocer cómo funciona el poder real. Quienes, desde una expectativa idealista (pero tan poco real como el enjambre de mariposas amarillas de García Márquez) esperaban que María Corina Machado asumiera y tomara juramento de forma inmediata tras la salida de Maduro, parecen ignorar deliberadamente las estructuras militares, políticas, económicas, burocráticas y sociales construidas a hierro y fuego durante los años de la dictadura.

El realismo mágico puede ser una extraordinaria herramienta literaria pero es un pésimo instrumento para resolver una transición de poder.

Aceptémoslo sin rodeos: el derecho internacional agotó todas sus herramientas frente al caso venezolano. O quizás no existió la decisión política suficiente para utilizarlas con eficacia. Ninguna produjo el más mínimo cambio sustantivo en el comportamiento del régimen.

Maduro es el primer y único mandatario latinoamericano investigado por la Corte Penal Internacional, y esa Corte no emitió una sola orden efectiva en su contra. La Corte Interamericana de Derechos Humanos lleva décadas condenando al estado venezolano, sin que una sola de sus sentencias haya modificado la conducta del poder. Lo más relevante que han logrado los organismos interamericanos ha sido mantener actualizada la lista de presos políticos, de torturados, de ejecutados; y preservar la memoria documental del horror. Pero no confundamos registro con transformación o coerción.

¿Soberanía?

¿Qué valor tiene el argumento soberanista frente a un hecho hoy incontrovertible, confirmado por la propia operación: que la seguridad personal del autoproclamado jefe de Estado estaba en manos de agentes cubanos? La soberanía no es una consigna. Es una función. Y Venezuela hacía tiempo que había dejado de ejercerla.

La tercera discusión gira en torno a la legitimidad de la operación. Aquí también conviene abandonar el terreno de la retórica para volver a la realidad.

La operación no fue un gesto ideológico. Fue una decisión estratégica que, ¡por supuesto!, también tiene que ver con otros asuntos estratégicos para Estados Unidos como la gestión y el acceso a recursos naturales. Aunque muchos parecen escandalizados con las declaraciones del presidente Trump sobre el petróleo, resulta refrescante escuchar a un líder que lo dice claramente; la diferencia con China, Rusia, Irán y Cuba no es el interés sobre los recursos, sino que éstos y otros intereses están escondidos en retórica ideológica.

La realpolitik no promete finales felices inmediatos. Promete algo más modesto, pero infinitamente más valioso: estabilidad, orden y la posibilidad real de reconstrucción.

*El autor es empresario, estratega político y de políticas públicas y ex alto funcionario gubernamental. Es el Director Fundador del Centro Adam Smith para la Libertad Económica de la Florida International University.

Fuente: telam

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