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19/02/2026

El asteroide que ya no amenaza a la Tierra pero abre una cuenta regresiva histórica hacia la Luna

Fuente: telam

El objeto 2024 YR4 podría impactar el satélite en 2032, el evento permitiría estudiar en tiempo real un choque de gran energía y pondría a prueba la defensa planetaria

>La historia del Luego, nuevas observaciones descartaron ese escenario. Sin embargo, los cálculos actuales plantean otra posibilidad, un impacto contra la Luna en diciembre de 2032.

El asteroide entró en los registros el 27 de diciembre de 2024 gracias a un telescopio del sistema ATLAS instalado en Chile. Este programa funciona como parte de la red global de vigilancia que busca identificar objetos cercanos a la Tierra. El hallazgo ubicó al asteroide en una categoría delicada. Las primeras estimaciones indicaron una probabilidad de impacto terrestre superior al 3 por ciento.

Ese dato impulsó una respuesta inmediata. El objeto pasó a integrar listas de vigilancia prioritaria y activó protocolos internacionales de seguimiento. La razón resultó evidente, un impacto de un cuerpo de entre 53 y 67 metros de diámetro podría causar daños regionales severos.

El análisis posterior modificó el panorama. Observaciones realizadas desde distintos telescopios, incluido el Según la Agencia Espacial Europea, existe una probabilidad cercana al 4 por ciento de que el asteroide golpee la superficie lunar el 22 de diciembre de 2032. Aunque la cifra permanece baja, el evento dejó de pertenecer al terreno de lo puramente teórico.

El jefe de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA, Richard Moissi, explicó el valor científico de este escenario. “La colisión podría verse desde la Tierra, por lo que los científicos estarían muy entusiasmados con la posibilidad de analizarlo”.

Si el impacto ocurre, liberaría una energía comparable a la de un arma termonuclear de tamaño medio. El choque excavaría un cráter de aproximadamente un kilómetro de diámetro y unos 260 metros de profundidad. La superficie lunar conserva cicatrices de colisiones antiguas, pero la humanidad nunca presenció en tiempo real la formación de un cráter de ese tamaño.

Desde la Tierra, el evento no representaría un peligro directo para la vida. El astrónomo Pawan Kumar ofreció tranquilidad: “no sería motivo de preocupación”.

Sudamérica, el norte de África y la península arábiga ocuparían posiciones privilegiadas para observar el fenómeno. El espectáculo incluiría numerosas bolas de fuego visibles sin telescopios.

La historia reciente muestra la importancia de estos riesgos. En 2013, un objeto mucho más pequeño explotó sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk. La onda expansiva rompió ventanas y causó heridas a más de mil personas. Ese episodio ocurrió porque el asteroide llegó desde una dirección cercana al Sol, una región difícil de observar.

El caso de 2024 YR4 expone el mismo desafío. El objeto cruzó cerca de la Tierra sin detección previa porque avanzó desde el lado iluminado del cielo, un punto ciego para telescopios terrestres.

La vigilancia futura será clave. El asteroide ahora se encuentra lejos. Los científicos deberán esperar hasta junio de 2028 para obtener nuevas observaciones detalladas. Ese momento permitirá reducir la incertidumbre y definir si el impacto ocurrirá.

El posible impacto genera preocupación técnica, pero también entusiasmo científico. Un choque de gran energía observado con instrumentos modernos ofrece información imposible de obtener de otro modo.

El calor del material fundido persistiría durante días. Los telescopios infrarrojos podrían medir cómo desciende la temperatura. Ese proceso permitiría comprender cómo se forman los cráteres en cuerpos sin atmósfera.

El cráter contendría un lago de roca fundida de unos 100 metros de ancho. El análisis de esa estructura ayudaría a reconstruir la historia de impactos del sistema solar.

Las ondas sísmicas viajarían a través de distintas capas. Su comportamiento revelaría detalles sobre el tamaño del núcleo y la composición del manto. Este tipo de información resulta difícil de obtener incluso con misiones espaciales.

El caso también cumple un rol clave en la defensa planetaria. En 2022, una nave modificó la órbita de un asteroide en una prueba histórica. Ese experimento demostró que la humanidad puede alterar la trayectoria de un objeto espacial.

El debate incluye preguntas complejas. La protección de satélites y futuras bases compite con el valor del conocimiento que surgiría del impacto.

Ese proceso resulta común en escalas astronómicas. Sin embargo, la detección temprana permite anticipar encuentros potencialmente peligrosos.

La historia de este asteroide ilustra una realidad fundamental. El sistema solar no constituye un entorno estático. Los objetos rocosos se desplazan en trayectorias complejas que pueden cruzar el camino de planetas y satélites.

El posible impacto de 2032 representa una prueba histórica. El evento podría ofrecer una ventana directa al proceso que dio forma a la Luna durante miles de millones de años.

También pondrá a prueba la capacidad de la humanidad para decidir su papel en el espacio. La elección entre intervenir o observar marcará un precedente.

Si el impacto ocurre, el cielo ofrecerá un espectáculo sin precedentes. Más allá de la belleza visual, el evento aportará respuestas sobre la historia lunar y el comportamiento de los asteroides.

Fuente: telam

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