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24/03/2026

El mismo monstruo, distintos ojos: cómo piensa hoy la literatura a la última dictadura militar

Fuente: telam

Argentina tiene una tonelada de libros que analizan con minuciosidad los estragos de Videla, Massera y compañía. A 50 años del golpe, se publicaron dos novelas �una de Waldo Cebrero, otra de Mónica Zwaig� que construyen una mirada original y una forma lateral de volver a mirar la masacre

El dolor no se va. Muta, cambia, se oculta, se reprime, pero sigue ahí. Somos un país que aprendió a no bajarle la mirada. La marea negacionista a veces sube, a veces baja; el monstruo está ahí, nosotros también. Este remendado cuerpo social que llamamos Argentina aprendió a recorrer las huellas de la última dictadura militar: los hechos centrales, los detalles, los nombres, la violencia, la complicidad, los gritos, los silencios. Tenemos libros de a toneladas. Esta semana las librerías los pusieron en vidriera.

Se ha escrito tanto sobre la dictadura, el golpe del setenta y seis, los centros de exterminio, el plan del norte, el neoliberalismo adentro del caballo de Troya, las condiciones previas, lo que legó. No se agota porque todavía muchos milicos y sus cómplices civiles guardan el secreto, pero sobre todo, fundamentalmente, porque el dolor también produce imaginación �pequeñas y gigantes formas lúdicas de combatir la muerte� y en este país roto e imbatible tenemos de sobra. De sobra.

�Cómo se para hoy la literatura frente al monstruo? �Cómo lo rodea, cómo se acerca a sus fauces, cómo le arranca una originalidad? Mientras el país se devora a sí mismo en una recesión llena de memes, la cultura se estandariza en esquemas de golpes de efecto y los debates se vuelven burbujas autocelebratorias, la literatura todavía puede, �qué puede?, seguir alimentan la gran máquina argentina de la imaginación. Hoy: Ropa prestada de Waldo Cebrero y Avisale a mamá de Mónica Zwaig.

La historia empieza en el ropero. Un padre y un hijo sacan ropa y juegan a disfrazarse. Pero hay uno de esos trajes que no tiene el tono lúdico y divertido de los demás. Uno de esos trajes tiene el peso de la historia. Exige, ya no parodia ni grotesco, sino respeto. Es el uniforme del represor Raúl Pedro Telleldín, jefe del Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba, que funcionó como base de torturas y operativos ilegales durante la última dictadura. �Por qué está ahí? "Poneteló. Dale, pa, poneteló".

Waldo Cebrero es periodista y docente de la Universidad Nacional de Córdoba. Después de guionar y producir documentales y de escribir los cuentos de Mecanismos primitivos publica esta suerte de novela de no ficción. Se titula Ropa Prestada y se editó por el sello Los Ríos. El ropero (y el traje) lo devuelve al pasado, a la investigación de Telleldín para un libro que nunca pudo. Ahora es padre de Vicente, hay una bebé en camino, y su mujer le dijo: "No quiero que esa cosa esté en la casa cuando nazca Helena".

"Parecía la piel usada de una serpiente. El cuero de una bestia", es la primera descripción de aquel traje. Se lo dio su hijo, el abogado Carlos Telleldín, acusado de participar en el encubrimiento del atentado a la AMIA, luego devenido "rey de los sacapresos", una tarde lluviosa de 2015 en su casa de Castelar, junto a su octava esposa con su décimo hijo a úpa. Y la historia se abre más cuando le dice: "A mí me metieron en la causa AMIA los enemigos de mi padre que estaban en la SIDE".

Cebrero se construye como falso protagonista, como el detective de una historia que une dictadura militar, pasado y presente familiar (su familia se amplía también hacia atrás: es hijo y nieto de policías) y de una insistente narración metaliteraria, que se vuelve metaperiodística y que se pregunta por el libro que está escribiendo mientras lo está escribiendo: "�Había una única forma de escribir ese libro? �Sobre qué quiero escribir?" �Sobre el dueño del uniforme? �O sobre por qué todavía lo tengo conmigo?"

Es la biografía esquiva o una postbiografía de Telleldín, el hombre que "manejaba una dotación de hombres y mujeres crueles, que tenían la misión de exterminar opositores, especialmente de izquierda. Su sello fueron las bombas: mandó a explotar oficinas públicas, redacciones de diarios, comercios, casas particulares y hasta las tumbas de sus propias víctimas. En el D2, ubicado a metros de la plaza principal de Córdoba, fueron torturadas cerca de dos mil personas, muchas de las cuales están desaparecidas".

Como biografía política, como crónica periodística, como diario personal, pero sobre todas las cosas, y aquí está su valor, Ropa prestada funciona como artefacto deforme que reproduce, según el botón que se toque, los distintos colores del gran horror argentino. Están los amarillos y verdes más prístinos, los azules más terribles, pero también los marrones más cotidianos �el pardo, el ocre, el canela� que nos recuerdan que ese monstruo sigue presente en los detalles. No hay que taparse los ojos.

Avisale a mamá empieza en la escuela. Es el grado cero de la pregunta por la historia del país. Teo tiene que hacer una monografía para aprobar Ética de segundo. El tema es libre y para alguien que a priori no le interesa nada de nada es un problema. Y lo resuelve levantando la vista del celular. Vio un libro que decía "Historia de la última dictadura militar" y empezó por ahí. Dos semanas después de evitar el tema vuelve al celular y le pregunta a la inteligencia artificial. Esa IA ya está personalizada: se llama Seba.

Teo tiene un vínculo singular con Saba, es una especie de amigo virtual. Le pregunta cosas pero también conversan. En ese sentido, el libro está escrito en el presente más urgente, ese que se toca con el futuro, y reproduce el chat que Teo tiene con Saba como si estuviéramos frente a la pantalla. "No sé nada del tema y me parece un torre", le dice Teo, y enseguida aparece el malentendido entre humano y máquina. �Qué significa un torre? Lo que sigue es una larga enumeración de títulos relacionados a la dictadura.

Mónica Zwaig, su autora, nació en Francia en 1981 porque sus padres se exiliaron. En 2007 se vino a vivir a la Argentina y trabajó como abogada en el CONADI y el CELS en los juicios de lesa humanidad. Tiene dos novelas, Una familia bajo la nieve y La interlengua, y una obra de teatro: Cuarto intermedio: guía práctica para audiencias de lesa humanidad. Acaba de publicar Avisale a mamá por el sello Siglo Veintiuno. El libro está pensado para un público juvenil ensimismado y visiblemente despolitizado.

La novela se abre con la aparición de los amigos, de eso que llamamos livianamente comunidad. Mora, una compañera que había elegido el mismo tema que él, le cuenta que su mamá la llevaba a la marcha del 24 de marzo desde que es una bebé. De todos modos el vínculo es lejano: una amiga de su abuela fue desaparecida por los militares. También aparecen dos amigos. Mirko dice que "los montoneros ponían bombas y mataban gente" y Ana le pregunta si "por eso tenían derecho a matarlos también".

Teo vuelve a Saba, su IA, y empieza con preguntas simples, como qué es la dictadura, qué es una desaparición forzada. Saba responde como la IA obediente que es pero de pronto le dice: "Tenés el pelo muy largo, deberías cortarte un poco". "�Qué estás diciendo?" "Son tiempos complicados hijo, no podés andar así con el pelo largo y la campera de jean, te parecés a ellos". "�A quién? �Hijo? Te desconfiguraste, Saba" "Te parecés a un guerrillero (...) No te metas en nada raro, por favor".

La forma en la que irrumpe esa voz extraña en una trama que se pretendía banal y simplista logra imponer algo del terror ominoso que está en la esencia de la dictadura misma. Durante todos estos años ese intenso miedo social se lo fue incorporando a la lejanía, convirtiéndolo en una pieza de museo, pero la literatura, con su capacidad inventiva, con su máquina de la imaginación, puede recordarnos el verdadero tamaño de la bestia. Mirar al mismo monstruo con nuevos ojos. Y entender que no está muerto.

Fuente: telam

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