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31/01/2026

Creció en Devoto, soñó con ser futbolista y lloró por Maradona en el ’94: el hombre que sobrevivió a la caída de una placa de vidrio

Fuente: telam

A 49 días del accidente que casi le cuesta la vida, Pablo Balestreri repasa su historia con Infobae y explica cómo cambió su rutina. “En el barrio la gente me pregunta: ‘¿Vos sos el del vidrio?’”, dice

>—¿Me lo abrís? —pide Pablo Balestreri (50) mientras señala un sobre de edulcorante. Es sábado por la mañana y el mozo acaba de dejar un cortado frente a él. Quiere endulzarlo, pero tiene el brazo izquierdo inmovilizado con una valva y no puede hacerlo solo.

Desde el 13 de diciembre de 2025 su vida cambió de forma abrupta. “En el barrio la gente me pregunta: ‘¿Vos sos el del vidrio?’”, cuenta. Perdió el anonimato después de que se difundió el video que muestra La entrevista con Infobae iba a hacerse en su departamento, donde vive con su madre de 91 años. A último momento, sin embargo, Balestreri cambió de idea. “Mejor vamos a un bar”, propone, y camina despacio hasta otro café de la zona, a pocos metros del lugar del accidente. Se acomoda en una mesa de la vereda, apoya con cuidado el brazo lesionado y empieza a reconstruir su historia: desde su infancia en Villa Devoto y el deseo de ser futbolista hasta sus días actuales y el modo en que el accidente modificó su forma de ver las cosas. “Por algo me pasó”, asegura.

Pablo creció en Villa Devoto, en una familia de clase media, como el menor de tres hermanas mujeres. De su infancia recuerda la primaria en la Escuela Nº 7 “Gral. Máximo de Zamudio”, las tardes jugando a la pelota y los veranos familiares primero en San Clemente del Tuyú y, más tarde, en Mar del Plata.

Fanático de Diego Maradona, todavía recuerda el Mundial de 1994 como uno de esos momentos que lo hicieron llorar. “Cuando lo sacaron del Mundial lloré como un condenado. Y me pasó lo mismo años más tarde, cuando murió mi viejo. Los comparo porque sufrí mucho por los dos”, dice.

Ya en sus veintitantos intentó estudiar varias carreras —Contaduría, Ciencias Políticas, Analista de Sistemas— y ninguna lo convenció. Desde hace más de una década trabaja como administrativo en la Aduana y, hasta el día del accidente, según dice, llevaba una vida “normal”. “En la semana, si volvía medio cansado de laburar, me tiraba a descansar un rato”, explica. Los fines de semana, en cambio, trataba de despejarse: “A veces me iba al Tigre, solo o acompañado. Me tomaba el Mitre en Barrancas de Belgrano y caminaba por el Puerto de Frutos”.

Soltero y sin hijos, Balestreri asegura que, de haber tenido la oportunidad, le hubiera gustado ser padre. “Ahora, a los cincuenta, es jodido tener pibes. Igual, tengo muchos sobrinos”, dice.

El sábado 13 de diciembre, cerca de las 18.40, Balestreri se sentó en una de las mesas de la vereda de la cafetería Candelaria, a media cuadra de su departamento. Había ido otras veces, aunque ya no lo frecuentaba tan seguido. Pidió una gaseosa y, minutos después, sufrió un accidente que estuvo a punto de costarle la vida.

La secuencia quedó registrada por una de las cámaras de seguridad del local. “Escuchamos un estruendo fuerte y al principio pensamos que había sido un choque. Cuando salimos, vimos la mesa en el piso y al hombre sentado, semi inconsciente. Por suerte recuperó la conciencia a los pocos minutos”, relató luego uno de los empleados a TN.

En medio de toda esa confusión, antes de que llegara la ambulancia, Pablo alcanzó a darle a una de las chicas del local el número de teléfono de una de sus hermanas. “No sé cómo hice para acordarme”, cuenta.

Desde entonces, su rutina transcurre entre consultorios médicos: va casi todos los días al kinesiólogo y a terapia ocupacional para recuperar movilidad en la mano y el brazo. “Todavía no puedo hacer ni la mitad de las cosas. Tengo que depender de los demás”, reconoce.

—¿Cómo fue regresar a tu casa y al barrio después del accidente?

—Traté de seguir haciendo mi vida. En el barrio algunos me preguntan: “¿Vos sos el del vidrio?”. También recibí muchos mensajes. Hubo despachantes que me llamaron: “Si necesitás algo, avisame”. Hasta los jefes. Me gusta que me pregunten cómo estoy. Creo que eso es lo lindo de que me haya pasado esto: que la gente se interese por cómo me siento. Igual sigue siendo un mal momento, porque vivo yendo al médico. No sé cuándo podré reincorporarme al trabajo.

—Fui una vez. Pasé a saludar y tomar un café. Algunos de los mozos me abrazaron y me preguntaron cómo estaba. Después sacaron las mesas de la vereda por un tiempo y ahora las ponen debajo del balcón.

—Cuando se difundió el video de lo que pasó, ¿qué te generó verlo?

—Después de todo esto, incluida la semana que estuviste internado, ¿sentís que cambió tu forma de ver la vida?

—¿Y dejaste o pensaste en dejar?

Fuente: telam

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