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21/02/2026

Haruki Murakami: “Mientras escribo, pasan cosas extrañas de manera muy natural”

Fuente: telam

El autor, quien dio proyección mundial a la literatura japonesa, reflexiona sobre su lugar en el mundo de las letras: “No soy un genio y no soy tan inteligente, pero puedo ir a otro mundo, ver y volver para contarlo”

>Cuando Haruki Murakami se sienta a escribir, no tiene idea de lo que va a pasar.

“No tengo ningún plan; solo escribo, y mientras escribo, pasan cosas extrañas de manera muy natural, muy automática”, explicó Murakami en diciembre durante una entrevista en Nueva York.

Murakami no se considera un prosista ni tampoco un narrador brillante. Para él, su única habilidad es su capacidad singular para viajar entre mundos y volver para contarlo.

Murakami y yo nos reunimos en un cavernoso bar subterráneo de cócteles en un hotel de la zona de Midtown, en Manhattan, un escenario que se sentía extrañamente apropiado, dada su afinidad por las cuevas y los túneles, un motivo recurrente en su obra. A las 10 a. m., el lugar estaba inquietantemente vacío. Patrones geométricos de luz jugaban en la pared.

A Murakami no le agradan las apariciones públicas, y tampoco parece gustarle hablar de sí mismo ni del significado de su obra. Evita aparecer en televisión, aunque ha llegado a ser grabado en video sin darse cuenta. Sin embargo, en diciembre pronunció renuentemente dos discursos públicos en Nueva York ante auditorios numerosos y embelesados.

En un evento realizado el 11 de diciembre en el Ayuntamiento de Nueva York, Murakami habló ante una sala abarrotada sobre la globalización de la literatura y la cultura japonesas, un fenómeno que él ayudó a impulsar. A principios de esa semana, pronunció unas breves palabras cuando recibió el premio a la trayectoria del Center for Fiction, que fue entregado por la música y escritora Patti Smith. (A los asistentes a la gala se les pidió no tomar fotos ni videos de Murakami).

“Recuerdo que estaba sentado con un bolígrafo en la mano y sin nada que hacer”, dijo al público. “Fue una de las horas más largas de mi vida”.

Actualmente, una recepción tan tibia sería impensable. Murakami es algo poco común: un escritor con una reputación literaria imponente que, además, goza de una enorme popularidad entre lectores de todo el mundo. Sus novelas nuevas se celebran con fiestas de lanzamiento a medianoche, donde sus más grandes fans se reúnen en las librerías para adquirir ejemplares en el instante en el que salen a la venta. Los fans han creado listas de reproducción de la música a la que ha hecho referencia y publicado libros de cocina basados en la comida de sus novelas. Incluso hay una cuenta en X dedicada únicamente a las menciones de espagueti que figuran en su obra.

Murakami ha ganado una serie de premios literarios mundiales destacados, como el Premio Franz Kafka y el Premio Jerusalén, y se lo considera un eterno candidato al Premio Nobel. “A estas alturas ya solo nos da risa”, dijo Amanda Urban, agente de Murakami, sobre la avalancha de llamadas expectantes que recibe cada octubre cuando se acerca el anuncio del Nobel.

En Estados Unidos, donde sus libros han vendido más de seis millones de ejemplares, Murakami tiene programada una serie de lanzamientos. En otoño, Knopf publicará Abandoning a Cat, un texto breve e inquietante sobre la relación de Murakami con su padre. El año próximo, el sello tiene previsto publicar un libro sobre su colección de discos de música clásica. La editorial también está relanzando sus obras anteriores, que siguen teniendo una alta demanda, con portadas nuevas.

Murakami escribió buena parte de la novela el año pasado, tras recuperarse de una enfermedad grave sobre la que no quiso dar detalles, que lo mantuvo hospitalizado durante un mes y le hizo perder alrededor de 18 kilos. Estar enfermo fue una experiencia desorientadora para Murakami, que normalmente corre una hora al día y ahora batallaba incluso para caminar. Cuando su enfermedad estaba en su punto más severo, no tenía ningún deseo de escribir. Una vez recuperado, sintió alivio al descubrir que el impulso no lo había abandonado.

La historia que le vino a la mente era distinta de su obra anterior, dijo. Más optimista. También es un nuevo territorio para él, pues es su primera novela escrita principalmente desde la perspectiva de una mujer. Murakami, que ha sido criticado por algunas personas que piensan que sus personajes femeninos son unidimensionales, marginales y excesivamente sexualizados, dijo que escribir desde el punto de vista de una mujer joven se sintió diferente, pero sorprendentemente natural.

Murakami no quiso revelar mucho sobre la trama, salvo que Kaho, la joven que protagoniza la historia, es artista e ilustradora de libros infantiles, y que las cosas toman un giro extraño.

Al preguntarle qué tipo de cosas extrañas sucedían, él sonrió.

Las historias de Murakami suelen comenzar en un entorno común: una mujer atrapada en el tráfico al principio de 1Q84, o el narrador cocinando espagueti al principio de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Luego las cosas pasan a una realidad paralela onírica.

“Empieza en nuestro mundo y luego te lleva al suyo”, dijo Lexy Bloom, su editora en Knopf. “Ni siquiera te das cuenta de que estás ahí; simplemente te fuiste con él”.

“Sinceramente, cuando era adolescente no leía nada de literatura japonesa porque mis padres enseñaban literatura japonesa, así que la odiaba”, comentó Murakami. En lugar de eso, leyó obras de escritores estadounidenses como Hemingway, Capote y Fitzgerald, y clásicos rusos como Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov de Dostoievski.

Cuando tenía 20 años, abrió un club de jazz llamado Peter Cat en el oeste de Tokio. Un día, cuando llevaba varios años dirigiendo el club, tuvo el impulso de escribir una novela mientras estaba en un partido de béisbol. Cuando se sentó y vio que tenía dificultades para escribir, probó escribir en inglés primero y luego a traducirlo al japonés. Redactar en inglés detuvo el torbellino de pensamientos y lo ayudó a desarrollar su estilo sobrio y sin adornos.

Murakami ha traducido libros del inglés al japonés durante casi el mismo tiempo que lleva como escritor, incluidas obras de gigantes del siglo XX como Raymond Chandler, J. D. Salinger y Raymond Carver. Hace poco terminó de traducir la colección Adultery & Other Choices, de Andre Dubus, y contó que ahora piensa enfocarse en las obras de Dashiell Hammett. A menudo recurre a la traducción cuando se aburre con sus propios escritos, una actividad que, dijo, mantiene ágil su cerebro y lo expone a diferentes estilos.

La reputación internacional de Murakami creció rápidamente a principios de la década de 1980, cuando La caza del carnero salvaje, una novela surrealista sobre un ejecutivo publicitario de Tokio que busca un carnero mítico, fue traducida al inglés y recibió elogios en Estados Unidos.

“Yo era una especie de oveja negra. Tenían la idea de que en la literatura hay un camino principal, y yo no estoy en ese camino; es una especie de atracción secundaria, pensaban. Así que no me sentía muy cómodo en la escena literaria japonesa”, dijo Murakami. “En el pasado, casi parecía que los críticos no podían decir cosas positivas sobre mí”.

Tawada empezó a leer a Murakami en el bachillerato, y sintió que se encontraba con “una literatura completamente nueva”, dijo en un correo electrónico. Para Tawada, leer la prosa de Murakami “se sentía exactamente como el viento que sopla desde alguna lejana tierra extranjera”.

Hoy en día, Murakami ya no se siente un extraño en su propio país. “He envejecido, y la gente respeta a los hombres mayores”, dijo.

“Encuentro una profundidad y una gravedad que no habíamos visto antes: algo más sustancial y, en última instancia, muy conmovedor”, dijo Philip Gabriel, uno de los que traducen a Murakami desde hace mucho tiempo.

“No sé cuántas novelas más podré escribir”, dijo. “Tengo la sensación de que podré hacer más, porque escribir ficción es maravilloso, es como explorarme a mí mismo. Incluso cuando envejezco, aún hay espacio para explorar”.

[Fotos: Dana Scruggs para The New York Times]

Fuente: telam

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