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26/04/2025

Las manos de Hamlet toman las calles de Kharkiv: cómo es hacer arte en las ruinas de la guerra

Fuente: telam

Retrato del artista ucraniano que desde hace años usa como lienzo su ciudad, devastada por los bombardeos rusos. Lo comparan con Banksy y asegura que, para él, “las calles son la mejor galería posible”

>Desde Kharkiv, Ucrania.

Aunque para el forastero el constante ruido infernal de alarma enciende el pánico, hace tres años y medio que los ucranianos naturalizaron esa forma de contaminación sonora.

“Si tenemos que refugiarnos cada vez que suena la alarma, dejamos de vivir”, dice -resignada- Nataliia, durante una cena improvisada con pizzas en el jardín descascarado del Museo Literario de Kharkiv, después de una tarde de lectura de poemas en una librería preciosa, que por momentos hacía olvidar su ubicación en el centro de la furia guerrera.

Arquitecta y diseñadora, mamá de dos chicos y de regreso hace un tiempo luego de haberse ido al comienzo de la invasión rusa a Dinamarca, Nataliia habla por ella pero eso que dice reaparece con ligeras variantes cada vez que se les pregunta a los locales por qué no corren al refugio ante el peligro. Acaso la frase de la arquitecta y esa idea (“si voy cada vez al refugio, no vivo”) sea el mejor argumento de quienes procuran mantener la cordura bajo el asedio aéreo. Un modo de evitar, tal vez, que la guerra les quite lo que aún les queda de esa forma de ser y estar en el mundo que llamamos vida. ¿Alguien puede culparlos por eso?

Gamlet Zinkivskyi (1986) nació, creció, estudió y vive en Kharkiv, que además de ser el nombre de una ciudad es también el de una región en la que hasta el 2022 el ruso era la lengua dominante. Gamlet (Hamlet, en ruso) es un artista urbano que cobró fama dentro y fuera de Ucrania porque cada día deja su huella en muros, en tapias, en puertas, en las maderas que cubren ventanas huérfanas de vidrios, en autos inutilizados, en el asfalto, es decir, en espacios que encuentra en la calle y funcionan como lienzos para su experimentación. Allí ilustra con un estilo muy personal en blanco y negro y escribe frases de registro poético y filosófico. “Las calles son mi enorme galería. La mejor galería posible”, dijo en una entrevista con The New York Times el artista que muchos comparan con Banksy (quien, recordemos, Cualquier caminata por la fascinante Kharkiv -ciudad del arte, cuna de diseñadores y arquitectos, ahora derruida por drones y misiles insensibles a su magnetismo- ofrece tesoros y la sorpresa de encontrarse con obras de mayor o menor tamaño e impacto en las que Gamlet (Hamlet) regala belleza y concepto. No es solo su ciudad es para él escenario, también hay rastros de su arte en docenas de obras en otras localidades asediadas como Mariupol, Ternopil, Izium (con el 80% de las construcciones devastadas), Odessa, Berdyansk y Dnipro. Lo de Gamlet es arte en las ruinas de la guerra y también una forma de preservar la memoria.

Hijo de una madre periodista y de un padre arquitecto y joyero, Zinkivskyi se movió en el mundo cultural desde muy joven. El nombre con el que se lo conoce no es el nombre con el que nació, sino el que le pusieron los compañeros en la universidad donde estudió y de la que se retiró sin graduarse. El artista solía recitar los soliloquios del príncipe danés de Shakespeare. El dilema existencial del “Ser o no ser” ya era entonces una cuestión relevante para el joven talento.

Vsevolod Kozhemiako, quien era su jefe en la brigada, advirtió pronto que Gamlet podía ser mucho más útil y estimulante con su arte que con su aporte militar y, desde entonces, aunque sigue preparado para combatir, lleva día a día sus obras a la calle y también vende trabajos en galerías de diversos países del mundo, mientras recolecta fondos para acciones solidarias o para apoyar la estructura militar del país.

Una de esas obras que donó para juntar dinero es una silla negra en la que pintó en blanco miniaturas de sillas de diferentes formatos, como diferentes personas o diferentes almas. Atrás escribió: “Siempre hay un lugar para tí”. La instalación está inspirada en su propio dibujo de una silla en la pared de un edificio en Kharkiv y salió a remate hace unos meses.

“Durante los últimos tres años Hamlet Zinkivskyi ha continuado explorando temas como la memoria, el tiempo y la vida cotidiana, manteniendo su distintivo estilo gráfico en blanco y negro”, explica Iryna Polikarchuk, directora y curadora del programa público de la galería Artsvit en Dnipro, Ucrania. Experta en arte contemporáneo, Iryna cuenta que “sus murales, dibujos y objetos han adquirido cada vez más una dimensión sociopolítica, especialmente en el contexto de la guerra a gran escala”.

Según la especialista, el foco de su arte radica “en las experiencias de pérdida, la vida en la evacuación y las formas de documentar una realidad transformada, trabajando a menudo con archivos, fotografías documentales y textos”. Sus proyectos recientes, cuenta además Iryna, “suelen tomar la forma de diarios o cartas, lo que permite fusionar lo personal con lo universal”.

En conjunto, su trabajo es una explosión de sentido porque genera identificación y emociones en personas que transitan su misma experiencia de impotencia dolorosa. Todo es, en definitiva, una experiencia colectiva.

Las frases que acompañan las obras de Gamlet -creaciones efímeras o no tanto- siempre están escritas en ucraniano y eso que podría ser pasado por alto para alguien que desconozca el combate cultural que subyace en la guerra en Ucrania, es en sí mismo una declaración de principios. Tal vez la explicación última se halle en uno de sus trabajos, en el que advierte: “Mata a la cultura rusa en tí o te matará”.

En otra, dibujó restos de armas letales sobre una pared y la ironía amarga se destaca en la inscripción: “`Semillas`” rusas en suelo ucraniano >En otro muro, una lluvia de llaves recuerda -por si alguien lo hubiera olvidado- que hay personas que nunca más volvieron a entrar a sus casas ya sea porque murieron bajo las bombas o porque debieron desplazarse o exiliarse. Allí escribió, a la manera de un poeta: “Las llaves pierden a sus puertas”.

Además de ser el creador de una obra de dimensión estética, Zinkivskyi se propone además un trabajo con la información y con el género documental. Y es que tanto sus imágenes como sus textos no solo son consuelo para sus conciudadanos sino también una forma de combate contra la narrativa enemiga.

Su arte urbano acompaña así también el proceso de recuperación cultural y la eliminación de nombres y monumentos rusos en un rediseño profundo del paisaje urbano que va más allá de la recuperación de edificios que están haciendo arquitectos expertos en restauración, también una forma fabulosa del arte. A diferencia de lo que seguramente imaginaba encontrar el Kremlin en esas ciudades colmadas de rusohablantes, la violencia alejó a los ucranianos y se convirtió en la razón principal abandonar la lengua madre y adoptar el ucraniano.

“Mi nombre es Gamlet y soy artista. Pero lo más importante es que soy una persona que conoce a otra persona, que conoce a otra persona y que a su vez conoce a otra persona: así es cómo funciona. A veces me pregunto quién soy. Algunos días me subo a la camioneta de Natya y no tengo idea de qué va a pasar después. Si vamos a ir a ayudar a algunos chicos con comida y remedios o si me voy a ir a Izium a pintar.”

Sigue así: “Todos los días arranco algo de tiempo para hacer un pequeño dibujo con texto en la cocina acerca de lo que vivimos. O me voy al campo de tiro pero siempre pasa que no sé dónde estaré a la noche: mi deseo siempre es estar en mi casa, dibujando, pero posiblemente voy a estar en un tren yendo a algún lugar. Tal vez algunos combatientes me vengan a buscar y nos vayamos juntos a algún lugar de la región.”

Fuente: telam

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