08/02/2026
La aventura del arte de Alberto Greco llega al Reina Sofía con una gran antológica
Fuente: telam
La exposición “Viva el arte vivo” repasa los gestos provocadores y acciones sorprendentes del artista que rompió todas las reglas al declarar mercados, baños y hasta ciudades enteras como verdaderas obras de arte viviente
>La exposición Viva el arte vivo ilumina el recorrido singular de Alberto Greco, un artista cuya vida y obra resultaron inseparables de su constante desplazamiento geográfico y conceptual.
La exposición abarca desde sus primeros escritos y pinturas informalistas hasta la novela Besos brujos, redactada poco antes de que decidiera poner fin a su vida en Barcelona en 1965, y subraya cómo Greco, a lo largo de una existencia migrante, entendió el arte vivo no como un manifiesto destinado al futuro, sino como una invitación radical a disolver los límites entre el arte y la vida.
Dentro de las novedades de mayor impacto destaca la documentación y las obras relativas al período italiano, que hasta ahora no habían visto la luz: “Podemos pensar en muchísima documentación y obras que hasta ahora no se habían visto, sobre todo en Italia con las fotos que tomó Claudio Abatté en 1962”, precisó Mizrahi.
La trayectoria de Greco partió desde Buenos Aires en 1950 y cruzó la Puna de Atacama, Humahuaca, París, Río de Janeiro, São Paulo, Génova, Roma, Nueva York, Ibiza y Barcelona, a la vez que sus obras, realizadas entre 1949 y 1965, abarcan diversas técnicas y soportes.
La figura de Alberto Greco desafía las clasificaciones convencionales dentro del arte argentino del siglo XX. Pionero del informalismo junto a Kenneth Kemble y creador de experiencias artísticas radicales, llevó su práctica a grandes ciudades y remotos pueblos, dejando una estela de intervenciones, manifiestos y actos que aún hoy generan debate y reinterpretación sobre los límites y la vitalidad del arte. Greco cargó el arte sobre sus espaldas y lo llevó a donde pudo.
Lo cierto es que su formación fue amplia pero poco académica. Egresado de Bellas Artes, tuvo como maestros a Cecilia Marcovich, Tomás Maldonado y Lidy Prati, aunque nunca se circunscribió a un taller o método tradicional. Para los años sesenta, concebía el arte como una acción, una aventura continua, un acontecimiento que involucraba al propio espectador y escapaba del soporte clásico del lienzo.
La ruptura no fue repentina. En 1950, antes de asumirse como informalista, editó Fiesta, una publicación artesanal con 150 ejemplares únicos y tapas intervenidas por Raoul Veroni, que reunió haikus escritos por él. Durante la presentación, la irrupción de fuerzas de seguridad dispersó el acto bajo la sospecha de actividades comunistas. Este episodio, que marcaría su relación constante con la autoridad y el poder, ha sido considerado por algunos como el primer happening argentino, aunque el término entonces no tuviera vigencia.Su accionar, a menudo envuelto en mitos y relatos contradictorios, anticipó los debates sobre el arte conceptual y los límites entre lo real y lo simbólico. Una y otra vez, Greco insistió en que el arte podía y debía ser intervenido, resignificado, vuelto a poner en circulación.Entre 1962 y 1963, Greco llevó su búsqueda a Europa, especialmente a París y Roma. En la capital francesa, deambuló con tiza en mano, señalando transeúntes dentro de círculos como una manera de consagrarlos momentáneamente en “obras de arte vivas”. Ese mismo año redactó el Manifiesto de Vivo Dito, donde sostuvo: “El arte vivo es la aventura de lo rea”l.
Los collages y dibujos de Greco inscriben, en la superficie de papeles y telas, textos y registros que remiten tanto al vagabundeo urbano como al espectáculo popular, el readymade y las festividades religiosas. Esta mezcla revela la tensión entre la vida cotidiana del artista y las intensidades corporales que atravesaron su escritura y su iconografía.
En 1963, ideó en Roma el espectáculo Cristo 63, un happening teatral improvisado en el Teatro Laboratorio de Carmelo Bene. Allí, el público integraba la acción con relatos e interpretaciones propias. Como muchas otras veces, la intervención de la policía clausuró el evento y Greco fue confinado con camisa de fuerza en un hospital de monjas. En correspondencia dirigida a amigos sobre esa experiencia, relató: “Podía durar una hora como cinco... tres días o diez minutos. La idea era abolir los camerinos, todo debía ocurrir allí” y recordaba cómo logró evadirse gracias a la ayuda del propio Bene: “Logré escaparme por una ventana ayudado por el director de la compañía”. Tan intenso fue el escándalo que, según sus cartas, tuvo que abandonar Italia menos de 48 horas después del episodio.Uno de los episodios mejor documentados de esta etapa fue su estadía en Piedralaves, un pequeño pueblo español a 95 km de Madrid. Allí, acompañado de la fotógrafa Montserrat Santamaría, desplegó el Gran Manifiesto-rollo arte Vivo-Dito, una pieza de 300 metros repleta de inscripciones y fotografías.Posteriormente, trasladó su arte vivo a Madrid, donde realizó la acción Viaje de pie en metro de Sol a Lavapiés: los pasajeros recorrieron una estación juntos y pintaron una gran tela, que fue quemada minutos antes de la llegada de la policía franquista. Finalmente, ya de regreso en Buenos Aires, organizó una exhibición en la histórica Galería Bonino con la muestra individual Mi Madrid querido, que tuvo tal concurrencia que obligó a trasladar las acciones a la Plaza San Martín.
En ella, Greco incluyó los trazos de una relación tumultuosa con Claudio Badal. El libro se considera una pieza adelantada a propuestas de la literatura queer que emergerían décadas después y a la mixtura narrativa de autores como Manuel Puig. En Barcelona, tras ingerir una sobredosis de barbitúricos, Greco escribió en su mano izquierda la palabra “Fin” y, sobre la pared, estampó la frase: “Esta es mi mejor obra”.
Para Mizrahi, esta exposición implica una resonancia particular para el público argentino y constituye una instancia de legitimación y posicionamiento institucional: “Fundamentalmente es una muestra que nos interpela como si estuviéramos en la Copa del Mundo. El museo es no solamente legitimador, sino que, hoy en día está posicionado muy arriba en cuanto a pensamiento, en cuanto a estructura museográfica, museológica y conceptual”.
Fuente: telam
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