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13/02/2026

“Logré ser el que todos admiraban, solo para no sentir” 

Fuente: telam

Un médico sobreviviente del Holocausto relata cómo la mirada de una mujer a quien no pudo salvar marcó para siempre su existencia y su carrera profesional, atravesadas por la culpa y el instinto de supervivencia

>Una vez que el dentífrico sale del pomo, ¿quién mierda vuelve a meterlo adentro?

Tuve una de las mejores formaciones en supervivencia que existen: haber sobrevivido a los nazis siendo judío.

A pesar de tener quince años, yo percibía sus manipulaciones para que los judíos colaboráramos pacíficamente con nuestro propio exterminio. No les creía nada sus eufemismos como “reubicación”, “evacuación” que eran palabras razonables para llevarnos al matadero. Mucho menos creía sus promesas a cambio de que colaboráramos con ellos entregando a personas “no esenciales”.

Sesenta años después de aquella escena, todavía puedo escuchar el sonido seco de los disparos. Recuerdo a mis amigos desmoronándose y a los militares retomando su caminata por la ciudad como si nada extraordinario hubiese ocurrido. Puedo sentir el olor a pólvora -que seguía flotando en el aire- mientras se alejaban.

Luego de ese episodio pasé meses sin volver al colegio. Al principio fueron como unas vacaciones, pero con el correr del tiempo, estar preso sin razón se volvió desesperante. Me escapaba a pesar a las órdenes de mis padres, y en cada salida me jugaba la vida. Mi cuerpo percibía el peligro que mi mente trataba de ocultar, pero era adolescente y aún en esas condiciones necesitaba vivir.

Cuando nos dirigíamos hacia la estación desde donde iban a deportarnos, nos cruzamos con un oficial húngaro. Yo sabía que la policía de Hungría tenía muchos conflictos con los soldados nazis que habían invadido su país, y en un rapto de lucidez inventé una excusa para hablarle a ese oficial. Bastó que le dijera dos palabras para que los nazis intentaran hacerme callar y le dieran al policía un motivo para hacer valer su fuerza. Después de intercambiar gritos, los soldados alemanes cedieron al reclamo del húngaro, que exigía trasladarme a la oficina policial para interrogarme. Después de caminar dos cuadras con el policía, me dejó ir a mi casa porque lo único que le importaba era no dejarse avasallar tanto por los nazis. Increíblemente, había logrado salvarme.

—Tenías quince años… apenas pudiste salvarte vos —me dijo un amigo terapeuta al que le compartí el proceso que estaba atravesando.

Salvarme del secuestro en Caracas me conectó automáticamente con aquellos mecanismos de supervivencia y aquellas emociones. Fue como abrir una caja de Pandora que había obturado durante décadas.

A veces, cuando estoy haciendo un trasplante de corazón y siento latir ese músculo en mis manos, me doy cuenta de lo frágil que es todo, igual que lo era entonces en mi ciudad ocupada por los nazis. En los dos lugares reina el peligro. La vida y la muerte están ahí, separadas por milímetros.

Trabajo seis o siete días a la semana, dedicándome un mínimo de diez horas diarias. Mi familia lo padece, en especial mi mujer, que durante décadas me rogó que trabajara menos. Nunca me entendió y yo nunca pude hacer las cosas de otro modo. ¿Cómo iba a trabajar menos si no podía parar porque el desasosiego me corroía el alma? ¿Cómo podría haberlo hecho diferente si hasta el episodio en Caracas todas estas emociones estaban sepultadas? Y si no hubieran intentado secuestrarme, ¿habría aparecido todo esto o hubiera seguido reprimiéndolo hasta el final de mi vida?

Quizás mi vocación por salvar vidas día tras día, compulsivamente, no sea otra cosa que mi esfuerzo inconsciente por alejarme de aquel dolor, por redimirme de la culpa que sigo sintiendo haber sobrevivido. Por no haberme animado a ayudar de alguna forma a aquel matrimonio de ancianos. Quizás haber sobrevivido, más que una suerte, haya sido una condena.

—¿No es acaso lo que hacemos todos?, me preguntó mi amigo terapeuta.

No podemos enterrar nuestro pasado sin enterrarnos con él.

* Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”.

Fuente: telam

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