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05/03/2026

De la risa constante al abismo: las últimas horas de Alberto Olmedo y la madrugada que dejó a la Argentina en shock

Fuente: telam

De sus orígenes en Rosario a la cima del éxito, y de allí a una madrugada que cambió la historia del espectáculo argentino. Lo que ocurrió tras la función de "Éramos tan pobres" en Mar del Plata, la reconciliación amorosa que lo llenaba de ilusión y el anuncio de una paternidad que hacía aún más inesperado el desenlace

El sábado 5 de marzo de 1988 amaneció con tragedia en la ciudad de Mar del Plata. Una noticia tan sorprendente como impactante causaba una verdadera conmoción: Alberto Olmedo había muerto al caer desde el balcón del departamento que ocupaba durante la temporada de verano.

Eran aproximadamente las 7:45 de la mañana cuando su cuerpo se desplomó contra el suelo frente al edificio Maral 39, ubicado sobre el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos al 3600. Vivía allí en el piso 11, departamento A, uno de las tantas unidades alquiladas cada verano por artistas que trabajaban en los teatros de La Feliz.

A las 8:30, cuando las primeras patrullas policiales ya habían acordonado el lugar, la noticia era un hecho consumado: el humorista más popular del país, el hombre que llenaba salas y dominaba la televisión argentina, había muerto a los 54 años.

La escena de aquella mañana quedó grabada en quienes llegaron temprano al lugar. Algunos transeúntes que caminaban por la zona costera fueron los primeros en advertir que algo había ocurrido. Desde los balcones de edificios cercanos empezaron a asomarse vecinos, mientras los móviles policiales confirmaban que se trataba del actor que lideraba la temporada teatral. La incredulidad dominaba todo. Horas antes, Olmedo había terminado una función exitosa y había regresado a su departamento como tantas otras noches de ese verano.

Para entender el impacto de esa muerte hay que retroceder en la historia del propio Olmedo, que no empezó en los escenarios más famosos sino en otra ciudad y en otro contexto.

Su historia comenzó en Rosario, donde nació y creció en un ambiente popular que marcaría su identidad artística. Antes de convertirse en figura nacional trabajó en distintos oficios y se acercó a la televisión casi de manera casual. Quienes lo conocieron en esa etapa recuerdan que ya tenía algo distinto: un humor físico muy marcado, una velocidad mental para improvisar y una naturalidad que lo hacía conectar con el público sin esfuerzo. Aquella combinación sería, años después, la clave de su éxito.

Cuando llegó a Buenos Aires, la televisión argentina atravesaba un momento de expansión. Los canales buscaban nuevas caras, y Olmedo apareció con un estilo que rompía con lo establecido. No se limitaba a decir el libreto: lo modificaba, lo desbordaba, jugaba con los tiempos del humor y con la complicidad del público. Esa forma de trabajar generó primero sorpresa y luego un fenómeno de popularidad que se consolidó durante la década del setenta y especialmente en los años ochenta. Sus personajes y su forma de actuar se volvieron parte del lenguaje cotidiano de millones de espectadores.

Sin embargo, además de la televisión con clásicos como El botón, El Chupete, No toca botón y Las aventuras del Capitán Piluso junto al inolvidable Humberto Ortiz en el personaje de Coquito, había otro territorio donde Olmedo se movía con una libertad particular: el teatro de revista en el verano. Cada temporada en Mar del Plata repetía el mismo fenómeno. Las salas se llenaban, el público buscaba entradas con anticipación y el humorista se convertía en el centro de la actividad nocturna de la ciudad. La temporada de 1988 no era la excepción.

Ese verano encabezaba el espectáculo "Éramos tan pobres", una revista que dominaba la taquilla del Teatro Tronador. El elenco reunía nombres muy conocidos del circuito teatral y televisivo. Entre los protagonistas estaban Javier Portales �su histórico compañero humorístico�, César Bertrand, Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Divina Gloria y Romina Gay, además de un cuerpo de bailarines y actores que completaban la estructura del espectáculo. La dinámica del grupo era intensa: ensayos por la tarde, función por la noche y encuentros posteriores donde se comentaban detalles de la obra, reacciones del público y los cambios que Olmedo improvisaba sobre la marcha.

Después de muchas funciones, el elenco tenía un lugar habitual para cerrar la jornada: el restaurante Hamburgo, en la zona de Avda. Colón y 14 de Julio. Allí se reunían con frecuencia. Las mesas largas, la comida abundante y el clima de camaradería eran parte del ritual de cada noche. Olmedo solía ser el centro de esas reuniones. Contaba anécdotas, recreaba situaciones del escenario y muchas veces terminaba improvisando escenas que hacían reír incluso a otros clientes del lugar. Era, según recuerdan quienes trabajaban allí, un cliente habitual y muy reconocido.

Pero aquel verano no era uno más en la historia de la ciudad. Semanas antes, Mar del Plata había quedado sacudida por un hecho policial que ocupó portadas en todo el país: el asesinato de Alicia Muñiz a manos de su pareja, el ex campeón mundial de boxeo Carlos Monzón. El episodio había ocurrido el 14 de febrero de ese mismo año y provocó un impacto enorme en la sociedad argentina. En el ambiente artístico, la noticia se comentaba a diario, y muchos recordaban que Monzón había tenido vinculos con distintas figuras del espectáculo, incluido el propio Olmedo, de quien era muy amigo. La coincidencia de tragedias en la misma ciudad terminaría marcando a fuego ese verano.

La noche del viernes 4 de marzo comenzó con normalidad. La función de "Éramos tan pobres" fue un éxito, con el público respondiendo con risas constantes y aplausos prolongados. Varios integrantes del elenco recordaron después que Olmedo estaba particularmente animado, improvisando más de lo habitual y jugando con sus compañeros en escena. El final del espectáculo tuvo el clima típico de una temporada exitosa: saludos, fotos, comentarios en camarines y planes para la madrugada.

Después de la función, parte del elenco fue a cenar como de costumbre. Olmedo, en cambio, decidió retirarse antes. Aquella noche se reencontraría con su pareja de entonces, la actriz y vedette Nancy Herrera. La relación entre ambos había atravesado momentos intensos y otros más conflictivos, pero en esos días parecía estar recorriendo una etapa de reconciliación. En el departamento del Maral 39 la noche continuó con conversación, música y champagne. Incluso se mencionó que Herrera había dejado escrito un mensaje amoroso en el espejo que decía "Te amo". Alberto estaba exultante porque sentía que habían salvado la pareja. Y más aún, cuando ella le contó que estaba embarazada (N de la R: Albertito, el hijo de ambos nació el 26 de octubre de ese año).

La madrugada avanzó sin que nada pareciera fuera de lo habitual para quienes vivían la rutina de la temporada teatral. Sin embargo, cerca de las 7:45 ocurrió el hecho que cambiaría todo. Olmedo salió al balcón del departamento del piso once. Desde allí se veía el mar y la avenida costera que a esa hora empezaba a tener movimiento. En ese momento, según la reconstrucción posterior basada en testimonios y declaraciones, el humorista comenzó a jugar con la baranda del balcón. Era un gesto que algunos allegados describieron como parte de su personalidad temeraria, una mezcla de humor físico y desafío. Estaba feliz, pleno porque su amada le daría un hijo.

La situación cambió en segundos. Olmedo perdió el equilibrio. Herrera intentó sujetarlo desde el interior del departamento. Hubo un instante breve de desesperación. Él habría alcanzado a gritar que se estaba cayendo, con ese tono dramático que usaba incluso en situaciones tensas. El intento por sostenerlo no alcanzó. Lo que surgió de las declaraciones de Nancy, quién estaba adentro intentando sujetarlo, fue que comenzó a jugar peligrosamente: se subió a la baranda y, en un gesto que muchos describieron como una broma que salió mal, perdió el equilibrio. "�Me caigo, mamita, me caigo! �Agarráme la pierna!", imploró con su habitual dramatismo en los últimos instantes. Ella intentó sin éxito sostenerlo. Finalmente, cayó desde el undécimo piso al jardín del edificio Maral 39, rebotó contra la vereda y terminó en el asfalto boca abajo.

El ruido del impacto alertó a los primeros testigos. Algunas personas que caminaban por la zona se acercaron sin saber exactamente qué había pasado. Cuando reconocieron al actor, la escena se volvió irreal. En pocos minutos llegaron policías, ambulancias y personal de seguridad del edificio. El cuerpo fue hallado en el frente del inmueble, y rápidamente se estableció que la caída había sido mortal.

Mientras tanto, la noticia empezaba a propagarse por el ambiente teatral. Integrantes del elenco de la obra fueron avisados casi al mismo tiempo que los primeros periodistas llegaban al lugar. La reacción fue de incredulidad absoluta. Muchos habían compartido la noche anterior con Olmedo y recordaban su energía en el escenario. La idea de que hubiera muerto horas después resultaba imposible de asimilar.

La investigación a cargo del juez Pedro Federico Hooft comenzó ese mismo día. Se tomaron declaraciones, se analizaron las circunstancias, se reconstruyó la secuencia de los hechos y se descartó la intervención de terceras personas. La conclusión oficial determinó que se trató de un accidente, producto de la pérdida de equilibrio en el balcón. Sin embargo, como ocurre con muchos episodios que involucran figuras públicas, con el tiempo aparecieron versiones alternativas, especulaciones y discusiones que alimentaron el mito alrededor de aquella madrugada. Algunas hablaban de un posible suicidio, del estado emocional del actor, otras de la intensidad de la noche previa y del consumo de alcohol y drogas. Ninguna logró modificar la conclusión oficial del expediente.

Con el paso de las horas, el impacto nacional se volvió evidente. Radios, canales de televisión y diarios interrumpieron su programación para informar la noticia. El país entero descubría que uno de sus artistas más populares había muerto en circunstancias tan inesperadas como trágicas. En Mar del Plata, la temporada teatral quedó marcada de manera irreversible por ese hecho. Las funciones continuaron, pero el clima ya no era el mismo.

Muchos años después, quienes formaron parte de aquella temporada siguen recordando detalles de esas horas: la función exitosa, la despedida en camarines, la noticia que llegó de madrugada y el silencio que se instaló después. Para el público que había llenado el teatro esa noche, la función del 4 de marzo terminó siendo, sin saberlo, la última vez que verían a Olmedo sobre un escenario.

Y tal vez ese sea el dato más revelador de toda esta historia: el capocómico que había construido su carrera sobre la improvisación, el riesgo escénico y la risa constante terminó teniendo un final que nadie imaginaba, en la ciudad donde cada verano celebraba su mayor éxito. Aquella mañana de marzo, frente al mar, el espectáculo argentino cambió para siempre. Y la caída desde ese balcón del piso once del Maral 39 se transformó en una de las escenas más recordadas y analizadas de la historia del espectáculo nacional.

Fuente: telam

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