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03/03/2026

Así se gestó la ofensiva de Estados Unidos e Israel en Irán: la Unidad 8.200 y cámaras hackeadas en Teherán

Fuente: telam

Israel pasó años pirateando las cámaras de tráfico de Teherán y vigilando a los guardaespaldas antes del asesinato del líder supremo de Irán

>En los últimos años, Israel desplegó un sistema de vigilancia excepcional sobre Teherán, enfocando sus recursos en el entorno inmediato de Ali Khamenei, líder supremo iraní. La operación alcanzó su punto culminante el sábado, cuando Khamenei murió en un ataque aéreo israelí cerca de Pasteur Street, en la capital iraní.

Un ángulo de cámara se volvió particularmente valioso: facilitó identificar los lugares donde preferían estacionar sus vehículos personales y reveló detalles del funcionamiento interno en zonas habitualmente protegidas. Así, la vigilancia constante sobre el entorno del líder supremo ofreció a los servicios de inteligencia israelíes una visión sin precedentes sobre las rutinas y vulnerabilidades en el corazón del poder iraní.

Sobre esa base, se aplicaron algoritmos avanzados para construir expedientes sobre los miembros del equipo de seguridad. Estos expedientes incluían datos como direcciones, horarios de servicio, rutas habituales y, crucialmente, el perfil de las personas a las que custodiaban y transportaban. Este proceso permitió establecer lo que la inteligencia militar denomina un “patrón de vida”, una herramienta clave para anticipar movimientos y vulnerabilidades.

Además del hackeo de cámaras, la operación involucró la manipulación de torres de telefonía móvil en la zona de Pasteur Street. Israel logró interrumpir selectivamente componentes de una docena de torres, haciendo que los teléfonos parecieran ocupados y bloqueando la posibilidad de que la escolta de Khamenei recibiera alertas a tiempo.

Este conjunto de técnicas, basadas en la integración de datos en tiempo real y el análisis de comportamientos, resultó determinante para planificar el ataque con precisión y reducir el margen de error en la identificación del objetivo.

El desarrollo y ejecución de la operación para asesinar a Ali Khamenei dependió de la sincronización entre la Unidad 8.200 y el Mossad, dos de los pilares de la inteligencia israelí. La Unidad 8200, especializada en inteligencia de señales, fue responsable de recolectar y procesar enormes volúmenes de datos electrónicos. Su labor incluyó la interceptación de comunicaciones, el hackeo de cámaras urbanas y la manipulación de sistemas de telefonía móvil, aportando un flujo constante de información sobre los movimientos y hábitos del entorno de Khamenei.

Por su parte, el Mossad —la agencia de inteligencia exterior de Israel— tuvo a su cargo la gestión de activos humanos en territorio hostil. Gracias al reclutamiento de informantes y la obtención de datos sensibles a través de contactos en Irán, el Mossad pudo complementar la vigilancia tecnológica con información contextual de alto valor operativo.

La conjunción de ambas entidades permitió alimentar una cadena de inteligencia que procesaba diariamente montañas de datos para generar informes precisos y actualizados. Este método se apoyó en el uso de análisis matemático de redes sociales para identificar nodos de decisión y posibles blancos, afinando así la selección de objetivos.

La cultura operativa israelí, según exfuncionarios de inteligencia consultados por Financial Times, eleva la obtención de “inteligencia de targeting” (información precisa para eliminar un objetivo) al máximo nivel táctico. En el caso de Khamenei, los organismos trabajaron con el objetivo expreso de garantizar que, si la decisión política de eliminarlo llegaba, la información necesaria estuviera lista para ejecutar la orden con rapidez y exactitud.

La capacidad tecnológica de Israel ha sido un factor decisivo en la ejecución de operaciones encubiertas y ataques selectivos dentro de Irán. Esta superioridad se hizo evidente durante la guerra de 12 días en junio de 2025, cuando agentes israelíes eliminaron a más de una docena de científicos nucleares y altos mandos militares iraníes en cuestión de minutos, marcando un hito en la historia de la inteligencia regional.

En esa ofensiva, Israel logró inutilizar las defensas aéreas iraníes mediante una combinación de ciberataques, drones de corto alcance y municiones de precisión disparadas desde fuera de las fronteras iraníes. El daño incluyó la destrucción de radares de lanzadores de misiles de fabricación rusa, lo que dejó a Irán sin capacidad de respuesta inmediata.

En palabras de un actual funcionario de inteligencia israelí citado por Financial Times, el éxito operativo radicó en “quitarles los ojos primero”, refiriéndose a la neutralización de las capacidades de vigilancia y defensa de Irán antes de lanzar los ataques principales. La misma lógica de supremacía tecnológica y de información se aplicó en la operación contra Ali Khamenei, maximizando el margen de sorpresa y minimizando los riesgos para las fuerzas israelíes.

En esta ocasión, los servicios israelíes contaban con información precisa procedente de inteligencia de señales, como la vigilancia de cámaras de tráfico intervenidas y la intercepción de redes de telefonía móvil. Esa vigilancia permitió verificar que la reunión en la oficina de Khamenei seguía en pie y que los altos funcionarios iraníes ya se dirigían al lugar pactado.

Con la confirmación multinivel, los pilotos israelíes —que ya se encontraban en vuelo para llegar a tiempo— lanzaron hasta 30 municiones de precisión, según dijo a Financial Times un ex alto mando de inteligencia israelí. El ataque se realizó en horario matutino, lo que brindó un elemento de sorpresa adicional pese a la elevada alerta iraní. El ejército israelí señaló que atacar de día, en vez de por la noche, permitió sorprender tácticamente por segunda vez, a pesar de la preparación defensiva de Irán.

Fuente: telam

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