29/01/2026
De Montevideo a la Patagonia, pasando por Barcelona
Fuente: telam
La viscosa mugre del antisemitismo siempre empieza con la letra pequeña
>Todo empieza con pequeños gestos, quizás una pintada casual en una casa de Barcelona, un grito en una manifestación en Montevideo, una noticia falsa en la Patagonia, un adjetivo hiriente en una conversación, una murga en un carnaval... Nada es demasiado grueso, demasiado grande, demasiado horrible, son pequeños trazos aislados, desperdigados en el muro, sin conexión aparente, y sin embargo, al tomar distancia, son un auténtico mural del odio. Es la viscosa mugre del antisemitismo que siempre empieza con la letra pequeña, un simple acento en la gramática cotidiana, una peca en la piel. Y así, naturalizado, deja de ser extraño, ya se sabe..., los judíos..., lo normal.
Pongamos la lupa en algún rincón del mural. Por ejemplo, una murga en el jocoso carnaval de Montevideo. Se presentan regios, Doña Bastarda, es su nombre, murga exitosa que ha ganado otros carnavales. Sus letras integradas en el pensamiento de izquierdas, comprometidos con las causas ad hoc, ferozmente críticos con Israel. “¡Chocolate por la noticia!”, exclama la editorial de El País de Uruguay, y continúa: “Seguramente a nadie se le habría ocurrido que el letrista de una murga, que es la quintaesencia del pensamiento de la izquierda urbana pretenciosa e ignorante, era crítica con Israel”. Pues eso, que querían criticar a Israel y por el camino, como si pasaran por ahí, les da por hablar del jabón. Dice el final del simpático cuplé, cuyo título, “Patria o tumba”, es toda una declaración: “Y a los que me llamen nazi/ sin tregua y sin compasión/ los encierro en una jaula/ y los convierto en jabón”. Y a divertirse, que es carnaval...
Y mientras en el paisito canten cuplés, en Argentina retornan viejos conocidos. Quema la Patagonia y un ciudadano de bien descubre a los culpables: son los israelíes que están prendiendo fuego, y el repugnante libelo antisemita del “Plan Andina” que se inventaron los hijos de Adolf Eichmann en los 60 (según el cual hay un plan judío para quedarse la Patagonia) encuentra recorrido en las redes, en los micrófonos, en la X de un general, en voces políticas, en el verbo encendido de alguna periodista. Es delirante, es patraña de infinita imbecilidad, es..., pero el libelo consigue su espacio, gana su tiempo, nutrido por la tierra fértil del antisemitismo de siempre. Mientras tanto, se amontonan las denuncias por antisemitismo, pintadas, insultos, agresiones, y en el congreso de la república, los diputados argentinos de la izquierda irredenta juran por Palestina, que, como todo el mundo sabe, se ubica en la Patagonia.
No, no hay excusa. Que no nos vengan diciendo que es solo crítica, que no tiene nada que ver con los judíos, que el conflicto, los palestinos, que... Pero entonces, “jabón”, “Patagonia”, “tumbas”... Ni arte, ni crítica, ni política. Es puro antisemitismo, es odio, es normalización del estigma, es real, es creciente y los culpables tienen nombre y apellidos. En el pasado fueron los católicos, la Inquisición, los progroms, los nazis, los fascistas, hoy los principales agentes del odio provienen de los discursos de izquierdas. Lo niegan, lo desprecian, lo esconden, pero son ellos los que alimentan al monstruo.
Web: https://pilarrahola.com
Fuente: telam
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