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05/02/2026

El caminante que rescata las casas porteñas más curiosas: el impulso que le dio el coronavirus y el barrio que tiene pendiente

Fuente: telam

Pablo G. Fernández empezó con su cuenta de Instagram y ya editó un libro con imágenes seleccionadas

>El paseante sin rumbo, el que convierte la ciudad en escenario y en refugio, fue bautizado en el siglo XIX comoEl flâneur explora con mirada atenta y paso errante, pero jamás indiferente. Su andar es un acto de contemplación y una declaración de independencia. “La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces”, escribió Baudelaire.

La figura inspiró a pensadores como Walter Benjamin, que lo interpretó como un producto de la modernidad y la alienación urbana. Benjamin veía en el flâneur a un detective aficionado, un investigador de la metrópoli, alguien capaz de decodificar la vida moderna solo con deambular y mirar.

En las calles de Buenos Aires, la posibilidad de ser flâneur cobra matices propios. Las veredas anchas de Avenida de Mayo, los pasajes secretos de San Telmo, los contrastes de Once y la vitalidad de Corrientes ofrecen un espacio fértil para quien decide caminar sin prisa, dejarse llevar y perderse en la multitud. El espíritu del flâneur sobrevive en quien se anima a mirar la ciudad sin buscar nada, dispuesto a que la sorpresa y el asombro guíen sus pasos.

Algo de ese espíritu del escritor francés es el que retoma Pablo G. Fernández en su caminata por la Ciudad. Su objetivo es retratar fachadas de casas. Dar cuenta de los estilos de las viviendas que aún quedan en Buenos Aires y resisten en avance de los edificios uniformes.

“Para mí, en principio, era una forma de desconexión de todo lo que estaba pasando con la cuarentena y el coronavirus - sostiene Pablo, al recordar sus inicios-. Esos primeros recorridos eran con la excusa de poder salir de mi casa”.

Las primeras fotos las hizo mientras cubría el trayecto entre los barrios de Almagro y Balvanera para poder ver en ese momento a su novia. “No soy fotógrafo ni arquitecto. Lo que hice y que me dio mucho placer es agudizar la mirada y posarla sobre lugares que quizás muchos porteños no se posan en forma cotidiana”, cuenta Fernández.

Su cuenta de Instagram. Pablo pudo cumplir con creces su objetivo de una foto por día. Así, el material pasó de las redes sociales a formato libro. En ese caso el desafío fue pasar de las miles de fotografías a 110 registros de “Buenos Aires revelada”. El texto fue publicado por la Editorial Olivia y tendrá una segunda edición en marzo. Siempre con el asesoramiento de la arquitecta Mariana Quiroga.

En los registros, Pablo publica la dirección de la casa, busca y chequea información para que los lectores tengan datos, además de la foto. “Quizás alguno se anima y va a ver la casa y a tomar su registro propio”, dice Fernández. Para la nueva edición que sale en marzo, hay tres casas que ya fueron derrumbadas y se convertirán en edificios.

De esa manera, el Instagram y el libro de Pablo funcionan como un archivo de la Buenos Aires que va dejando de existir. “Me escribe mucha gente con historias de las fotos que subo. En general, activa la nostalgia y el recuerdo de muchos porteños -cuenta Pablo-. También, es una forma de documentar la existencia de esas edificaciones antes que se conviertan en edificios nuevos.”

Pablo no cree en “la ciudad museo”. Entiende que puede haber nuevas construcciones. Al mismo tiempo, Fernández sostiene que “los cambios tienen que permitir un acceso más equitativo a la vivienda de los porteños. Y, además, se debe proteger lo que se considera patrimonio urbanístico. No muchas veces sucede”.

Cada caminata por un barrio le demanda un par de horas en las que Pablo se detiene cada vez que lo cree necesario. “Son unas 20 o 30 cuadras. Voy con algún dato especial, pero después mi idea es perderme por la zona. Ahí es donde encuentro verdaderos tesoros arquitectónicos”, explica Fernández.

Al alejarse de la esquina, el flâneur porteño sabe que ninguna caminata es igual a la anterior. Cada jornada deja un rastro distinto. Pablo no busca respuestas, solo acumula escenas y rostros que se mezclan en la memoria como si fueran parte de una novela interminable.

Fuente: telam

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