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13/02/2026

“Weser”, de Fernando Spiner: una película mar adentro sobre la soledad, la poesía y cómo es mirar de frente a la muerte

Fuente: telam

El director argentino habla de su nueva obra, un sensible ensayo filmado en pandemia que cruza realidad y ficción y forma parte de un proyecto mayor. El protagonista es Daniel Fanego, en su última actuación

> No sé cómo se cuenta Weser, la nueva película de Fernando Spiner (1958). Puedo decir que comenzó a filmarse en pandemia, en una Villa Gesell de calles vacías y silencio solo interrumpido por sirenas de ambulancias. Una ciudad desierta con habitantes encerrados, en soledad obligada y con miedo a la muerte. Puedo decir también que es una suerte de continuación de La voz de Sergio Lerer contando en idish la historia de ese bisabuelo se escucha en ambas películas. La voz de Daniel Fanego también se escucha en una y en otra pero en Weser, además, Fanego se convierte en Fernando Spiner, quien enfermó de covid estando en Villa Gesell al comienzo de la pandemia. El Fanego que se pone en la piel de Spiner es en el momento de filmar un hombre realmente agobiado por la enfermedad y la muerte inminente: murió en septiembre de 2024, poco después de terminar su labor en la película. Además de leer en silencio y de recitar poesía, su personaje se comunica con Vero (Valeria Lois), una mujer que vive en Francia, adonde llegó muy pequeña junto con sus padres, exiliados durante la última dictadura. Las familias de ambos eran amigas. A partir de un contacto en Facebook que ella inicia, el hombre le irá contando, océano de por medio, a través de audios y mostrando por medio de videos el presente de la ciudad de la costa argentina que ella dejó de ver hace décadas. Eso es, también, una forma de devolverle el pasado que no le permitieron tener.

No sé cómo se cuenta Weser porque es un collage magnético en el que se cruzan realidad y ficción, con personajes reales (artistas habitantes de Gesell como Guillermo Saccomano, Adriana Lestido y Ricardo Roux) y actores que encarnan a personajes reales del lugar; viajes de los amigos a la boya y a otros mares, tertulias salvadoras de poesía por chat e historias de vida que emergen en esos zooms de soledades cruzadas. La película puede verse todos los sábados en el Malba, siguiendo una ruta bastante parecida a lo que ocurrió con La boya: la emoción humana en tiempos de inteligencia artificial y crueldad naturalizada, las ganas de recuperar formas de comunicación que parecen bajo anestesia y el boca a boca que garantiza que Weser circule y permanezca.

“Mis padres tenían una farmacia en el barrio de Barracas, y veraneaban desde el año 1950 en Villa Gesell, que imaginate lo que era. Desde que yo nací, digamos, a los diez días de nacer, fui. Como yo nací un 27 de diciembre, en enero ya estaba en Villa Gesell y pasé los primeros diez años de mi vida veraneando ahí. Cuando yo tenía once años, mis padres decidieron trasladar la farmacia de Barracas a la a Av. Buenos Aires, entre avenidas 3 y 4, en Villa Gesell, y viví ahí prácticamente toda mi adolescencia, terminé el secundario en Buenos Aires, y después me fui a vivir a Italia en el año 82. Estuve cinco años en Roma, estudiando en el Centro Experimental de Cine, primero, y, después, trabajando como asistente de dirección, continuista, pizarrero, en las películas que conseguía para trabajar”.

— Contame un poco el origen de La Boya, como para entender mejor Weser.

— ¿Es algo que ya estaba pensado cuando filmaste la primera? Quiero decir, ¿siempre pensaste en un díptico?

— ¿Y por qué saltaste de una a tres?

— ¿Qué es el mar para vos? ¿Que sentís cuando entrás, qué pasa por tu cabeza mientras estás ahí?

— ¿Seguís contando las brazadas hasta llegar a la boya?

— Te digo un nombre: Aníbal. Respondeme como quieras.

— Nadan y escriben juntos, por ejemplo.

— En esa primera película de este ciclo, tu bisabuelo cuenta que se tira del barco huyendo de la epidemia de tifus y queriendo evitar que le prohíban la entrada a Buenos Aires. En la segunda (que se estrena cinco años más tarde de haberla comenzado), la epidemia del covid nos metió a todos en casa. Es inevitable pensar que Weser es una película de soledades. Entre una y otra pasaron varios años, ¿pensar en la muerte y el mar fue, de alguna manera, producto de ese paso del tiempo?

— Es muy emocionante ver y escuchar a Daniel Fanego en la película. Fanego actúa de Spiner, contame un poco cómo fue eso.

¿Sabías que estaba enfermo cuando empezó a filmar?

— Luis Ziembrowski es otro de los actores de Weser. Su personaje está todo el tiempo abrazado a la boya, mar adentro. Es un sobreviviente, como tu bisabuelo.

— Dijiste que estabas pensando en un tríptico. ¿Ya tienen pensado arrancar a trabajar en la tercera parte?

— Acabás de decir que no sabés cómo van a hacer para producirla. Este presente del cine argentino no parece muy estimulante para filmar.

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Título: Weser

Producción: Malena Villafañe y Fernando Spiner

Producción Ejecutiva: Malena Villafañe

Dirección de Fotografía y Cámara: Claudio Beiza (ADF)

Música Original: Natalia Spiner

Diseño de sonido: Sebastián González (ASA) y Mercedes Tennina (ASA)

Duración: 85 min.

País: Argentina

Fuente: telam

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