17/02/2026
A propósito de “Sirat”: las múltiples dimensiones de la cultura “rave”
Fuente: telam
La palabra significa “delirio” y ellos se definen como una tribu global. Qué pasa en estos festivales de música
>“Nuestro estado emocional es éxtasis, nuestro alimento es el amor, nuestra adicción, la tecnología, nuestra religión, la música. Nuestra opción para el futuro es el conocimiento y para nosotros la política no existe”.
Pero ¿qué hace que millones de personas quieran participar en alguna de estas fiestas?
El término rave significa delirio, lo que puede explicar parte de su éxito. Son celebraciones en las que, a través de la música manipulada electrónicamente, se trasciende de la individualidad hacia el grupo, lo que el sociólogo Émile Durkheim denominó la “efervescencia colectiva”, aplicable también a otros eventos de música en directo.Con motivo del estreno de la película española Sirat, de Oliver Laxe, Premio del Jurado en Cannes, que se enmarca en el ambiente ravero de Marruecos, queremos hacer un repaso a la historia de estas celebraciones y su cultura.En 1989, tuvo lugar en ese país el conocido como “segundo verano del amor”. Estuvo dominado por fiestas clandestinas en las que los jóvenes celebraban la comunidad a través de la música electrónica y de la experimentación con drogas. Poco después, en mayo de 1992, el colectivo Spiral Tribe organizó una rave ilegal multitudinaria en Castlemorton, a la que acudieron 20.000 personas.
A pesar de la persecución policial y de que el gobierno de Margaret Thatcher intentase prohibirlas, el fenómeno ya había arraigado entre los jóvenes como modelo de ocio.En poco tiempo, multitud de clubes y discotecas británicas comenzaron a programar noches dedicadas a la electrónica. Eran eventos legales que se convirtieron en el germen de un segundo modelo de estas fiestas: las raves institucionalizadas. Seguidamente fueron alcanzando el resto de Europa y del mundo y así comenzó su auge, convirtiéndose en un producto propio del actual capitalismo cultural; es decir, fiestas comercializadas, globalizadas y poco diferenciadas las unas de las otras.Como sucedió en Reino Unido, la Ruta cayó en el olvido a mediados de los 90.
Por su parte, las raves clandestinas tuvieron que esperar hasta principios del siglo XXI para ganar popularidad en España, donde destacan especialmente las organizadas en Madrid –en el túnel de Boadilla o el monasterio de Perales del Río–, Andalucía –Granada y Almería– y Cataluña.
Actualmente, se mantienen las dos vertientes, las comerciales –parte de la cultura clubbing y de festivales– y las clandestinas o free parties. Estas últimas son las que levantan mayores controversias. Se trata de eventos organizados por colectivos –llamados soundsystems–, tienen carácter secreto, carecen de programa, no tienen ánimo lucrativo –la recaudación se revierte en la propia organización de la fiesta–, suelen durar varias jornadas y apuestan por espacios alejados de los núcleos urbanos para no molestar ni ser molestados.
Asimismo, requieren de una importante logística: además de las grandes torres de altavoces, generadores, gasolina o kilómetros de cables, necesitan escenografías y luces. Y es que tradicionalmente este tipo de eventos ha incluido un importante despliegue lumínico y se ha asociado a las artes visuales y escénicas.Por otra parte, son espacios comunitarios al margen de la vida cotidiana, una especie de heterotopías y zonas liminales en las que el amor, la paz, la unión y el respeto constituyen sus normas de convivencia. De hecho, son espacios seguros y no violentos, en los que las mujeres son respetadas y no se cosifican sexualmente.A nivel sociológico, las raves se caracterizan por su heterogeneidad y diversidad. Dependiendo del estilo musical al que se dediquen –techno, hardtechno, electrónica, house, psychedelic trance o breakcore– estarán dominadas por amantes de la electrónica de clubes, punks, hippies o cualquier otra subcultura urbana actual.
“Somos una entidad masiva, una aldea tribal, global, que supera cualquier ley establecida por el hombre, así como la geografía y el tiempo en sí mismo. Somos masivos. Somos uno solo”.
Fuente: telam
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