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02/03/2026

La historia nunca contada de cómo Japón, EE.UU. y la Unión Soviética ayudaron a Mao a ganar

Fuente: telam

El historiador Frank Dikötter muestra que el ascenso del comunismo en China fue un acontecimiento improbable y violento, con mucha ayuda externa

>Si se pregunta sobre el legado de Mao Zedong, los cuadros del Partido Comunista Chino recitan un veredicto preciso: 70 por ciento bueno, 30 por ciento malo. Frank Dikötter rechazaría ese blanqueo aritmético. Es reconocido por escribir una importante trilogía de libros sobre el gobierno de Mao en China, en la que investigó archivos remotos para documentar la opresión y las atrocidades masivas del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Aunque las autoridades chinas siguen negando o minimizando las realidades sombrías de su pasado, Dikötter actúa como una especie de comisión de la verdad en solitario, desenterrando de forma constante horrores que costaron decenas de millones de vidas.

Gran parte del impacto del libro proviene de la profundidad de la investigación realizada por Dikötter, quien recurrió a más de 300 volúmenes de documentos internos del partido elaborados en todo el país y que llegaron a Hong Kong. Su objetivo es dar voz a los millones de chinos silenciados por la violencia y la represión comunista.

¿Cómo logró este pequeño grupo tomar el control de un país tan enorme como China? La respuesta de Dikötter es tajante: “La palabra clave es violencia, y la disposición a ejercerla”. Lejos de ser un movimiento de masas arrollador que llegó al poder de forma inevitable, Dikötter relata la Revolución China como un acontecimiento improbable, impulsado menos por el apoyo popular que por la crueldad implacable y cierta dosis de suerte.

A pesar de la ayuda de Joseph Stalin, los comunistas chinos estuvieron cerca de ser aniquilados a mediados de los años treinta por los ejércitos del gobierno nacionalista dirigido por el generalísimo Chiang Kai-shek. Los comunistas no habían logrado atraer a los trabajadores urbanos y, pese al atractivo del reparto de tierras, los campesinos temían el terror y la explotación de las tropas comunistas.

En ese momento, los comunistas fueron salvados, paradójicamente, por la agresión japonesa. Tras la invasión de Manchuria por parte de Japón en 1931, los comunistas siguieron concentrados en combatir a los nacionalistas, no a los invasores extranjeros. En 1937, Japón lanzó una invasión a gran escala de China, una catástrofe que costó la vida a unos 14 millones de chinos. Mao, pese a ingresar en un Frente Unido temporal y conflictivo con los nacionalistas, prefirió dejar que las tropas nacionalistas soportaran el mayor peso del ataque japonés, mientras los ejércitos comunistas se reagrupaban y establecían control sobre nuevos territorios.

En las zonas bajo su control, según Dikötter, los comunistas instauraron “un estado de terror”, ejecutando a funcionarios locales y a quienes consideraban “políticamente poco fiables”. Expone cómo los comunistas intentaron “destruir el antiguo orden de la noche a la mañana” mediante un ataque a la tradición confuciana, las instituciones religiosas y la vida en los pueblos, anticipando lo que sería la Revolución Cultural décadas después: “Se enfrentó a las personas unas contra otras en las llamadas ‘reuniones de lucha’, denunciando toda autoridad, ya fueran ancianos, líderes de clanes o incluso padres y hermanos”.

Dikötter es muy crítico con los estadounidenses crédulos que malinterpretaron a los comunistas, como el vicepresidente Henry A. Wallace y el corresponsal Edgar Snow, cuyo popular libro de 1937, “Red Star Over China”, sirve de contrapunto para el título de este libro. También arremete contra la fallida misión del general George C. Marshall, quien intentó presionar a Chiang y Mao para formar un gobierno unificado en los primeros años tras la guerra, describiéndolo no como un pacificador enfrentado a una tarea imposible, sino como un ingenuo.

El libro concluye con la conquista del Tíbet a comienzos de los años cincuenta y Dikötter escribe de manera ominosa: “Solo Hong Kong, Macao y Taiwán aún escapaban al alcance del Partido Comunista Chino”. Actualmente, el partido enfrenta graves desafíos internos, desde un alto desempleo juvenil hasta la purga militar ordenada por Xi Jinping. Desde 2017, Xi afirma que el mundo atraviesa “grandes cambios no vistos en un siglo”, con la élite del partido interpretando el Brexit y la primera elección de Donald Trump como señales de un rápido declive occidental que favorece su propio ascenso.

Fuente: The New York Times

Fuente: telam

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