Viernes 2 de Enero de 2026

Hoy es Viernes 2 de Enero de 2026 y son las 07:17 ULTIMOS TITULOS:

02/01/2026

Germaine Derbecq, una vida de arte, bohemia y valentía se revela en la Colección Amalita

Fuente: telam

La exposición “Éxtasis, 1899-1973″ presenta 70 obras, muchas nunca mostradas, de la artista, gestora y crítica de arte francesa, que con su espíritu audaz nunca temió reinventarse ni desafiar los límites

>Cualquier apasionado por la historia del arte argentino se cruzó alguna vez con un texto de Germaine Derbecq (París, 1899 - Buenos Aires, 1973), una de las grandes críticas y promotoras del siglo XX, a tal punto que su obra pictórica quedó un poco relegada detrás de los grandes artistas a los que cobijó en la emblemática galería Lirolay.

La exposición ofrece, en ese sentido, una mirada retrospectiva sobre su trayectoria, reuniendo más de 70 piezas que permiten comprender la amplitud de su producción y su influencia en el arte argentino, ya que además, como una especie de bonus track, se incorpora documentación, cuadernos personales y trabajos de otros artistas, lo que enriquece el recorrido y aporta contexto a su multifacético legado.

En el inicio de la exhibición se encuentra la intención de revelar el papel que Derbecq desempeñó en el ámbito cultural de Buenos Aires, con una selección de materiales documentales que revelan su actividad no solo como creadora, sino también como gestora y crítica de arte.

En otra pared, por ejemplo, se muestran unas obras hermosas de lo que fue su primera muestra al frente de Lirolay, en la que rindió homenaje a Thibon de Libian, como también de Ramón Silva y Walter de Navazio, figuras con las que mantuvo lazos personales.

La influencia de la escena parisina y del circo en la obra de la artista puede verse “en los pierrots, en las diferentes piezas de French Can Can >Con la Segunda Guerra perdió todo, “no más pinceles ni colores”, escribió, y ya en 1949 junto a su esposo, el escultor Pablo Curatella Manes, e hijo Jorge, anduvieron por Dinamarca, Noruega y Grecia antes de llegar a Argentina en los ‘50, donde promovió a la pujante vanguardia artística en la que comenzaban a asomar figuras como Marta Minujin, Alberto Greco o Jorge de la Vega, por las que apostó a través de exposiciones en Lirolay, de la que fue su primera directora.

Su relación con otros artistas y su papel como “crítica también eran un modo de hacer arte”, explicó Baeza, ya que “buscaba impulsar a sus colegas hacia una mayor intensidad en su trabajo, sin destruirlos”, como la que le realizó a Norah Borges, “que fue tremenda”, ya que decía que “perdió el vínculo con su propia pintura y así sus gestos pierden intensidad”.

Y agregó: “El vínculo con el arte era su modo de entender la vida, básicamente. Y eso se notaba en todo. Cómo se vestía, cómo se paraba, qué decía”.

Baeza recordó el impacto de una enfermedad ósea deformante y el exilio tras la invasión nazi a París como episodios que marcaron un quiebre en su vida y en su obra: “Los pasteles muestran no solo el tema de la espiritualidad, sino que ella además se quedó literalmente sin recursos. Allí conoce el hambre. Hubo un quiebre entre todavía una escena bohemia y feliz, hasta el pasaje de unas experiencias de vida muy duras, las que la obligaron a perder casi todo”.

Ya en su última etapa, en Argentina, continúa con su proceso de experimentación, a través de la serie de los “múltiples”, obras geométricas y coloridas que, según Baeza, “pueden dar infinidad de resultantes”.

Esta concepción de un arte para las masas y la apertura a nuevas formas y públicos se consolidan en sus escritos y en la compilación realizada para la muestra en conjunto con Florencia Colina.

El cierre de la trayectoria de Germaine estuvo vinculado a investigaciones ópticas, con una paleta más pop y la desmaterialización de la obra, en sintonía con los debates contemporáneos sobre el estatuto del objeto artístico.

“Germán entiende que la obra ya no es un objeto particular, es un proceso desplegado, y allí ingrensa en una variante que toca el pop y algo medio óptico”, dijo, sobre la capacidad de la artista para abandonar lo figurativo, lo autónomo y embarcarse en nuevas búsquedas a los 70 años, tras seis décadas de trayectoria.

“Germaine no tenía miedo a ocupar la escena. Eso lo recuerdan todes quienes la conocieron, tenía un gran temperamento para decir las cosas, para ir a la acción”, afirmó Baeza.

Por otro lado, en la Colección Amalita puede visitarse el recientemente inaugurado Es una muestra en la que se puede apreciar a “un maestro que además tiene un manejo del color impresionante, donde el exceso aparece en el color y donde uno queda como atrapado en esa sensualidad, en una fiesta, en la que somos al mismo tiempo espectadores y cómplices”, dijo Andrés Baur, director de ArHaus durante la presentación.

Fotos: Gentileza Colección Amalita

Fuente: telam

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

  • Desarrollado por
  • RadiosNet