31/08/2025
La cara oculta del renunciamiento de Evita: un acto forzoso en la 9 de Julio, la negativa de Perón y el descontento militar

Fuente: telam
En la liturgia peronista, el 31 de agosto es el día en que la esposa del presidente declinó ser candidata a vicepresidente, y por ese gesto la fecha tiene una significación especial. Cómo surgió la iniciativa, la idea de la CGT y qué hizo Perón ese agosto de 1951
>La idea de Evita candidata a vicepresidente para las elecciones presidenciales para el período 1952-1958 estaba en el ambiente, y los peronistas lo tomaban como algo natural e inevitable. Y ella no vio con malos ojos esa iniciativa que surgió de diversos sectores, y con mucha fuerza de la Confederación General del Trabajo, que además buscaba con esa nominación fortalecer el sindicalismo dentro del gobierno.
En julio de 1951 se dio a conocer que las elecciones, previstas para febrero, se adelantaban para el 11 de noviembre. Sería la primera elección presidencial en la que votaría la mujer. A comienzos de agosto la dirección de la CGT -que un año atrás se había incorporado orgánicamente al peronismo - aprobó la fórmula de Perón-Evita. Cuando le comunicaron al presidente la decisión, éste no se pronunció.
En el tiempo en que se discutían las candidaturas para el próximo período, el entonces vicepresidente el correntino Juan Hortensio Quijano estaba enfermo, al exgobernador Domingo Mercante lo habían borrado de la escena política cuando pensó en ser candidato a presidente en tiempos en que Perón simulaba no estar interesado esperando el momento del operativo clamor. Quedaba ella como figura reconocida dentro del peronismo.Al sanjuanino José Espejo, que desde el 3 de diciembre de 1947 era el secretario general de la CGT y además, cercano a Evita, se le ocurrió armar una concentración popular para que la candidatura surgiese de una suerte de un pedido multitudinario.Desde 1945 se le cuestionaba a Perón su relación con Eva, en tiempos en que no estaban casados y ya convivían. Fueron tiempos de sordos cuestionamientos que también alcanzaba a la familia de la mujer. En charlas en confianza con el ya presidente, en el que intercedieron viejos compañeros de armas se intentó, vanamente, de que entrase en razones. Se pretendió convencerlo de quitar a su esposa del lugar que ocupaba. Pero no hubo caso.
El ambiente estaba caldeado en los cuarteles. Los militares se habían opuesto al artículo de la Constitución que permitía la reelección presidencial y no vieron con buenos ojos la defenestración del coronel Domingo Mercante, gobernador bonaerense -sucesor cantado de Perón en la Rosada- cortándole los fondos para obras e impidiéndole la reelección como gobernador. Los militares opositores se nuclearon en una logia, a la que llamaron Sol de Mayo.Espejo desechó realizar el acto en la Plaza de Mayo porque la consideró chica. Armaron un palco sobre la calle Moreno, frente al edificio de Obras Públicas, sobre la 9 de Julio, que miraba hacia el obelisco. Ese sería el escenario del Cabildo Abierto del Justicialismo. Todo estuvo a cargo de una comisión de festejos, surgida en el seno de la central obrera.
El multitudinario acto, que contó con la presencia de gente de todo el país, porque durante la semana se fletaron trenes gratis para la ocasión, se realizó el miércoles 22 de agosto de 1951. El que habló primero fue Espejo: “Mi general, he aquí al pueblo reunido en cabildo abierto del justicialismo que viene a decirle a usted, su único líder, como en todas las grandes horas: ¡Presente mi general!”, expresó el sindicalista. “Mi general, notamos una ausencia, la ausencia de vuestra esposa, la señora Eva Perón, la sin par en el mundo, en la historia, en el cariño y en la veneración del pueblo argentino. Tal vez su modestia, que es quizá su más grande galardón, le haya impedido que se encuentre aquí presente, pero este cabildo abierto no podrá continuar sin la presencia de la compañera Eva Perón”.Eva pronunció un encendido discurso pero sin referirse específicamente a la candidatura. La respuesta no se hizo esperar.
“Compañeros, Eva Perón aún no ha dado la respuesta que todos esperamos”, advirtió Espejo. Con el acuerdo de Perón y de Evita, pidió un cuarto intermedio hasta el día siguiente para dar una contestación. La multitud se negó y exigió un pronunciamiento ahí mismo. “Usted señora, debe aceptar este sacrificio que el pueblo le pide y la patria le demanda”, exigió Espejo.“Compañeros, yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores”. Luego dijo: “Yo no quiero que mañana un trabajador argentino se quede sin argumentos cuando los resentidos, los mediocres que aún no me comprenden, digan que yo quería la vicepresidencia. Les pido, como amigos, que se desconcentren”.
Recibió una cerrada negativa. “¡Evita con Perón! ¡Evita con Perón”! coreaba la multitud. Por primera vez un acto peronista estaba por salirse de control. Quiso calmar a la multitud diciendo que al día siguiente, a las 12, daría a conocer su decisión. No hubo caso. Evita entonces pidió: “Son las siete y media, a las nueve y media contestaré por radio…”Como el clamor de la gente continuaba, Espejo tomó la palabra: “La compañera Evita nos pide dos horas. Nosotros esperaremos aquí su resolución”.
Ella atinó a decir “compañeros, yo haré lo que el pueblo quiera”, y su esposo decidió dar un cierre a lo que parecía no tener fin: “Como hay muchas señoras y niños, desconcéntrense lentamente. Como siempre, que sean muy felices, les agradezco mucho y que les vaya bien”. La gente acató, desencantada.Al día siguiente del acto en la 9 de Julio, Espejo fue a la residencia presidencial a sacarle una definición a Eva. Ella estaba en cama. Le confesó que no podía ser candidata porque no creía correcto componer una fórmula que fuera un matrimonio, y que se debía dar lugar al sector político que respondía a Juan Hortensio Quijano, el entonces vicepresidente, y que no quería saber nada con ser reelecto. Pero su decisión no trascendió.
La maquinaria militar no se quedó quieta. El 27 de agosto Eduardo Lonardi, uno de los generales opositores a Perón, pidió su relevo. Preparaba junto al general Benjamín Menéndez el terreno para lanzar al ejército a la calle. Cuatro días después una noticia lo descolocaría.Dijo que aquel día: “advertí que no debía cambiar mi puesto de lucha en el Movimiento Peronista por ningún otro puesto”.
“Estoy segura que el pueblo argentino y el Movimiento Peronista que me lleva en su corazón, que me quiere y que me comprende, acepta mi decisión porque es irrevocable y nace de mi corazón. Por eso ella es inquebrantable, indeclinable y por eso me siento inmensamente feliz y a todos les dejo mi corazón.”
Lonardi decidió no actuar. Sin embargo, Menéndez, junto otros militares retirados, lanzaron un golpe militar el 28 de septiembre. Pero el gobierno estaba sobre aviso, Menéndez se entregó arrestado y muchos de los complotados lograron escapar.
“El general Perón acaba de enterarme de los acontecimientos producidos en el día de hoy, por eso no he podido estar esta tarde con mis descamisados en Plaza de Mayo de nuestras glorias (…) Les pido con todas las fuerzas de mi alma que sigan siendo felices con Perón, como hoy, hasta la muerte, porque Perón se lo merece, se lo ha ganado, y porque tenemos que pagarle con nuestro cariño las infamias de sus enemigos que son los enemigos de la patria y del pueblo mismo”.
Tras la muerte de Evita, Perón le preguntó al ministro de Economía Ramón Cereijo si era cierto que la fundación Eva Perón había comprado las armas. Cereijo respondió que sí, que Eva había dado la orden y que eran para proteger hospitales y proveedurías. Perón mandó las armas a Gendarmería.
Fuente: telam
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