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25/02/2026

Tamar Eilam Gindin y el mito del “gran enemigo” en Irán: “Israel es la excusa para arrestar a cualquier disidente”

Fuente: telam

La investigadora del Centro Ezri en la Universidad de Haifa analiza en esta entrevista la actualidad del régimen teocrático a través del filtro de su historia milenaria

>La Dra. Tamar Eilam Gindin, investigadora del Centro Ezri en la Universidad de Haifa, posee una cualidad inusual: puede leer el presente de Irán a través de los filtros de su historia milenaria. En esta conversación extendida, desglosa la estrategia de supervivencia de la República Islámica, el mito del “gran enemigo” y por qué el año 2025 marcó un punto de no retorno en la psicología de la guerra en el Medio Oriente.

El péndulo es una lucha entre dos almas. Por un lado, la identidad iraní antigua, aria e indoeuropea, que se remonta a Ciro el Grande y el Imperio Sasánida. Es una identidad de orgullo nacional que se siente cercana a Occidente por sus raíces lingüísticas y culturales. Por otro lado, está la identidad islámica que lleva 1.300 años presente, pero que el régimen actual ha intentado imponer de forma absoluta. El Sha llevó el péndulo hacia lo persa y lo occidental; el régimen de 1979 lo empujó violentamente hacia el islamismo radical. Hoy, el pueblo lo está empujando de vuelta hacia la secularidad y la apertura, cansado de ser “musulmanes antes que iraníes”.

Porque el iraní de a pie siente que el régimen toma el dinero de sus impuestos y sus recursos naturales para dárselos a grupos que ni siquiera son iraníes ni chiíes. Existe una enemistad histórica entre iraníes y árabes que tiene más de 1.400 años. El pueblo pregunta: “¿Por qué financiamos a nuestros enemigos históricos mientras nuestras pensiones son saqueadas?”. El régimen responde con una retórica de “apoyo a los oprimidos”, pero es un discurso que ya no convence en las calles de Teherán.

Exactamente. Aunque la palabra “querer” sea fuerte, Jamenei tiene un interés estratégico en que Israel siga existiendo. Israel es el “Pequeño Satán”, el enemigo común indispensable para intentar unificar al mundo árabe bajo el liderazgo iraní en su competencia con Arabia Saudita. Si Israel dejara de existir, el régimen se quedaría sin su gran cortina de humo. Israel sirve para desviar los reflectores: mientras el mundo grita “Todos los ojos en Rafah”, nadie mira las más de mil ejecuciones que el régimen ha llevado a cabo en 2025. Israel es, además, la excusa perfecta para arrestar a cualquier disidente, sea un activista climático o político, bajo la acusación falsa de ser un espía del Mossad.

Hablemos de la “Guerra de los 12 días” en junio de 2025. ¿Cómo cambió este conflicto la percepción de la guerra directa?

Cambió todo porque Israel pasó de ser un enemigo retórico a uno físico que atacó objetivos dentro del territorio iraní. Antes de esto, el régimen jugaba a los “fuegos artificiales”. En abril de 2024, con la operación “Promesa de la Verdad 1”, avisaron con tanta antelación que el mayor daño para los israelíes fue que no hubo colonias de vacaciones para los niños. Fue un show para consumo interno. Pero en 2025, al verse atacados en su suelo, la narrativa se dividió. Una parte de la oposición sintió la humillación del régimen como propia y se unió a sus opresores por nacionalismo. Lo más peligroso es que el régimen sobrevivió a esa guerra y ahora ha perdido el miedo; saben que pueden resistir un conflicto directo y se han vuelto mucho más violentos con su propio pueblo.

Hay razones logísticas y psicológicas. Jamenei vive en búnkeres a 90 metros bajo tierra, protegido por guardias a 180 metros de profundidad. Además, es imposible organizar una protesta masiva cuando caen bombas del cielo. La gente huye de las ciudades; no se queda para manifestarse frente al Parlamento si sabe que la zona puede ser bombardeada. Para protestar se necesita un mínimo de seguridad física. Por otro lado, está el trauma de la intervención extranjera. Los iraníes han sido marionetas de británicos, rusos y estadounidenses durante un siglo. Tienen una desconfianza profunda hacia cualquier cambio que venga de afuera.

Porque la liberación de Irán es algo que los iraníes deben hacer por sí mismos. Si Israel hubiera matado a Jamenei, lo habría convertido en un mártir y en una leyenda, uniendo a la nación alrededor de la bandera por odio al invasor. Israel atacó la Autoridad de Radiodifusión porque es el brazo de propaganda y guerra psicológica, pero evitó objetivos políticos y civiles deliberadamente. El cambio real en Irán no vendrá de un misil extranjero, sino del día en que el pueblo pueda romper su propio búnker de miedo, sin que el régimen pueda usar a Israel como la excusa para seguir apretando el cuello de su propia gente.

Fuente: telam

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