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22/03/2026

"Necesitábamos un lugar para los cuatro": el libro que reúne a dos hijos con sus padres desaparecidos

Fuente: telam

Martín y Ana Julia Bonetto tenían quince meses y cuarenta días, respectivamente, cuando se produjo el secuestro. No se acuerdan de quienes les dieron la vida, pero los reconstruyeron en "Hubo una vez un patio"

Una de las cosas que saltan al oído cuando uno habla con los hermanos Bonetto, es una vacilación justo en los lugares donde no se vacila jamás. "Estas cosas las recuperó mi tía, mi mamá, bueno, mi tía", dice Martín. O, dice: "Después mi viejo se murió, mi tío, cuando yo tenía diecisiete años". Entonces, �tía o mamá? �Viejo o tío? Las dos cosas, claro, las dos cosas: los padres de Martín y Ana Julia -Roberto Bonetto y Ana María Mobili- fueron secuestrados por la dictadura el 1� de febrero de 1977, cuando Martín tenía quince meses y su hermana Ana Julia, 40 días. Martín creció con los Mobili, en La Plata y su hermana en Olavarría, con los Bonetto. Entonces tuvieron tíos que también fueron padres. Y tuvieron los mismos padres pero, también, distintos.

Con 350 kilómetros de por medio, Martín y Ana Julia Bonetto tuvieron que construirse como hermanos, tampoco eso fue simple y evidente. Eso se hizo con muchos cumpleaños, visitas, palabras. Y ahora con un libro, en el que reunieron poemas guardados de la madre, recuerdos, vivencias y testimonios de gente que conoció a los padres. Un libro muy visual, muy bien diseñado, con muchas fotos de infancia y fotos de cómo siguió a vida y esa tremenda foto en la que ellos están con el esqueleto del padre, identificado en 2010. Un libro donde, explican, por fin puedan estar los cuatro juntos.

"Quiero que hagamos este libro no sólo para contar nuestra historia sino para descubrirla", escribe Martín bien al comienzo. "Para ver si hay en mí algo de papá y mamá".

"Yo necesito un lugar físico para los cuatro", dice Ana Julia. "Estuvimos solo dos meses los cuatro juntos. (�) Un libro es un espacio donde podríamos estar juntos para siempre".

Y lo hicieron. Tardaron mucho más de lo que planeado, pero lo hicieron. Sale ahora, que se cumplen 50 años del golpe, 49 desde el día en que Martín se quedó en lo de los vecinos de atrás con un pantaloncito de pijama y Ana Julia con pañales y bombachita de goma mientras un comando militar revolvía, destrozaba y saqueaba la casa� y se llevaba a sus padres. Sale ahora que el clima, dicen, está raro y de pronto les gritan en las redes cosas como que sus padres bien muertos están. O que las Abuelas son "chorras". "No tienen ni idea de las cosas que dicen", dirá Martín �que hoy es un reconocido fotógrafo-en la charla con Infobae. Con cara extrañada lo dirá: no tienen idea.

Roberto era arquitecto, había militado en la Juventud Peronista, en la Juventud Universitaria Peronista, en La Plata. Ana María estudiaba Psicología, daba asistencia en barrios de emergencia y cárceles y también militaba en Montoneros.

-�Cómo arrancó este libro?

Martín Bonetto: -Teníamos esta caja que estaba llena con todos las, los poemas que escribía mi mamá, todas las fotos que quedaron, porque cuando entraron se llevaron todo, rompieron toda la casa y se afanaron todo. Pero estas cosas las recuperó mi tía, mi mamá, yo a mi tía le digo mamá, Alejandra. Y un día Ana Julia dice: "Bueno, me gustaría tener un libro, algo donde podamos estar todos juntos". De la editorial (Planeta) nos pusieron a un periodista, Roli Villani, para que nos ayudara. Estuvimos con una exnovia de mi papá, con una mujer que militó con él, o con la gente de Olavarría. Y él estaba ahí escuchando. Entonces, iba armando. Y después nosotros nos metimos sobre esa historia y empezamos a darle un orden. Después la llamé a (la fotógrafa) Nora Lezano, que la conozco de toda la vida. Y ella le dio un orden al caos. Eso me abrió la cabeza a mí y yo me quedaba tipo hasta las cuatro o cinco de la mañana buscando imágenes y decía: "Ah, acá va tal cosa, acá está esto". Y lo que le gustaba a Ana Julia era que cada capítulo era como una puerta que se abría, de una habitación de esa casa.

-Martín, tenías quince meses. �Te acordás algo de tus padres?

MS: -No nos acordamos. Lo que sabemos son cosas que nos contaron. Una vez fui a visitar la casa, en los años ochenta me llevó mi mamá. Estaba la mujer de la casa de atrás, la señora que nos recuperó ahí en ese momento. Yo tenía cinco, seis años, no me acuerdo. Ahora hay una foto en el libro donde está la puerta, la llevé a mi hija ahí. Quisimos entrar, pero no atendió nadie. Fui tres veces y nunca me atendió nadie.

-Durante la escritura del libro, �descubrieron cosas que no sabían?

MS: Yo, todo. Porque Ana Julia siempre hizo un proceso de reconstrucción, desde adolescente. Y yo no. De hecho, la caja esa que estaba llena de cosas, estuvo siempre en mi casa de La Plata y Ana Julia se la llevó para Olavarría cuando tenía diecinueve, veinte años. Y yo no supe nada de la caja hasta que empezamos el libro. Así que yo me enteré de todo.

AJB: -Durante la escritura del libro aparecieron muchísimas cosas. Y también las vamos absorbiendo de forma distinta. No es lo mismo cómo me pegó algo a los dieciséis años que a los treinta o ahora a los cincuenta siendo madre. Más allá de que había cosas que sabíamos, cobraron otro sentido.

-Me imagino que también hay en esto una especie de reconstrucción de los padres de ustedes y, de alguna manera, de la identidad de ustedes. Darse cuenta de que uno hace algo igual al papá, o le gusta tal cosa como la mamá..

AJB: -Vimos en un recorte de diario que mamá había sido elegida por Javier Villafañe en un concurso de cuentos. Y resulta que yo hice la carrera de títeres, donde se estudiaba vida y obra de Javier Villafañe. Y también trabajé con títeres en el penal de Sierra Chica y el primer trabajo de ella fue en el penal de Sierra Chica.. y así.

-Ana Julia, en el libro contás que cuando eras chica y te preguntaban por tus padres ibas cambiando de versión. Que estaban de viaje, que ya venían.. �Cuándo supiste lo que había pasado?

AJB: -Creo que de alguna forma lo sabíamos todos. Lo que no queríamos era, tal vez, conectar directamente con ese dolor definitivo que era que no iban a volver nunca más. Saber, se sabía lo que pasaba. Pero vivía como medio en un cuentito: tocaban el timbre, sonaba el teléfono, se estaba ahí, expectante. El tema de no mudarse de casa, también. Por si volvían. Ya después fui creciendo y me fui amigando con la idea de que sí, estaban muertos. Y en la adolescencia, cuando empezás a rebelarte, conectás con todos los dolores juntos.

-�Cómo fue eso, crecer como hijos de desaparecidos? Les tocó parte de la dictadura y les tocó la posdictadura, �Cómo fue eso?

MB: -Mi caso fue muy distinto del de Ana Julia. Yo salía de mi casa y me presentaba: "Soy hijo de padres desaparecidos, pero vivo con mis tíos y tengo una hermana biológica que vive en Olavarría, pero a mis tíos les digo 'papás� y a mis primos les digo 'hermanos'". Así era mi carta de presentación. Era, no sé, raro. Tenía compañeros, Celina y Luciano, que también eran hijos de desaparecidos y vivían con sus abuelos. Y había otros en otros grados, cosa que a Ana Julia no le pasó. Ana Julia salía y mentía. A mí nunca me dio vergüenza, sentía: "Soy hijo de, de padres desaparecidos, como que mis padres eran importantes". Y sigo orgulloso de los padres que tuve.

-�Y la respuesta siempre fue buena?

MB: -Nunca tuve problema con nada de eso. Recién hace poco, cuando subí la foto de mi viejo, de los huesos. La puse en Instagram y ahí un par me bardearon. "Mejor que está muerto tu viejo"; o "Zurdo, qué venís a poner... Terminé sacando la foto.

AJB: -Siempre digo que cuando llegué a La Plata a los diecisiete, dieciocho años y conocí a H.I.J.O.S, no lo podía creer. �No tenía que explicar nada! Porque en Olavarría era estar explicando todo el tiempo, mintiendo. Más allá de que son veintinueve los desaparecidos de Olavarría, yo ahí me sentía muy sola.

-�Qué pasó cuando tuvieron hijos?

AJB: -Un tema fue a la salida de la escuela, ver a los otros abuelos. Sentía; qué lindo hubiera sido� Paralelamente se murió mi tía, la que me crió. Y mi suegra. Entonces quedamos como en una orfandad en cuanto a estos viejos, a estos pilares familiares. De a poquito, se lo fui contando. Hoy, que tiene quince años, está contento con el libro, se agranda, dice: "Mirá, tengo un libro". Va por las librerías con los amigos, muestra. Está orgulloso de sus abuelos también. Quiere saber, quiere conocer. Es muy de preguntar. "�Cómo te sentiste vos, mamá, con todo esto?"

MB: -Yo tengo dos, Joaquín y Josefina. Me pasó que estar todo el tiempo comparando las edades. Hasta que llegó el momento en que ya pasé la edad de mi papá y a veces les digo: "Bueno, ustedes que me tienen a mí y no me dan bola. Pensar que yo no tuve papá". Y salgo con eso, que es malísimo. Pero me sale, "Loco, me tienen a mí acá, vamos a hacer tal cosa", porque yo ya no tenía papá para poder hablar, para poder hacer algo. Y el libro� les está costando.

-Es muy fuerte la foto con los huesos de su papá. �Dudaron en ponerla?

AJB: -Yo estaba de acuerdo con la foto de los huesos en el libro, sí, pero no con esa foto en las redes, para nada. En el libro sí, en el libro siento que están cuidados, que están adentro de nuestra casa.

MB: -Llegó a las redes porque hubo una muestra, que organizó Daniel Merle, por el Día del Padre.. Y bueno, yo la foto que tenía con mi papá era esa.

-Claro.

MB: - Entonces, la mandé, pero hice una obra, como si fuera el posteo de una selfie en Instagram, lo que nunca fue. Si te fijás, dice "treinta mil me gusta". Después la muestra se replicó en las redes.

-�Y la decisión de incluirla en el libro?

MB: -Es una foto periodística, es un testimonio total. Son dos hijos reencontrándose con su padre.

AJM: -En el libro, el tema de la foto me parece fundamental porque se ve claramente en qué estado nos entregaron a papá. Están todos los agujeros de bala. Así que me parece un documento fundamental.

-�Cambió el vínculo entre ustedes con el libro?

AMJ: -Nos costó el vínculo porque no solo se llevaron a nuestros padres, sino que destrozaron a una familia. En su momento, se tomó la decisión de que creciéramos con familias distintas y estuvo muy bien, fue lo que pudieron hacer. Pero, bueno, eso se llevó un montón de momentos y de construcción de nuestro vínculo. Nunca habíamos estado tan cerca como con el libro. De hablar tanto del tema, de ir juntos a buscar tal o cual material, de ver qué nos pasaba� este libro fue la gran excusa para volver a encontrarnos nosotros, para afianzar nuestra hermandad. Y estar acá los cuatro juntos, como queríamos.

(Fotos: Martín Bonetto)

Fuente: telam

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