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24/02/2026

Una cena con hongos locos y una historia desopilante con final inesperado

Fuente: telam

Dos amigas octogenarias terminan enfrentadas en un juicio como consecuencia de una noche fuera de control. “Vantablack”, la novela de Valeria Groisman, nos invita a transitar por terrenos arenosos y descubrir que, a veces, hacer lío puede ser una buena idea

>Inevitable: todos alguna vez seremos viejos. Y agrego: “La longevidad es una de las peores enfermedades – dijo Jorge Luis Borges- y ciertamente la más larga”. Pero Valeria Groisman, autora de Vantablack (Gata Flora Editorial, 2025) propone otra mirada. Una menos estereotipada.

Imaginen una cena de “chicas”, la de los viernes. La anfitriona (Raquel) decide por sí misma y sin consultarle a nadie, decirle a la empleada de la casa que prepare la comida para sus amigas, pero con un agregado inesperado: hongos alucinógenos. En fin. ¿Qué podría pasar? ¡De todo! Un encuentro que se suponía catártico y divertido se transforma en un escenario de enredos afectivos, un tanto tragicómico por momentos, al mejor estilo sainete. Y aquí es donde la autora le da un giro al relato: qué sucedería si en lugar de transitar la tercera edad con hastío y solemnidad lo hacemos con humor para bancar la parada de los años que nunca vienen solos y pesan. Se pasa. Y es sensacional.

Raquel Steiner de Epstein es una artista plástica que hace tiempo dejó de pintar, obsesionada con el vantablack, el pigmento más negro del mundo. Y Berta, es la amiga incondicional, dependiente y leal, pero hasta ahí. Las dos decidieron compartir techo, luego de enviudar y son cuñadas.

Así las cosas, el texto inicia con una carta de Raquel a la jueza Salavarría, la magistrada responsable de llevar adelante el juicio penal que le inicio a Berta. Y entonces te preguntas: ¿pero qué necesidad de iniciar una querella, a esa edad? ¿Qué pudo haber pasado entre estas dos señoras grandes para semejante cosa? Bueno, es sabido que toda relación, por más buena que sea, tiene grietas y fisuras. Y este es el caso de las dos octogenarias que ya desde el comienzo del relato se las nota conflictuadas.

Resulta que más adelante en la lectura, nos enteramos de que llegaron a esa instancia límite porque aquella noche de los hongos raros donde Raquel derrapó, Berta no tuvo mejor idea que filmarla y subir el video a las redes sociales. Claro que semejante espectáculo, una anciana drogada haciendo el ridículo, se viralizó en segundos y entonces Raquel explotó.

“Era una carta documento. Raquel la intimaba a presentarse el mes siguiente en un tribunal penal para declarar en relación con la publicación no autorizada de un video que contenía imágenes privadas y denigrantes. En el documento aparecían términos como Violación de la intimidad, daños y perjuicios, daño moral, reparación, daño a la imagen pública y deterioro público del valor artístico. (…) Después de la carta documento, los canales informales entre Raquel y Berta quedaron clausurados”.

¿Y por qué Beba, su amiga incondicional, su persona de confianza, le haría una cosa así? Y simplemente porque ella también comió los hongos locos y a pesar de estar menos mal que las demás un poco pasadita estaba.

Pero esto recién empieza. Es solo una porción de lo que ofrece la trama a lo largo de sus 300 páginas. Es la punta del iceberg. El acto de Beba de difundir el video, que ella misma había grabado, es el puntapié para todo lo que sucede después. Y no tiene desperdicio.

Hay traición y también culpa en esta historia. Y la amistad entre las dos protagonistas termina hecha un bollo arrugado difícil de planchar. Pero al final, sí. Como sea, será mandatorio transitar todas y cada una de sus hojas antes de poder llegar hasta el cierre inesperado que nos ofrece Groisman. Y en ese fin de fiesta hay algo sobre la reivindicación del deseo y la dignidad en la vejez, eso de que nunca es tarde cuando la dicha es buena. Aunque esa “dicha” venga de una “intoxicación” con falsos champiñones. Y hay más. Es una sucesión de reflexiones divinas, con algunas citas memorables para anotar en algún cuadernito. Una novela audaz, contemporánea y profundamente humana, escrita con humor y lucidez. Y me pegunto: ¿Hasta qué punto una alucinación puede cambiar el rumbo de una vida? Y, habría que ver. ¿No?

Valeria Sol Groisman nació en Buenos Aires. Es Licenciada en Comunicación, periodista, docente universitaria y gestora cultural. Cursó la Maestría en Periodismo de Clarín y la Universidad de San Andrés. Se graduó como Magíster en Escritura Creativa en la Universidad de La Rioja, Logroño, España. Trabajó en el diario La Nación y actualmente escribe sobre cultura y entrevista escritores en la revista BeCult.

Fuente: telam

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