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02/02/2026

La belleza de la semana: “Visitantes”, de Bill Braun

Fuente: telam

El pintor contemporáneo de EE.UU. produce series que remiten a collages de la infancia, a partir de una vuelta de tuerca del uso del trampantojo

>Es conocida, por todos aquellos que estudiaron o se interesaron por la historia del arte, la anécdota de Zeuxis y Parrasio en la Antigua Grecia, pero resulta inevitable regresar a ella para observar la obra del estadounidense contemporáneo Bill Braun.

“Yo he engañado a los pájaros, pero Parrasio me ha engañado a mí”, cita Plinio en su obra del siglo I sobre un evento del que no fue testigo, sino que sucedió alrededor de 500 años antes. No quedaron pruebas del evento, tampoco obras de la existencia de los pintores más allá de este relato, pero verídica o no, la historia revela una necesidad del arte por representar lo real, por engañar al ojo, por superar -o al menos igualar- aquello que consideraban que los dioses habían creado.

Por supuesto, el tiempo pasó y esa necesidad de recrear lo real, más allá del Realismo durante romanticismo, estuvo y se encuentra aún presente. Los Sus inicios documentados se atribuyen a los pompeyanos, a partir de los murales que resisten en la ciudad, a los que se llamó “ilusionismo”, luego sugieron teorías: la primera y segunda regla del punto de distancia de Giacomo Barozzi de Vignola, y sus efectos en el muralismo del Quattrocento florentino; la de la retina de Descartes y las perspectivas de Jan Vredeman de Vries, que tuvieron una notable influencia en los primitivos flamencos, que de primitivos en la técnica no tenían absolutamente nada -de Jan Van Eyck, van der Weyden a Hans Memling y Pieter Bruegel el Viejo-, y que llevaron la perspectiva arquitectónica un poco más allá con las vanitas y los bodegones, donde la representación de lo real continúa siendo cautivante.

Así surge, a grandes rasgos, el trampantojo o lo que los franceses, nunca lerdos en eso de adueñarse de avances ajenos, rebautizaron como trompe l’oeil o >Hoy, quizá el engaño en la pintura, fotografía mediante, se suele asociar al hiperrealismo, movimiento surgido a finales de los años ’60 en EE. UU. y Europa que intenta desafiar a la tecnología, ser más fotográfico que la cámara. En esta tradición podría incluirse la obra de Bill Braun (Califorina, 1955), aunque su acercamiento es, por decirlo rápido, más sentimental.

Lo real no es aquello que vemos, no refiere a los objetos que observamos, que se nos presentan en lo cotidiano, sino como en un metalenguaje nos remiten a lo que construímos durante la infancia: pinturas que a golpe de vista son collages escolares.

“La declaración de un artista podría deshacer el objetivo fundamental de convencer al espectador, al menos por un momento, de que lo que ve son objetos reales y no una pintura. Las reglas básicas de la pintura trompe l’oeil son que los objetos se representan en escala real y totalmente dentro de un espacio pintado poco profundo. Este tipo de pintura siempre ha sido una rama menor de la pintura realista, pero con una historia muy larga >Realizadas en acrílico, las obras simulan composiciones infantiles hechas con recortes de papel, cinta adhesiva, grapas y papel madera, recursos típicos de un proyecto escolar, aunque en realidad se trata de una ejecución precisa sobre lienzo.

Las piezas destacan por su colorido, apariencia lúdica y el cuidadoso manejo de las sombras, que confiere realismo, generando la sensación de volumen. El efecto visual engaña incluso en la observación cercana: elementos como las grapas y las siluetas parecen sobresalir del soporte, cuando en realidad todo es una superficie plana.

Fuente: telam

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