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13/02/2026

¿Está el régimen cubano próximo a caer?

Fuente: telam

Los habitantes de la isla viven días de extrema tensión, marcados por una grave crisis humanitaria caracterizada por el colapso energético, el desabastecimiento de alimentos y medicamentos, la crisis del sistema de salud y el abastecimiento de agua potable

>A raíz de la exitosa y fulminante operación de extracción de Nicolás Maduro, expertos y analistas debaten si es posible o no que la siguiente sea la dictadura cubana. Ese escenario se ha avivado con la nueva orden ejecutiva del presidente Donald Trump declarando una emergencia nacional y estableciendo un proceso para imponer aranceles a los productos provenientes de países que venden o suministran petróleo a Cuba bajo la lógica de proteger la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos (EEUU) de las acciones, alianzas y políticas que promueve el régimen cubano.

En un contexto de creciente crispación de la población, el gobierno cubano vive un clima de nerviosismo ante las señales que llegan de Washington. El endurecimiento drástico de la política estadounidense bajo la Administración Trump –incluido el anunciado castigo con tarifas comerciales al suministro petrolero que La Habana llama “bloqueo” como si los barcos estacionados frente a Venezuela estuviesen ahora cercando la isla– coincide con apagones casi totales, colas masivas por gasolina, cacerolazos nocturnos, movilizaciones militares (que sólo reflejan su inferioridad ante cualquier iniciativa estadounidense) y un refuerzo visible del aparato represivo.

Quizás lo más grave para la estabilidad del gobierno no sea la crisis económica per se, sino que el aparato de manipulación psicológica de la población ha perdido la capacidad de moldear la percepción ciudadana. El partido comunista ha enajenado a buena parte de sus militantes y a sus otrora bases de apoyo popular. En su inmensa mayoría los cubanos no creen ni en el partido ni en sus líderes, más bien los detestan, aunque se nieguen a declararlo por razones obvias ante un periodista extranjero. Los ancianos nonagenarios y octogenarios líderes de la línea dura, asentados en la cúpula de poder, han perdido el sentido de la realidad. Su mundo imaginario parece seguir anclado en la década de los 60. A esto se suma el estado de shock en el que han quedado, en especial los militares, ante la incapacidad de sus servicios de inteligencia y de protección personal para evitar la extracción de Maduro. Su derrota ha ridiculizado el discurso de atrincheramiento que tratan de imponer dirigentes como Miguel Díaz Canel y el canciller Bruno Rodríguez. Cuando el país apenas tiene petróleo para un período estimado entre seis y ocho semanas, todo indica que la parálisis absoluta y la eventual caída del régimen se tornan no sólo posible sino muy probable e incluso inminente: al inicio o mediados del verano.

El colapso económico es profundo y multisectorial. La deuda externa supera los 46.000 millones de dólares, las remesas han caído aproximadamente un 70%, los ingresos turísticos se han desplomado en un 68,15% respecto al período prepandemia y su desplome total parece inevitable en este año. Los ingresos por exportación de servicios médicos han descendido un 53,55%. La industria azucarera, históricamente estratégica, ha dejado de exportar y ahora se importa el azúcar necesario para el consumo interno. La inversión extranjera es prácticamente inexistente y la matriz energética se encuentra en estado de quiebra técnica, incapaz de generar el 40% de la electricidad diaria, aun antes de perder el petróleo de Venezuela.

El sistema de salud pública está en una situación de bloqueo funcional. En los últimos tres años han abandonado el país más de 70.000 profesionales sanitarios –médicos, enfermeras, técnicos y paramédicos–, lo que ha destruido su capacidad operativa, dejando a la población sin acceso a la atención médica básica. Los hospitales están colapsados, como muestra la situación epidemiológica. La gente prefiere quedarse en casa enferma antes de ir a morir a un hospital. La inversión en el sistema de salud (cerca del 2%) sigue siendo mínima mientras se priorizan las del turismo (más del 30%) pese al fracaso en atraer visitantes.

El régimen de gobernanza ha entrado desde hace casi dos años en una fase de creciente colapso operativo. El sistema en el que una nueva oligarquía decide y el gobierno ejecuta ha demostrado su inviabilidad. Ninguna institución estatal opera de manera eficaz, con la excepción del aparato represivo. El poder económico y financiero del país se concentra en GAESA, el holding empresarial que en teoría pertenece a las FAR, pero que en la práctica es controlado por la familia Castro y un grupo de oligarcas leales. En GAESA no participan generales, salvo Ania Lastre la actual CEO de GAESA, quien fue recientemente ascendida a General de Brigada. Raúl Castro los ha tenido apartados de las finanzas del país. No le gusta tener enemigos internos con poder financiero. Los generales están centrados en la parte ideóloga e institucional del ejército.

El gobierno carece de un plan integral, creíble y coherente para enfrentarse a la crisis, y ha sido incapaz de construir alianzas internacionales confiables –estatales y/o privadas– que contribuyan a aliviarla. Tampoco muestra voluntad política de reconstruir el antiguo pacto social, en el que el Estado, aun siendo represivo, garantizaba mínimamente las necesidades básicas de la población. Tampoco a lo largo del tiempo ha mostrado voluntad para negociar con EEUU. El fracaso del deshielo fue una prueba irrefutable de ello y mostró las intenciones del régimen cubano.

La situación energética y financiera se ve agravada por factores internos y externos. La deuda externa, la pérdida de líneas de créditos por ser mal pagador, la baja producción de bienes, el declive cada vez más profundo de las exportaciones y la mala planificación de las inversiones hacen que el gobierno vea disminuidos sus ingresos y los que todavía entran son en gran media apropiados por la maquinaria de GAESA. A esto hay que agregar el control estadounidense sobre el suministro de petróleo venezolano, con potencial extensión a otras fuentes rusas, africanas y mexicanas, que colocará a la isla, en breve tiempo, al borde de la parálisis total. Por otra parte, el país carece de capacidad de almacenamiento suficiente de combustible. El golpe de la armada estadounidense a la flota fantasma encargada del trasiego de crudo venezolano, negocio en el que participaba el régimen a través de GAESA, ha obligado al régimen a mantener sus buques cisterna en puerto, por miedo a que sean confiscados por EEUU. A esto se suma el deterioro de la red energética, cuyas plantas obsoletas tienen más de 40 años de uso y constantemente se desconectan por roturas y mantenimientos de urgencia.

2026 comienza en un contexto internacional adverso para la élite cubana, marcado por el giro estratégico de la política exterior de EEUU. La llegada a la Casa Blanca de una administración que asume oficialmente la actualización de la Doctrina Monroe ha reintroducido el uso de la fuerza militar como herramienta de política exterior y ha identificado como enemigos prioritarios en el hemisferio occidental a Venezuela –donde ya ejecutó una acción quirúrgica–, Cuba –colocando en el centro de la mirilla sancionadora al oligopolio de GAESA– y Nicaragua.

El intento ruso de rescatar la economía cubana fracasó. Decenas de oligarcas rusos trataron durante dos años de crear los mecanismos y hacer las conexiones necesarias para comenzar el rescate económico, que no fue posible. La resistencia del régimen a introducir cambios estructurales en las leyes, como pedía la contraparte rusa, fue suficiente para que comprendiera que tal rescate era imposible. El actual embajador ruso expresó que es responsabilidad del gobierno cubano resolver la crisis de abastecimiento de petróleo, señal inequívoca de que Vladimir Putin da a Cuba por perdida.

Por primera vez, varios países europeos y latinoamericanos se abstuvieron en la resolución de condena al embargo. En el nuevo escenario mundial no puede descartarse la ruptura o congelación del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y Cuba. Esta posibilidad cobra fuerza de cara a los próximos meses, cuando ya existe una iniciativa en el Parlamento Europeo orientada a avanzar en esa dirección. En América Latina el régimen también ha perdido aliados y capital político. La caída de gobiernos de izquierda, como en Argentina, Bolivia, Chile, Honduras y el fin de Maduro, han desprovisto al régimen prácticamente de sus aliados regionales más próximos y de peso. El gobierno de Lula, otrora muy cercano, ha tomado una prudente distancia dado su renuencia a las reformas y a abrirse a una economía de mercado. A Gustavo Petro le pueden quedar pocos meses como presidente de Colombia. Salvo grupos minúsculos, Cuba ya no inspira a la izquierda democrática regional, más bien genera rechazo.

Mientras se agota y se reduce la capacidad de maniobra del régimen, la Administración Trump da cada vez más señales de preparar su movida final. La presión ha comenzado con la aplicación de fuertes desincentivos comerciales a los países que insistan en suministrar petróleo. También se han retirado las licencias a varias empresas del sur de Florida que comercian con el régimen, mientras otras se encuentran en fase de revisión. Otras medidas adicionales de presión para cortar el flujo de financiación al régimen pudieran sumarse en los próximos días, como, por ejemplo, la posible suspensión de los vuelos o el envío de remesas desde EEUU solicitada por congresistas cubanoamericanos. Con anterioridad se ha retirado el visado a funcionarios de diversos países por facilitar la contratación de personal médico y paramédico en el exterior. En este contexto, EEUU podría jugar otras cartas, como habilitar un plan para amparar (con ofertas de visados o participación en empresas de telemedicina) al personal médico y paramédico contratado en el exterior en condiciones de esclavitud laboral, lo cual dejaría al régimen prácticamente sin ingresos.

En declaraciones recientes, Donald Trump informó que había solicitado a la presidenta de México que detuviera los envíos de petróleo y ésta, en la práctica, aunque no lo haya reconocido, aceptó, por lo que Cuba se ha quedado sin suministrador. La única opción es negociar con EEUU. Al parecer, a pesar de la retórica del gobierno de que no acepta amenazas ni dialogar bajo presión, las autoridades cubanas están considerando explorar el sendero de la negociación. Así lo afirma recientemente el propio mandatario estadounidense y lo evidencia la nota del gobierno cubano que, aunque envuelta en la retórica habitual si bien menos estridente, abre esa ventana.

Con todos estos factores gravitando en contra del régimen, es evidente que no le queda mucho tiempo para tomar decisiones graves. Su capacidad de maniobra para sobrevivir financieramente es nula. Se encuentra en fase terminal y ni siquiera su aparato represivo podría sostenerse. Mientras, los problemas internos se profundizan dada su incapacidad de reformarse (el sistema ha demostrado que no es reformable, sólo remplazable), mientras los factores externos arrecian al régimen sólo le queda la opción de reconocer la realidad. Dejó pasar todos los trenes de iniciar una reforma real, incluso con apoyo estadounidense (Kissinger, Carter, Clinton, Obama) y luego ruso. El discurso de atrincheramiento del gobierno cubano es mediocre. Los días del actual régimen de gobernanza cubano están contados. Pueden cerrar esta historia de manera amable o dolorosa, es la única opción real a su alcance.

Sobre Alejandro Castro Espín pesa la responsabilidad de los ataques sónicos contra dos docenas de diplomáticos estadounidenses. Sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro e hijo del difunto Luis Alberto López Callejas hay indicios de enriquecimiento ilícito y lavado de capital, dadas sus decenas de viajes a Panamá en los últimos dos años en aviones privados y su relación personal con el empresario panameño Ramón Carretero Napolitano, albacea de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Entretanto, Mariela Castro y su esposo italiano, Paolo Titolo, acumulan un extenso expediente de corrupción y enriquecimiento ilícito. Titolo ha utilizado la relación familiar y el poder para inducir a empresarios extranjeros a invertir en Cuba y se ha convertido en uno de los hombres más ricos del país gracias a la corrupción. Titolo es el director general de Amorín Negocios Internacionales S.A en Cuba, un gigante multinacional de origen portugués, cuyos tentáculos se extienden a negocios de energía, bienes raíces, turismo y las finanzas. Este personaje es una pieza clave que ha conectado GAESA con el capital europeo. Así las cosas, la mejor opción para los Castro es marcharse del país. Para la transición ya existen planes viables para que ocurra de forma expedita y con beneficios inmediatos para la población. Un proceso que se ejecutará por etapas teniendo como base legal la aplicación de la ley Helms-Burton.

Sin duda una de las primeras medidas de cualquier administración que sustituya al actual gobierno será la intervención e investigación exhaustiva de GAESA, el origen de sus capitales, sus cuentas bancarias, operaciones e inversiones sean en la isla o el exterior. El enfoque de esa investigación estará sin duda dentro de un marco conceptual similar de la ley RICO estadounidense (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act), que ha operado en mercados lícitos e ilícitos. Las empresas extranjeras asociadas al conglomerado no necesariamente tendrían que verse sancionadas si sus operaciones se mantuvieron en el campo de la economía lícita.

Las FAR –con la excepción de su Contrainteligencia Militar (CIM)– no han participado tampoco de manera destacada en la represión, no se han corrompido con las operaciones ilícitas de GAESA, ni son identificadas por el pueblo como parte de la oligarquía ostentosa que lo ha sumido en la miseria. Por eso es una institución que podría y debería profesionalmente sumarse al proceso de cambio bajo una nueva doctrina de defensa que los someta a la autoridad civil y les encomiende una nueva misión dirigida –quizás en coalición con las fuerzas estadunidenses– a la lucha contra el crimen transnacional organizado. El Ministerio del Interior, por su parte, es una institución gigante donde cohabitan direcciones dedicadas a la represión (como la Sección 21, Contrainteligencia, Inteligencia, Policía, Guarda Fronteras –que han asesinado a muchos migrantes ilegales cuando salían del país–, Prisiones, etc.) con otras con diferentes funciones (bomberos). Una política inteligente podría restructurar la institución y dar un trato diferenciado a cada unidad y persona dentro de ella. Si la transición de produce de manera pactada ello haría posible un trato más comprensivo hacia ellos.

Por primera vez en casi siete décadas la dictadura tiene una única opción viable: dar paso a la transición a la democracia. Esta oportunidad no se da por la comprensión voluntaria del régimen de que es necesario cambiar el sistema, sino por la resistencia de la población a soportar su deterioro y la voluntad de la Administración Trump de poner fin a casi siete décadas de una amenaza permanente para la seguridad de EEUU. Por primera vez el régimen se encuentra en un callejón sin salida, donde ningún actor externo vendrá a su rescate financiero. Por primera vez desde 1962 una Administración estadounidense ha abandonado el apaciguamiento de la Doctrina de Contención y retornado a la confrontación directa para eliminar la amenaza (Doctrina de Rollback) a sólo 90 millas de sus costas. Por primera vez, el régimen ha experimentado el miedo de ser aplastado de un golpe por una fuerza superior indetenible. Por ello, cualquier resistencia gerontocrática al cambio sería un ejercicio inútil.

(c) Real Instituto Elcano, 2026

Fuente: telam

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