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01/04/2025

Por qué la extrema derecha 2.0 está obsesionada con la antigua Roma

Fuente: telam

El recurso de la antigüedad romana para reflexionar sobre la política del presente posee una dilatada tradición histórica, que sigue muy presente en la cultura de masas contemporánea

>Mundus sine Caesaribus. Es decir, “un mundo sin césares”. Esa es la frase que Jay Graber, CEO de Bluesky, llevó impresa en su camiseta a una conferencia reciente.

Aunque Zuckerberg, reconocido admirador del emperador Augusto, parece el principal candidato de la crítica que planteaba el mensaje de Graber, no es descabellado pensar también en Elon Musk, como dueño de X, o incluso en Donald Trump, cuyas políticas autoritarias se comparan habitualmente con el cesarismo –ahora “tecnocesarismo”– o incluso con las de emperadores como Calígula o Nerón.

El recurso de la antigüedad romana para reflexionar sobre la política, la sociedad o la comunicación del presente es una práctica comparativa recurrente, con una dilatada tradición histórica, y que sigue muy presente en la cultura de masas contemporánea.

En particular, la extrema derecha –desde la propia etimología de la palabra fascismo y los mitos imperiales mussolinianos, pasando por el nazismo y el franquismo, hasta el presente– se ha servido de una determinada imagen de la antigua Roma como referente. Por supuesto, una imagen sesgada y ahistórica, pero potente en términos políticos.

La Antigüedad toma Internet

En 2018 Zuckerberg publicó un influyente libro en el que advertía sobre la fijación que ciertas comunidades online de extrema derecha mostraban hacia algunos autores grecolatinos. La historia y la literatura clásica volvían a estar al servicio de los ideales patriarcales y supremacistas blancos, advertía la autora. La novedad era el formato digital, aunque a mediados de la década pasada esas comunidades todavía fuese una minoría.

Volviendo a Roma, la figura de Trump como un “gladiador americano” también fue recurrente. El estratega político Steve Bannon, otro hombre obsesionado con las “raíces grecorromanas”, jugó un papel relevante en aquella campaña digital. Recientemente ha tenido a bien honrarnos con un supuesto “saludo romano” –es decir, nazi-fascista–, siguiendo a Musk y al actor Eduardo Verástegui.

Relectura del pasado para el presente

Aunque el saludo poco tenga que ver con Roma, sí que encontramos numerosos ejemplos compartidos por el propio Musk en su red social. Además de sus ínfulas de mecenas multimillonario –tampoco inocentes–, asiduamente postea citas en latín, algunas erróneamente atribuidas, o reivindica la necesidad de un nuevo Sila, general y político romano del siglo I a. e. c. que durante la primera guerra civil republicana controló Roma con puño de hierro liderando sangrientas proscripciones contra sus opositores políticos.

Especialmente recurrentes han sido las alusiones a la decadencia y caída de Roma para establecer un paralelismo con una supuesta decadencia actual de EE. UU. Esta narrativa, vinculada a diversos movimientos antidemocráticos, ha sido particularmente útil durante la administración Biden y la campaña electoral. Desde que Trump ganó las elecciones el enfoque, por supuesto, ha cambiado.

No son ejemplos banales, ya que el impacto que memes, imágenes y vídeos creados mediante IA tienen en la percepción popular sobre el pasado es un tema de estudio que preocupa a los historiadores.

Concretamente, uno de los ejemplos citados cosechó más de 137 millones de visualizaciones. En él se indica que “Los malos tiempos crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean hombres débiles y los hombres débiles traen los malos tiempos”. Ese meme, símbolo de la masculinidad tóxica, se ha extendido por internet desde al menos 2016, predominantemente dentro de comunidades online de extrema derecha.

El “Make Rome/America Great Again” tuvo versión española. Durante la campaña para las elecciones generales de 2016, Vox publicó un spot titulado “Un nuevo comienzo”.

En ese caso, la conexión con Roma se encontraba en las alusiones visuales y narrativas que remitían a la influyente película Gladiator (2000). Santiago Abascal caminaba entre campos de trigo como si fuera un nuevo Máximo, mientras entonaba un discurso supuestamente épico que aludía a “no dar una batalla por perdida”, al “honor”, los “viejos orígenes” o la “pelea perpetua por la libertad”.

El mundo actual mira al pasado

A principios de marzo, Ventura publicaba una imagen creada con IA en la que se ve su rostro con un irreal atuendo de “militar romano”, con un difuminado anfiteatro y una bandera portuguesa de fondo. La frase que acompaña a la imagen deja pocas dudas sobre sus políticas de odio: “¡Ha llegado el momento de luchar por Portugal y por la limpieza que necesita este país!”.

Podemos aprender mucho estudiando el pasado romano si aplicamos una mirada crítica y no complaciente, lo que implica el filtro de las y los profesionales en la materia. Pero también podemos aprender mucho del estudio de los modos en que ese pasado se reinventa constantemente para explicar nuestro presente y tratar de influir en él. A ello se están dedicando proyectos como Pharos, Marginalia Classica, ANTIMO o ANIHO, al que yo pertenezco.

Pero invocar ese pasado para defender una determinada cosmovisión en el presente suele ser un ejercicio rentable en términos políticos. En cualquier caso, esa evocación del pasado suele ser casi siempre, y según para quién, un jugoso espejismo. Pero no es una lección de Historia.

Fuente: telam

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