Viernes 27 de Febrero de 2026

Hoy es Viernes 27 de Febrero de 2026 y son las 12:17 ULTIMOS TITULOS:

27/02/2026

De no saber español y trabajar como mantero a enseñar la danza típica de Senegal en Argentina: “Me siento un porteño”

Fuente: telam

Idrissa Diop (35) llegó en 2018 para participar de una gira de baile, pero no pudo regresar a su país porque su pasaporte se venció. Aquí repasa los desafíos que atravesó, cuenta qué significa para él compartir su cultura con los argentinos y el sueño de convertirse en embajador del sabar

>Cuando Idrissa Diop llegó a Argentina, la única palabra que sabía decir en español era “Sí”. Fue en el verano de 2018, recuerda, y el plan inicial era quedarse apenas tres meses. Bailarín de profesión, vino desde Senegal para participar de una gira, pero poco antes de regresar a su país su pasaporte venció y no pudo continuar el viaje.

Todavía faltan unos minutos para las 18. A diferencia de otros miércoles, hoy la clase tiene solo tres alumnos. Con el calor y las vacaciones, la asistencia baja. A Idrissa o Idri, como lo llaman, no parece preocuparlo. “Mi creencia es que si vos venís, yo bailar. Si vos no venís, yo bailar igual. Porque eso hace un profesor”, le dice a esta cronista. “No voy a quedar quieto porque, capaz, en ese lugar Dios va a poner una persona que me vea. La vida es eso”, agrega.

En esta nota repasa los desafíos que atravesó, cuenta qué significa para él compartir su cultura con los argentinos y el sueño de convertirse en embajador del sabar.

Nació el 16 de julio de 1990 en la ciudad de Thiès, ubicada al oeste de Senegal. Es el segundo de siete hermanos y su nombre tiene origen islámico. “Idrissa significa inmortal”, cuenta. Hasta los 19 años jugó al fútbol, aunque también le gustaba bailar. Cuando tuvo que elegir entre la pelota y la danza, se quedó con la danza y decidió profesionalizarse.

A los 20 hizo su primera migración: se fue de Thiès a Louga (a unos 130 kilómetros), conocida como “la capital cultural del país”. Allí se convirtió en miembro del grupo Renacimiento, donde se formó como bailarín y también como docente. En paralelo ingresó al Círculo de la Juventud, con el que participó en distintos eventos.

Durante la gira recorrió distintas provincias —Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba— y localidades del Gran Buenos Aires y de la costa atlántica. Bailó en teatros llenos y fue aplaudido por el público. Pero cuando llegó el momento de regresar no pudo hacerlo. “Mi pasaporte terminó acá”, resume.

Como Senegal no tiene representación diplomática en Argentina, el trámite debía hacerse a través del consulado en Brasil. Según cuenta, los organizadores le habían prometido que iban a ayudarlo, pero eso nunca ocurrió. La gira siguió y se fueron sin él. De un día para otro, quedó solo en un país cuyo idioma no manejaba y sin dinero para volver.

A pesar de eso, no se desesperó. Tenía claro que era una cuestión de tiempo pero, sobre todo, tenía fe en Dios. Mientras tanto buscó red entre otros migrantes senegaleses: “Ellos mandan un mensaje al consulado y dicen que la gente que renueva el pasaporte va a venir a Argentina. Yo hablo con mi familia y me ayudaron a juntar la plata para pagar el trámite y volver”.

La inmigración senegalesa a la Argentina comenzó a mediados de la década de 1990 y creció en las dos décadas siguientes, cuando Europa endureció sus políticas de ingreso. En ese contexto, el Estado argentino implementó distintos regímenes especiales de regularización —en 2004, 2013 y 2022— para facilitar la residencia de este colectivo. Según el último relevamiento oficial, en el país hay al menos 2.267 personas de origen senegalés con DNI argentino, aunque la cifra real sería mayor porque no incluye a quienes aún están en trámite o en situación informal.

Arrancó dando clases en centros culturales de la mano de Ayelén Guevara, que también es profesora de afro. Luego decidió independizarse y, sobre todo, hacerse ver. Compró un parlante, imprimió panfletos y empezó a repartirlos para convocar alumnos. “La cultura de nosotros no necesita cerrar. Cuando cierra, la gente no lo ve”, explica.

La pandemia interrumpió sus planes, pero cuando terminaron las restricciones fue uno de los primeros en volver a bailar al aire libre. En paralelo consolidó su recorrido artístico con pequeños logros: en 2019 fue parte del staff de baile del cantante Sebastián Yatra en sus shows en el país; en 2021 participó del Festival Internacional de Folclore; en 2022 filmó una publicidad para Uber Canadá; y en 2024 fue seleccionado como uno de los protagonistas de Extraño ser, una obra de teatro sobre experiencias migratorias.

La fe no es un detalle menor en su historia. Idrissa es musulmán practicante y suele explicar los giros de su vida como parte de un designio espiritual. “Antes que yo venir acá, yo rezo mi rezo. Ahora, cuando vuelve, yo va a rezar mi rezo”, cuenta.

Después del operativo trabajó en una verdulería cerca de su casa, en el barrio de Belgrano. Hoy suma ingresos haciendo entregas para la aplicación Rappi mientras continúa dando clases de sabar.

“El Estado tiene la potestad de controlar el espacio público y la permanencia migratoria. Esas herramientas muchas veces se aplican sobre los grupos con menos recursos y más dificultades para subsistir. Las personas que venden en la calle son el último eslabón de una cadena comercial y, generalmente, se endeudan muchísimo para conseguir la mercadería. Restringirles la venta los empuja a una situación todavía más marginal, porque le restringen las vías de subsistencia”, explica.

La clase que nos trajo a la plaza General Francisco Ramírez dura una hora y media. Idrissa va y viene. A diferencia de sus alumnos, él baila descalzo sobre el asfalto. “Es más tradicional”, explica. Se desliza hacia la derecha, luego hacia la izquierda, mueve las piernas y los brazos con velocidad y precisión. Salta. Ríe. Hace algunas correcciones y vuelve a marcar el paso.

–El sabar que enseñás a bailar acá, ¿es 100% senegalés o mezclaste con otros estilos musicales de Argentina?

–¿Qué sentís al enseñarle tu danza a los argentinos?

En 2021, Idrissa fundó su propia compañía de danza y artes escénicas. La llamó Niokobok, que en español significa “compartir”. Hoy reúne a 12 integrantes. “Mi sueño es tener una gran escuela con todos mis amigos y ser embajador nacional del sabar”, dice.

–Sí, yo la extraño mucho y en algún momento yo voy a viajar, pero tiene que juntar la plata. Acá las clases no dan tanto como necesitás.

–Si tuvieras que comparar al Idrissa que llegó en 2018 con el de ahora, ¿qué dirías?

–Decís que el arte es sucio, ¿alguna vez viviste algún episodio de discriminación?

–Después de ocho años de estar viviendo acá, ¿te sentís argentino o un senegalés que vive en Argentina?

*En Instagram Idrissa Diop es @idrissa.senegal

Fuente: telam

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!