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16/03/2026

El regreso estratégico de Estados Unidos al hemisferio

Fuente: telam

Por años, América Latina y el Caribe han ocupado un lugar secundario en la agenda geopolítica estadounidense. Ese ciclo ha terminado

La reunión Shield of the Americas, recientemente celebrada en Miami, marca el regreso estratégico de Estados Unidos al hemisferio occidental. Convocada por el presidente Donald J. Trump, reunió a una docena de jefes de Estado y dos presidentes electos de la región con un objetivo explícito: construir una coalición hemisférica para enfrentar al crimen organizado transnacional y restablecer la estabilidad estratégica del continente. No se trató solo de una reunión protocolaria; fue el lanzamiento formal de una nueva etapa en la política hemisférica de Washington.

Por años, América Latina y el Caribe han ocupado un lugar secundario en la agenda geopolítica estadounidense. Ese ciclo ha terminado. El hemisferio occidental pasa a ser un espacio de interés vital.

La lógica que sustenta este cambio está claramente expresada en la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, publicada en noviembre de 2025: "Estados Unidos debe mantener una posición preeminente en el hemisferio occidental, porque de ello dependen su seguridad y su prosperidad." Hoy vemos esta premisa convertirse en un principio operativo de política exterior.

La reunión en Miami también refleja una preocupación geopolítica más amplia: la creciente presencia de China en sectores estratégicos de América Latina, desde infraestructura y energía hasta telecomunicaciones y puertos. Para Washington, la estabilidad del hemisferio no es solo una cuestión de seguridad interna. También forma parte de la competencia estratégica global por influencia económica, tecnológica y política.

Este giro comenzó con un episodio que envió una señal clara y fuerte la operación del 3 de enero de 2026 para la captura del dictador venezolano y su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico y crimen organizado. El mensaje fue contundente. Washington está dispuesto a actuar cuando un régimen estatal se convierte en plataforma del crimen transnacional.

Venezuela no es necesariamente el centro de esta historia, sino un momento clave de la hoja de ruta resumida en "enlist" y "expand", como lo expresa claramente la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Esta hoja de ruta combina dos instrumentos complementarios: disuasión frente a estructuras que amenazan la estabilidad regional y cooperación con los países que comparten valores y objetivos.

Ese enfoque estratégico se combina con una táctica claramente pragmática. El caso venezolano lo demuestra. Bajo el actual gobierno transitorio, Washington ha restablecido relaciones diplomáticas y ha promovido una acelerada transformación en la industria petrolera. Por ejemplo, la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada hace unas semanas, reduce el control directo del Estado y permite una participación más amplia de capital privado nacional e internacional. El nuevo marco legal flexibiliza el régimen fiscal, abre espacio para contratos directos con inversionistas y restablece mecanismos de arbitraje internacional para resolver disputas, elementos indispensables para reconstruir confianza jurídica en el sector. El gobierno de transición también ha iniciado una revisión integral de los acuerdos petroleros firmados desde hace varios años para alinearlos con el nuevo marco regulatorio y con estándares internacionales de inversión.

En conjunto, estos acontecimientos son la evidencia de la consolidación de una nueva política hemisférica estadounidense basada en seguridad, estabilidad institucional, apertura económica y cooperación directa con los Estados Unidos. La reunión Shield of the Americas y la constitución de la Americas Counter Cartel Coalition representan el paso más reciente, y más ambicioso, en la implementación de esa estrategia. Todo esto nos pone ante un nuevo momento de la relación hemisférica.

América Latina y el Caribe tienen más de 600 millones de habitantes, abundantes recursos estratégicos, una población urbana creciente y una base de talento joven cada vez más conectada digitalmente. El potencial está ahí, sin duda alguna. Las ventajas competitivas de la región van desde la geografía y los recursos naturales hasta las bondades de la cercanía cultural y los valores compartidos, entre otras. Sin embargo, la dificultad de transitar hacia el desarrollo de la región sigue siendo real. La ventaja es que en el contexto actual, ese desarrollo no es solo un interés regional. Es también un interés estratégico para Estados Unidos y para la estabilidad del hemisferio.

La pregunta ya no es si América Latina y el Caribe tienen potencial para desarrollarse. La pregunta es si sus países serán capaces de construir las instituciones, la infraestructura y las alianzas necesarias para aprovechar el momento estratégico que el hemisferio tiene hoy frente a sí.

Después de décadas en las que Washington minimizó la importancia de la región, hoy se encuentra de regreso en su agenda estratégica. Y esta vez, todo indica que Estados Unidos actuará en consecuencia.

*El autor es empresario, estratega político y exdirector de Políticas Públicas de la Casa Blanca. Es el Director Fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University.

Fuente: telam

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