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13/03/2026

Empresarios y obreros de paro, dos muertos en un atentado y el Mundial 78 en el horizonte: "Se habla de Golpe en todos lados"

Fuente: telam

En la antesala del 24 de marzo de 1976, crecía la versión sobre una inminente interrupción del orden democrático. Las fuerzas de seguridad daban cuenta de los "abatimientos de extremistas" mientras un diputado impulsaba una denuncia por desaparición de personas

"Se habla de Golpe en todos lados. Realmente el país está harto de vivir sin esperanzas y empieza a pensar en un pronunciamiento militar". Lo dijo Francisco Manrique, presidente del Partido Federal, en un acto ante empresarios agropecuarios bonaerenses el 13 de marzo de 1976.

Faltaban apenas once días para que las Fuerzas Armadas derrocaran al gobierno de María Estela Martínez de Perón e implementaran su plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición forzada de personas. En las semanas previas a esa toma por asalto del poder, la Argentina estaba convulsionada en lo económico, lo social y lo político, y la convicción de que se acercaba un golpe militar estaba extendida.

En las declaraciones públicas de distintos integrantes de cada una de las Fuerzas Armadas, los más encumbrados y los no tanto, se repetía siempre una palabra: "subversión". Ese día, uno de los que la pronunció fue el coronel Dardo Argentino Oliva, director del Liceo Militar General San Martín de Campo de Mayo.

En su discurso de inauguración del ciclo lectivo dijo: "La república es conmovida por una crisis que compromete la fe en el país y por ello invocamos la protección de Dios para que nos dé, precisamente, fe en el éxito del cumplimiento de nuestra misión como Ejército que, en conjunto con la Marina y la Fuerza Aérea, ha declarado abierta y decididamente una guerra sin tregua y acérrima al enemigo ideológico que se humedece las manos con la propia sangre de hermanos, medrando en la oscuridad de la subversión artera y del terrorismo, que sólo busca el caos, destruyendo libertades, sepultando tradiciones y pretendiendo convertir en polvo los valores que han constituido los pilares de nuestro sistema de vida y de nuestra nacionalidad".

Ese mismo día, la Fuerza Aérea anunció a su nuevo jefe de prensa, Luis Nicotra, un comodoro retirado. El acto de oficialización en el cargo fue en la sede del Comando General de esa fuerza y allí se aseguró: "En estos momentos, las Fuerzas Armadas tienen la responsabilidad casi total de la lucha contra la subversión. El pueblo, la ciudadanía toda, necesita conocer cuál es el accionar de las Fuerzas Armadas". En la conferencia de prensa que se ofreció esa tarde estaban el comandante general de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, y el jefe del estado mayor general, Omar Graffigna.

Agosti conformaría la primera de las juntas militares que ocuparon el poder desde ese 24 de marzo, junto a Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera. Graffigna haría lo propio durante el gobierno de la segunda junta, en sociedad con Roberto Viola y Armando Lambruschini. Agosti resultaría condenado como autor de crímenes de lesa humanidad durante el Juicio a las Juntas de 1985. La condena judicial a Graffigna llegaría décadas después, con la reapertura de los juicios. Pero para eso todavía faltaba.

Hacia mediados de marzo de 1976, la debacle económica ocupaba buena parte de la preocupación de los argentinos y de las tapas de los diarios. Eduardo Zalduendo, presidente del Banco Central, volvió de una misión que partió a Estados Unidos en busca de un crédito del FMI con menos dinero del que había ido a buscar. El Fondo aseguró 130 millones de dólares para la Argentina, pero Zalduendo, de acuerdo a lo que había planificado junto al ministro de Economía Emilio Mondelli, había ido con un objetivo de 300 millones de dólares.

"Hemos conseguido lo que fuimos a buscar", disimuló Zalduendo en sus declaraciones públicas. Mientras tanto, el comentario en las esferas más altas de la política ante ese anuncio era: "Zalduendo hizo lo que pudo". En medio de esa confirmación con gusto a muy poco, la única actividad oficial que constó en la agenda presidencial de Isabelita fue su asistencia a una misa oficiada en la capilla de la Quinta de Olivos.

Mondelli, que ya había presentado el plan económico que se conocía popularmente con su apellido, ya había advertido para ese entonces que el país podía caer en cesación de pagos. Para ese entonces, el Congreso no había aprobado un Presupuesto para el Estado pero el ministerio a cargo de Mondelli ya había ajustado al alza el déficit previsto para ese año, sobre todo teniendo en cuenta la escalada inflacionaria.

Fue en ese contexto de escalada de precios que distintas seccionales dependientes de la CGT o las 62 Organizaciones empezaron a manifestarse incluso en contra de la conducción principal de esas dos centrales obreras y a hacer escuchar sus reclamos de un incremento salarial ajustado por el costo de vida. Mientras los principales dirigentes gremiales a nivel nacional, empezando por Lorenzo Miguel, de la UOM, hacían saber su apoyo al gobierno peronista, las bases obreras empezaban a votar paros, especialmente los trabajadores de la sanidad y de las industrias automotriz, mecánica y metalúrgica.

Por esos días, Rosario, Neuquén y Córdoba concentraban la mayor cantidad de manifestaciones en busca de ajustes salariales de hasta el 50%. Los gremios que no estaban en absoluto representados ni por la CGT ni por las 62 Organizaciones eran los más radicalizados.

A la vez, la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA) llamó a un paro empresario para hacer saber que no eran sólo los trabajadores quienes se oponían al "Plan Mondelli". A través de un comunicado, hicieron saber que centenares de firmas bonaerenses pondrían en pausa su producción durante una jornada en protesta por los controles de precios y los costos cada vez más disparados.

También emitió un comunicado la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones de Jubilados y Pensionados de la República Argentina: llamaban a concentrarse en la Plaza de Mayo el 17 de marzo para "denunciar haberes de hambre ante la enorme carestía que produce la política económica".

A lo largo de todo el país, la Policía Federal y la Secretaría de Comercio controlaban estrictamente los precios de diversos artículos de primera necesidad. Recorrían los comercios en busca de infractores que cobraran más de lo que estaba permitido y labraban multas a quienes acaparaban stock de esos productos a la espera de un precio que les conviniera más.

El mundo seguía con atención el destino de Suleimán Frangié, el presidente que había sido derrocado en Líbano pero que se negaba a dimitir si no le presentaban una petición firmada por al menos dos tercios de la Cámara de Diputados de su país. Además de esa condición, Frangié ponía otra aún más difícil de lograr: que dimitiera antes el general Aziz Al Ahdab, quien acababa de protagonizar el golpe de Estado en su contra.

Cuba, con Fidel Castro a la cabeza, apuntaba sus críticas más duras al gobierno de Mao Tsé-Tung en China. La primera plana del diario oficial Granma describía a ese régimen como "una verdadera dictadura burocrático-militar" y a la "presunta revolución cultural" como "crueles persecuciones disfrazadas". China había apoyado recientemente al gobierno militar de Chile, encabezado por Augusto Pinochet, y Cuba reaccionaba a esa toma de posición.

En la costa de la región francesa de Bretaña, después de resistir vientos de hasta 140 kilómetros por hora durante siete semanas, se partió en dos un buque petrolero griego con capacidad para 275.000 toneladas de crudo. No hubo muertos porque la embarcación ya había sido evacuada varias semanas antes de su trágico naufragio.

Pero aunque las noticias sobre el Líbano incluso llegaban a la primera plana de los diarios argentinos, la información más resonante de ese 13 de marzo de 1976 giraba en torno de la profundización de la crisis económica y de una serie de atentados ocurridos en Córdoba.

El más grave destruyó el restorán Rancho Grande y la confitería Stakel de la capital provincial. Las fuerzas de seguridad confirmaron la muerte de dos personas en la confitería, además de comensales de ambos lugares con múltiples lesiones y quemaduras. "Los autores se identificaron como integrantes de una organización extremista", sostenía el parte policial.

Ese mismo día, cerca de ahí, incendiaron una moto en una estación de servicio y se detonaron bombas molotov en una confitería de una ruta provincial, así como bombas con panfletos en el centro de la ciudad. Dos custodios de uno de los directivos principales de la empresa Perkins fueron asesinados frente a la vivienda del hombre al que debían proteger. "Resultaron ametrallados desde un auto en marcha", describió la Policía. En una de las rutas de la provincia, siempre según lo comunicado por las fuerzas de seguridad, se arrojó una bomba incendiaria desde una camioneta estanciera contra un colectivo.

En Santa Fe, estalló una bomba incendiaria en la casa de Pedro Domingo Visconti, un gerente de producción de una fábrica de productos de goma. El Ejército informó: "En un procedimiento en Tucumán fue abatido un extremista". El informe elaborado por esa fuerza describía: "Fue detectado un grupo de aproximadamente tres delincuentes subversivos en los alrededores de Choromoro, 50 kilómetros al norte de San Miguel de Tucumán (...) El grupo de delincuentes intentó eludir la acción de las fuerzas legales. No obstante, fue posible dar muerte a uno de ellos, aún no identificado. Sin bajas en las fuerzas legales".

Ese mismo día, el presidente de la Cámara de Diputados de Córdoba, Oscar Eduardo Valdez, convocó a una reunión "para debatir el auge de la violencia". Quería que participaran referentes de los tres poderes de esa provincia y de los organismos de seguridad, e instaba a que se conociera información sobre doce personas que estaban denunciadas como desaparecidas en ese momento en territorio cordobés.

En Buenos Aires, más específicamente en el Hotel Sheraton de Retiro, la Comisión Especial de Prensa de la FIFA se presentó ante los periodistas para dar su impresión sobre cómo avanzaban las obras de infraestructura de cara al Mundial que Argentina alojaría en 1978. Durante esa visita, recorrieron las canchas de River, Vélez y Rosario Central, así como la obra de construcción del Estadio Mundialista de Mar del Plata. Dejaban pendiente para una nueva visita de otra comitiva las obras en Mendoza y Córdoba. Se mostraron satisfechos y aseguraron que, de mantenerse ese ritmo y esa calidad de trabajo, la Argentina podría brindar una Copa del Mundo a la altura de las que se habían organizado en otras sedes.

El Mundial 78 estaba en el horizonte. El Golpe de Estado, también.

Fuente: telam

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