23/02/2026
La belleza de la semana: “El juicio al cadáver del papa Formoso”, de Jean-Paul Laurens
Fuente: telam
En el siglo IX, la rivalidad entre clanes y la disputa por la legitimidad imperial impulsaron un singular proceso contra los restos de un papa, en lo que se conoce como el Sínodo del Cadáver
>A lo largo de la historia, cuando un poder busca convertirse en hegemonía intenta, a toda costa, borrar la pesada herencia del pasado: demonizar, difamar, ultrajar en pos de un nuevo orden.
Aunque aquel papa no consideró que lo muertos, como en una película de George Romero, pueden salir de la tumba y estar más vivos que nunca. Y que esa Historia que se intenta eliminar, volverá.
En apenas 93 años, entre 896 y 904, la ausencia de estabilidad permitió que, en promedio, un papa ocupase el trono de San Pedro por solo un año. Veinticuatro en total fueron el reflejo de un periodo en el que la península itálica estaba dividida entre los aspirantes carolingios y poderosos clanes locales como los Spoleto.
En este contexto, Formoso emergió como obispo de Oporto, desarrollando una activa carrera diplomática por Bulgaria, Constantinopla y la corte francesa. Sus inclinaciones políticas, en favor de Arnulfo de Carintia, futuro emperador germánico, lo convirtieron en enemigo del papa Juan VIII, quien ordenó su excomunión en el 876.
“Los reyes están cayendo como moscas”, le dice el personaje en Tyrion Lanister a su sobrino Joffrey Baratheon, en la serie Game of Thrones, lo que se podía aplicar a los papas de aquella Roma, porque el siguiente papa Esteban V, tras seis años en el poder, dejó la silla vacante. Y llegó el momento de Formoso.
Tras cinco años en el solio papal, una muerte nunca aclarada tocó a su puerta. Y su cádaver se convirtió en el objeto simbólico de la disputa en la lucha por el trono. Bonifacio VI sucedió brevemente a Formoso, y tras él ascendió Esteban VI, inicialmente aliado del partido germánico pero pronto alineado con los Spoleto cuando Arnulfo abandonó Italia.
En este ridículo juicio póstumo se revocaron todas las decisiones eclesiásticas que Formoso tomó en vida, incluso los clérigos consagrados por él tuvieron que repetir sus procedimientos de investidura.
Pero aquella ofensa tuvo un costo político alto, ya que se intensificó la inestabilidad institucional. El bueno de Formoso tenía, años después de muerto, más apoyo del que se esperaba. Así, su verdugo, Esteban VI, a los pocos meses fue encarcelado y ejecutado.
La leyenda relata que un pescador recuperó el cadáver de Formoso del Tíber. El hecho comprobado es que, tras aquellos sucesos, el cuerpo fue inhumado nuevamente en 897 con los rituales tradicionales, cerrando uno de los capítulos más peculiares y oscuros en el siglo turbulento del papado romano.
Presentada duranta el Salón de París, organizado por la Academia de Bellas Artes en 1870, la pieza se encuentra en el Museo de Artes de Nantes.
Fuente: telam
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