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01/03/2026

“¿Y si acá pasó algo horrible o hermoso?”: Selva Almada y la memoria inquietante de una casa rural

Fuente: telam

La novelista presenta “Una casa sola”, un libro delicioso donde un refugio se convierte en un hogar hasta que sus habitantes desparecen en democracia

>Como comer un chocolate. Así se siente la lectura de Una casa sola, la última novela de Selva Almada, la autora de El viento que arrasa, Ladrilleros y No es un río. Una delicia que se va deshaciendo en la boca. Una delicadeza. Una manufactura sutil. Un chocolate delicioso que, si es bueno, también es bastante amargo.

Una casa sola, sin embargo, tiene más que ver con el campo que con el pueblo. No están lejos uno de otro pero son diferentes, claro. Se trata de una casa que empieza siendo casi un tinglado, un paradero para quienes iban a trabajar hasta uno de ellos la habita, la vuelve un hogar, la llena de familia. Y esa familia desaparece. Se esfuma. No es una historia de la dictadura pero algo pasó y las investigaciones por ahora no están dando resultados. Es la casa misma la que vio todo y es ella la que narra.

Por otro lado, hay un afuera, el “espinal”, donde aparecen voces de gente de distintas épocas. Charlan, gritan con palabras que no siempre los porteños entendemos, algunas de sus historias asoman.

Es que hay mucho campo, trabajadores de campo, y Almada parece hacer una especie de literatura gauchesca del siglo XXI, un cruce que no debería sonar tan extraño en un país cuyos destinos económicos están tan atravesados por las cosechas.

-¿Cómo aparece la idea? ¿Qué es este libro?

-¿Hay una casa que vos conozcas o te la imaginaste?

-Claro, por eso la madre los busca de esa manera, si se hubieran ido voluntariamente ella lo sabría.

-Todo en la casa.

-¿Qué es una casa? ¿Siente?

-Ganó la casa.

-¿Pasaste por muchas casas?

-Uno no reforma una casa cuando está de paso. Acá el peón, Lucero, la va modificando, la va construyendo, aunque no es el dueño en los papeles, es del patrón, que también es un personaje importante.

-Me pareció que la narración construye los personajes, cuenta detalles y a veces pasa algo importante y no se cuenta, hay que deducirlo. Como cuando viene el patrón y contrata a la mujer de Lucero para acompañar a su mujer. Ahí algo pasa y yo me pregunté si tenía que ver con la desaparición. Como que hay algo importante que no está dicho.

-Y, por otro lado, están las historias de los personajes del espinal. Que me hicieron acordar a tu novela anterior, No es un río, donde hay personajes que están en otro plano de la realidad. Acá, además, con otro lenguaje.

-Un espacio fuera del tiempo.

-Algunos tienen su pequeña historia, que se cuenta, como la mujer casada que se enamoró de un indio. Pero otros son apenas voces. Un coro. Como si fueran los relatos que todos tenemos detrás, los que vienen en una cultura y están “de fondo”.

-Y un lenguaje diferente de la narración de la casa. ¿Esas palabras de dónde salieron?

-¿No eras una chica de pueblo? ¿Cómo es tu relación con el campo?

-¿Y te daba miedo el campo?

-Esos personajes parecen los relatos del imaginario popular, como si hubieran encarnado.

-Hace veinticinco años que vivís en Buenos Aires. ¿Seguís haciendo literatura del interior?

-¿Te imaginás una película de este libro?

Fuente: telam

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