11/02/2026
Cómo es la iniciativa científica para evitar colisiones de satélites en un espacio cada vez más congestionado
Fuente: telam
Un equipo del Laboratorio Lawrence Livermore de Estados Unidos simuló durante seis años esa cantidad de trayectorias en el espacio cercano a la Tierra y la Luna para anticipar colisiones en un entorno orbital cada vez más congestionado y vulnerable a tormentas solares que afectan a la Tierra
>La órbita baja de la Tierra dejó de ser un territorio casi vacío. Hoy funciona como una autopista invisible satelital que sostiene la vida moderna. Comunicaciones, navegación por GPS, observación climática y transmisión de datos dependen de miles de satélites que cruzan el cielo a gran velocidad.
El crecimiento resulta vertiginoso. Solo SpaceX despliega una megaconstelación que supera los 9000 dispositivos. Amazon anunció su propio proyecto de gran escala. China avanza con planes similares.
El calendario de lanzamientos previsto para 2026 anticipa aún más tráfico. Este aumento transforma la órbita baja, situada entre 200 y 1.200 kilómetros de altitud, en un entorno denso y complejo.En ese contexto, un equipo del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California presentó una herramienta que podría marcar un punto de inflexión. Los investigadores modelaron un millón de órbitas durante seis años en el espacio cislunar, que incluye la región entre la Tierra y la Luna. El objetivo fue comprender la estabilidad de las trayectorias y detectar zonas de posible congestión futura.El volumen de datos permitió aplicar técnicas avanzadas de análisis. Denvir Higgins, científico del LLNL, explicó el alcance del proyecto: “Cuando se tienen un millón de órbitas, se puede obtener un análisis muy completo mediante aplicaciones de aprendizaje automático”. Y agregó: “Se puede intentar predecir la vida útil de la órbita, su estabilidad o detectar anomalías para ver si una órbita se mueve de forma extraña”.
La investigación aporta otra lección clave. Predecir con precisión la posición futura de un satélite no resulta sencillo. Travis Yeager, también científico del LLNL, lo expresó con claridad: “Si quieres saber dónde estará un satélite dentro de una semana, no existe una ecuación que te indique dónde estará”. Luego subrayó el método necesario: “Hay que avanzar poco a poco”.
La utilidad de este mapa adquiere mayor relevancia ante un escenario inquietante. Diversos estudios advierten sobre la posibilidad de un efecto en cascada conocido como síndrome de Kessler. Según esta hipótesis, una colisión accidental podría generar fragmentos que impacten otros satélites, lo que produciría más escombros y nuevas colisiones. El resultado sería una reacción en cadena capaz de inutilizar regiones enteras de la órbita baja durante décadas.
Sin embargo, esa coreografía depende de un equilibrio delicado. Un estudio reciente introdujo un indicador denominado CRASH Clock para estimar el tiempo disponible antes de una colisión grave si se pierde el control activo.
El resultado fue alarmante. En caso de interrupción significativa, el margen crítico podría reducirse a apenas cinco días y medio. Si los operadores perdieran el control durante 24 horas, por ejemplo ante una tormenta solar, la probabilidad de una colisión catastrófica aumentaría al 30 por ciento.Las Un evento extremo similar a la tormenta Carrington de 1859, que dañó la infraestructura telegráfica de su época, hoy impactaría redes eléctricas y sistemas de navegación. En ese contexto, el control orbital podría quedar comprometido en cuestión de horas. Un satélite sin capacidad de maniobra se convierte en un proyectil impredecible dentro de un entorno saturado.La simulación de un millón de órbitas ofrece una herramienta para anticipar estos escenarios. Permite detectar zonas donde múltiples trayectorias convergen y evaluar la estabilidad de cada ruta a lo largo del tiempo. También brinda información para planificar lanzamientos futuros con mayor precisión.La pregunta de fondo apunta al límite del crecimiento orbital. La órbita baja se convirtió en un recurso estratégico, pero su capacidad no es infinita. Cada nuevo lanzamiento incrementa la complejidad del sistema. Sin herramientas predictivas avanzadas, el margen de error se reduce.
El trabajo del LLNL no elimina el riesgo, pero aporta una base cuantitativa inédita. Al modelar un millón de trayectorias, los investigadores construyeron un laboratorio virtual del espacio cercano. Allí se pueden ensayar escenarios, medir estabilidad y anticipar intersecciones críticas antes de que ocurran en la realidad.Frente a un entorno cada vez más congestionado y expuesto a fenómenos naturales inevitables, comprender la dinámica orbital se vuelve una necesidad urgente. La simulación masiva marca un paso decisivo en esa dirección. El desafío ahora consiste en traducir ese conocimiento en políticas y tecnologías que mantengan el equilibrio antes de que una colisión desencadene el colapso que los científicos intentan evitar.
Fuente: telam
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