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24/03/2026

Hijos de víctimas y represores: el libro que expone las marcas familiares de los años 70

Fuente: telam

A través de más de treinta testimonios, 'Hijos de los 70: historias de la generación que heredó la tragedia argentina' reconstruye cómo la violencia política de los años 70 impactó en la identidad, los vínculos y la vida cotidiana de hijos de desaparecidos y de militares

El libro Hijos de los 70: historias de la generación que heredó la tragedia argentina reúne, en más de treinta testimonios, las voces de los hijos de víctimas y de victimarios de la violencia política en la Argentina de los años '70. Carolina Arenes es periodista y escritora, coautora de la obra publicada en 2016, que sigue abriendo preguntas sobre el pasado y el presente del país. Los testimonios exploran el impacto de aquellas violencias sobre la vida familiar, la identidad y las relaciones sociales.

El proceso de investigación y escritura del libro se extendió durante varios años. Arenes detalló en Infobae en Vivo Al Mediodía: "Salió en marzo de 2016, para los cuarenta años del golpe. Terminamos de entregarlo justo para esa fecha". En el prólogo, se describe la búsqueda que atravesaron las autoras, desde el primer encuentro con una hija de un alto mando militar hasta las entrevistas con hijos y familiares de desaparecidos, condenados y exiliados.

La periodista también explicó el propósito del trabajo: "Nuestro esfuerzo no fue un ensayo de reconciliación. Reflejamos ciertos encuentros que ya existían. En 2010 comenzamos el largo camino de entrevistas". En ese recorrido, muchos de los entrevistados cambiaron su disposición a colaborar o decidieron no mantener el contacto, según Arenes.

Arenes relató que una de las mayores dificultades del proceso fue registrar los testimonios en condiciones de alta sensibilidad y conflicto familiar. Destacó episodios en los que hijos de represores, como Liliana Furió, compartían su experiencia en espacios públicos y describían el punto de quiebre en las relaciones, cuando "es imposible sostener el diálogo porque niegan el horror o lo reivindican".

Entre los episodios recogidos en la obra, una carta publicada en un medio de Mendoza por la hija de un militar revela: "Siento que los fantasmas de los desaparecidos pesan sobre nosotros, los hijos de los militares". Además, el libro recoge el testimonio de una psicoanalista que trabajaba en una obra social de las Fuerzas Armadas y que había estudiado el efecto de esa herencia entre los hijos de victimarios.

En una parte del libro, según precisó la autora, se narra el momento en que el hijo de un desaparecido y el hijo de un militar condenado se abrazan en un tribunal. Arenes recordó: "Después del juicio, el hijo del militar se acercó al hijo de la víctima y le dio un abrazo. Era una imagen muy impactante". El testimonio anónimo de la hija de un general durante la dictadura fue el inicio de nuevas líneas de investigación para las autoras.

El libro muestra distintas posiciones frente a los juicios por crímenes de lesa humanidad reabiertos en 2006. Arenes subrayó: "Había hijos que defendían la inocencia de su padre y cuestionaban la legalidad de los juicios. Para ellos, todo estaba viciado". Sin embargo, durante las entrevistas, algunos de esos familiares se enfrentaban a nuevas pruebas, incluso reconociendo el papel de sus padres.

En Hijos de los 70, el diálogo entre hijos de víctimas y victimarios evidencia las marcas de la violencia política. Arenes relató: "Encontramos historias en las que los hijos se cruzaban en tribunales o en espacios comunes, reflejando una convivencia compleja incluso después de varias décadas".

Uno de los fragmentos más recordados por los lectores corresponde a Mariano Tripiana, hijo de un desaparecido. Enfrentado a la posición de un hijo de militar que negaba las desapariciones, apuntó: "Por lo menos ustedes pueden llevar una flor a la cárcel. Nosotros no sabemos dónde están". Sobre el alcance de un posible punto de encuentro, Arenes consideró: "No hubo ningún esfuerzo de reconciliación en nuestro libro. Registramos los encuentros que existían y los límites que exponían las propias historias".

El trabajo de las autoras indaga el pacto de silencio y la falta de información por parte de los perpetradores. Arenes señaló: "Nunca dieron información. Si vos obedecés órdenes que van contra las leyes, también estás cometiendo un delito".

La periodista subrayó el carácter doloroso de la búsqueda: "El año pasado se encontró al Nieto 140. Nunca apareció un nieto gracias a la información aportada por alguno de los perpetradores. Trece personas se encuentran. Nunca, pero nunca, los perpetradores dieron información para ayudar a cerrar heridas".

Durante la charla, se evocó el indulto otorgado en los juicios de la década de 1980: "El indulto no habla de inocencia, sino de perdón", recordó Arenes. Se señaló el vacío producido entre la obediencia debida y el punto final, y cómo benefició a quienes buscaron el olvido.

La autora destacó la dimensión humana que atraviesa las relaciones familiares, aun en el núcleo del horror. Sobre una de las hijas entrevistadas, afirmó: "Debo separar: por un andarivel está mi padre, el que me quería, y por otro lado, el acusado en los juicios".

Arenes reflexionó sobre el modo en que las nuevas generaciones acceden a estos relatos. "En 1983, la democracia incorpora el golpe en los textos escolares. Se genera una conciencia sobre derechos humanos que no existía", explicó. Remarcó, además, que la comprensión no solo depende del Estado o de la escuela: "Se requiere también de un esfuerzo y una responsabilidad personal como ciudadana o ciudadano".

En relación al contacto con los entrevistados a lo largo de los años, la periodista sostuvo que algunas personas mantuvieron una participación pública, mientras que otras se alejaron o se reinsertaron en sus ámbitos locales o incluso en el exilio. La historia de Luciana Ogando, que nació en cautiverio, ilustra la complejidad de reconstruir identidades marcadas por la violencia y el desarraigo.

La autora mencionó, además, el crecimiento de agrupaciones como Hijos Desobedientes y la visibilidad de figuras como Analía Kalinec. Gran parte de estos movimientos, relató Arenes, surgieron tras la publicación del libro y los intentos judiciales de limitar ciertas condenas a represores.

Sobre el contexto actual, Arenes observó que el pacto de silencio entre militares persiste y que no se han dado datos relevantes para encontrar a los desaparecidos. Opinó que abrir los archivos para 2040 solo beneficiaría a los investigadores, pero no otorgaría reparación a las familias.

Recordó que los crímenes, las víctimas y la falta de información siguen afectando a la sociedad y a las futuras generaciones. "Las abuelas que se murieron y las que se van a morir sin haber encontrado a sus nietos. 300 nietos que no se encontraron. Las historias siguen abiertas", lamentó.

La charla concluyó con el reconocimiento de la dimensión profundamente personal que representan estas historias familiares. "Sentís. Y vivís con esa contradicción", sostuvo la escritora.

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