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23/03/2026

"No hay palabras que puedan calmar ese dolor": de la confesión de Sharon Stone al libro de Giselle Krüger

Fuente: telam

La actriz estadounidense contó que perdió nueve embarazos y sacó de abajo de la alfombra lo que sufren las mujeres cuando ocurre una pérdida perinatal. La escritora argentina pasó por el streaming de Infobae para hablar sobre este tema tan complejo y silencioso

La irrupción de Sharon Stone en un debate público sobre la pérdida gestacional puso en primer plano el fenómeno del duelo silenciado tras un aborto espontáneo. La actriz reveló que perdió nueve hijos en estas circunstancias y remarcó que la sociedad obliga a las mujeres a transitar el dolor en soledad, señalando la falta de compasión y empatía como una consecuencia directa de una visión social marcada por la ideología masculina. La declaración avanzó más allá de la anécdota personal: denunció un sistema que, en sus palabras, resulta "negligente cuando conviene, ignorante en los hechos y violentamente opresivo".

Mientras en foros internacionales la discusión comienza a politizarse, en Argentina varias voces reflejan la misma tensión y confirman que la experiencia de la pérdida perinatal ocurre con mayor frecuencia de lo que el entorno está dispuesto a admitir. Giselle Krüger, periodista y autora de la novela Desmadre, afirmó que el dolor es intransferible y que el silencio social sólo lo agrava: "Cuando te sucede, la soledad te arrasa", dijo en el streaming de Infobae. Krüger llevó adelante una investigación con diez mujeres que atravesaron pérdidas gestacionales y familias completas, e incluyó la visión de médicos, enfermeros neonatales y parejas, buscando reflejar una vivencia extendida y transversal.

Giselle Krüger relató que la motivación de su novela fue aportar luz sobre una experiencia "tan trágica que nadie está exento de que le suceda". Destacó que la exclusión del tema lleva a una especie de negación social: "Nadie lo menciona cuando te pasa, nadie te dice '�y el bebé?' como si no existiera". Según la autora, los comentarios están teñidos de trivialización y negación, con frases como "ya vas a tener otro", "eras joven", o "no era para vos", que minimizan el trauma y el proyecto de vida depositado en el embarazo.

Entre los testimonios recogidos por Giselle Krüger, emergió el denominador común del aislamiento. La autora expuso que, antes de la aparición reciente de algunas prácticas, los padres salían del hospital sin posibilidad de despedida, "con las manos vacías y todo ese amor encima sin tener a quién dárselo". En muchos casos, la sociedad niega legitimidad al duelo, privando a la familia de una licencia o espacio institucional para procesar la pérdida. La autora manifestó: "No hay palabras que puedan calmar ese dolor, y no sólo porque no existen, sino porque el entorno no habilita el derecho a manifestarlo".

Krüger también se refirió a la aparición de salas de despedida y prácticas como el uso de bebés reborn, muñecos hiperrealistas que algunas familias emplean en terapias de acompañamiento tras una pérdida. Explicó: "Están pensados para que puedas atravesar un duelo más real, porque la soledad de la despedida es dolorosísima". Aclaró que su uso debe estar mediado por acompañamiento profesional y por tiempo limitado, ya que el límite entre elaboración del duelo y confusión emocional puede ser delicado.

Una de las consecuencias más inesperadas que Krüger recogió de las mujeres entrevistadas fue la persistencia del dolor a lo largo de los años. Todas, incluso aquellas que luego fueron madres, reconocieron no haber superado el episodio. "La mayoría llora y me dice: 'No me di cuenta de lo sola que estaba, no me di cuenta de lo que me afectó. Yo pensé que lo tenía superado'", expresó.

Krüger entrevistó a diez mujeres que pasaron por la pérdida gestacional y a dos parejas, además de médicos y enfermeros neonatales, para su novela Desmadre. El relato explica que la ausencia de espacios para compartir el dolor o realizar un duelo ritualizado no siempre se suple con nuevos embarazos: "Ese dolor te queda y si no lo llorás, no lo ubicás en algún lugar de tu vida, haciéndole una mención a un ritual, no te lo sacás de encima fácil".

Las especialistas consultadas y quienes participaron en la conversación coincidieron en que la pérdida gestacional, sobre todo antes de la semana doce, es mucho más común de lo que se reconoce en los círculos familiares o sociales. Krüger detalló: "Por eso nadie lo cuenta hasta los tres, cuatro meses", y sugirió que la frecuencia del hecho convive con una cultura de silencio que refuerza la sensación de aislamiento.

El abordaje institucional también se revela insuficiente. No existen licencias específicas para quienes atraviesan abortos espontáneos, salvo casos con complicaciones médicas, lo que obliga a muchas familias a volver a la rutina sin tiempo para el duelo. Consultada sobre la presencia de la culpa, Krüger explicó que el sentimiento aflora porque la experiencia ocurre en el cuerpo de la mujer, aunque es un proceso que afecta a toda la pareja. "El dolor de la mujer es intransferible. Por más que el hombre acompañe, no se puede transferir ese dolor", relató sobre las conclusiones de su pesquisa para Desmadre.

La autora remarcó que incluso los comentarios bienintencionados �como "ya vas a volver a tener otro"� pueden ser dañinos. Para Krüger, el acompañamiento debe centrarse en la presencia silenciosa, el apoyo y la empatía: "A veces es mejor no decir nada, dar un abrazo, llevar un vaso de agua, estar para escuchar, que me parece mucho más valioso que tener que decir algo". La periodista y escritora afirmó que la superación exige reconocer el hecho, procesarlo y permitir espacios de acompañamiento. Su novela, basada en las voces de quienes atravesaron el duelo, busca, según sus palabras, que el libro "se sienta como un abrazo" para los que enfrentan este dolor.

Fuente: telam

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