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19/03/2026

Yacimientos en riesgo: cuáles son las refinerías clave que Irán amenaza con destruir en Medio Oriente

Fuente: telam

La escalada de ataques y represalias modifica el mapa de la infraestructura vital para la exportación de crudo y gas, generando incertidumbre en los mercados internacionales y comprometiendo la estabilidad de las cadenas industriales globales

Los principales complejos energéticos del Golfo Pérsico continúan este jueves en estado de alerta tras una escalada que amplió el foco del conflicto hacia infraestructura industrial crítica. El ataque contra el campo de gas South Pars derivó en una represalia de Irán contra las refinerías de sus vecinos en el Golfo Pérsico que amenaza con convertirse en un cataclismo económico mundial.

Instalaciones en Arabia Saudita, Qatar y Kuwait quedaron bajo presión en las últimas horas, en una secuencia de ataques y amenazas dirigidas a nodos clave de exportación y procesamiento de energía.

En Arabia Saudita, la terminal de Ras Tanura �uno de los principales puntos de salida de crudo del mundo� suspendió operaciones ante amenazas con drones. En Qatar, el complejo de Ras Laffan, responsable de una parte significativa del gas natural licuado global, registra incendios y daños.

El complejo petroquímico de Jubail, también en Arabia Saudita, permanece bajo alerta con evacuaciones preventivas. En Kuwait, la refinería Mina Abdullah quedó fuera de servicio tras un ataque confirmado.

La ofensiva se concentra en instalaciones que funcionan como nodos del sistema energético global. Ras Tanura no solo canaliza exportaciones de crudo, sino que articula rutas logísticas hacia Asia y Europa. Ras Laffan, por su parte, es uno de los principales centros de licuefacción de gas del mundo, clave para el abastecimiento de mercados que dependen del GNL tras la reconfiguración energética posterior a la guerra en Ucrania.

En paralelo, complejos como Jubail y Mesaieed, también en Qatar, concentran buena parte de la capacidad petroquímica del Golfo. Desde allí se producen plásticos industriales, resinas y derivados que alimentan cadenas de suministro en múltiples sectores. La interrupción simultánea de estos polos no implica solo una reducción de oferta energética, sino una disrupción en cascada sobre industrias que operan con inventarios ajustados.

La escala del impacto también está vinculada a la dificultad de reemplazo. A diferencia del crudo, que puede redirigirse entre mercados, la capacidad de refinación y procesamiento está geográficamente concentrada y requiere infraestructura específica. La pérdida parcial de estos complejos reduce la flexibilidad del sistema energético global y expone su dependencia de un número limitado de instalaciones críticas.

La amenaza sobre estos puntos críticos introduce un riesgo directo sobre el sistema industrial global. Las refinerías y plantas petroquímicas del Golfo no solo abastecen combustibles, sino insumos esenciales para la industria. Polímeros, fertilizantes y compuestos químicos dependen de estos complejos, cuya interrupción puede trasladarse a sectores como la automatización, la electrónica y la producción agrícola.

La interrupción en Ras Laffan afecta insumos como amoníaco y urea, centrales para fertilizantes, con impacto potencial en los rendimientos agrícolas en distintos mercados.

El daño a la infraestructura añade un factor de largo plazo. A diferencia de crisis energéticas centradas en el transporte, la destrucción de unidades de refinación implica tiempos de recuperación prolongados. Equipos como torres de destilación pueden tardar hasta dos años en ser reemplazados, lo que limita la capacidad de respuesta del sistema.

El mercado ya refleja la tensión. En tres días, el Brent pasó de 85 a niveles superiores a los 110 dólares por barril, en un movimiento comparable a episodios de alta volatilidad como la crisis petrolera de 1973. El alza implica una transferencia de recursos desde economías importadoras hacia países productores.

En las últimas semanas, el foco del conflicto se concentró en el Estrecho de Ormuz, donde las restricciones al tránsito y la caída del tráfico marítimo alteraron el flujo energético global. Ahora, ese escenario se amplía con la apertura de un frente paralelo sobre infraestructura en tierra: los ataques a refinerías y complejos petroquímicos introducen presión directa sobre la capacidad de producción y amplían el alcance del impacto económico.

Fuente: telam

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